RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

miércoles, 29 de julio de 2009

DAMA DE NOCHE

A ti dama de noche, a tu casita de muñecas y duendes, a ti te escribo. Siempre la mala del cuento, ese mal sueño que desborda la pesadilla, tan parca en palabras; a ti que llevo esperándote toda la vida. Son tantas las hojas en que nombré tu cestillo de esparto, los folios que en tinta y carbón perseguían tu promesa de amor eterno... Las noches en que imaginé besar tus labios fríos como témpanos, en que corrieron mis manos tras el tacto de tu henchida blusa de seda blanca, de lirios envejecidos...

Me obsesionaba tu presencia y apaciguaba tu ausencia, como a cualquier humano que de tu existencia supiese; como un maldito recoveco inconexo en mi memoria, en el que una vez tras otra volvía yo a caer con cada luna serena como atrapa la telaraña al curioso mosquito. Zozobraron primaveras, Marzeó incluso Mayo, volaron los Otoños y ni rastro de tu mágico y enigmático talle, del hechizo que la mera pronunciación de tu nombre causa, volatilizado entre el gentío informe que arrasa nuestra ciudad. ¿Dónde caminaban tus pasos entonces?. ¿En brazos de quién volviste a sembrar tu semilla del embuste? Odiaste tanto siempre a la vida que de ti se enamoró.

Tú, que jamás supiste de varones ni hembras, de países ni barrios, de los años que se nos van pegando a la piel. Tú, maldita seas carcelera, que creciste conmigo y mis portales de Belén, ahí agazapada en cada paseo, tras cada lluvia, entre mis callejuelas de rodillas desolladas, bajo mi cama y sus secretos de alcoba; siempre igual de joven, siempre igual de vieja.

Infame, perversa y miserable viniste por fin a visitarme esa mañana preludio de mi cumpleaños, luego de mi rey Baltasar. A plena luz del día, sin que la noche arropase tu macabra valentía, con la mirada vacía, firme y absoluta como el ojo de un huracán; insensible e inhumana como arrasa la marea nuestras huellas.

Tan paciente, gélida y absurda como para arrebatarme lo único sagrado de mi mundo. Lo que como tantas otras veces anhelaste en tus enfermizos achares. Más apenas olí tu perfume de tierra y ceniza húmeda volviste a partir dejando entreabierto y destrozado el balcón de mi alma en carne viva, tiritando, con este quemazón de por vida, con esta herida intratable en las madrugadas de mi cuarto, ahora que ya saciada de venganza jamás necesitaras otro amante al que engañar y llevar por siempre contigo, porque sólo querías al mejor y tú nunca pierdes. Tú, que guardas la llave de los celos más dementes y universales sobre la faz de mi tierra, ahora yerma por tu capricho de ansia y egoísmo. Jamás perdonaré tu osadía y lo sabes, ahora que cada noche me obligo a olvidarte sin apenas lograrlo de lejos, tú tampoco volverás a dormir tranquila.



La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida.

3 comentarios:

  1. Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.

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  2. Estremecedor, se me eriza el vello, se me vuelca el alma y tirito..., tirito recordando todas las noches en las que yo tampoco pude dormir tranquila.

    Yo tampoco la perdonaré en mi vida, ni en mi muerte...

    Un besazo muy fuerte.

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  3. Ufff... Aquí me abstengo, que me precipito cuesta abajo. Un beso

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