RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

jueves, 25 de diciembre de 2014

ESTRELLAS

"El querer lo es todo en la vida. Si queréis ser felices lo seréis. Es la voluntad la que transporta las montañas".

Alfred Victor de Vigny (1797-1863) Escritor francés.


No quiero estar cuando no estés. No quiero permanecer en mí ni un sólo minuto más si no puedo oírte, si no puedo arrancarle de raíz otra hoja al calendario de esas noches a tu lado.

No quiero ser sin tu ser, no puedo estar donde no estés... necesito saberte ahí para no dejar de escribir nunca. No quiero deambularle pasos al mundo si no eres tú quien me hace desandarlo, no quiero transitar la vida como aquél que se traslada de día, de mes o año si no vas a pedirme que te descuelgue otra estrella; que logre encajarte la luna entre las palmas de las manos.

Yo no quiero esperar el mañana porque en tu espalda hay abrazos que paran los relojes, porque no quiero cargar ya con nada que no me sepa a ti. No estoy dispuesto a callar, a disimular que estoy bien cuando hay vacíos que no se llenan con nada. Nunca. Jamás. No quiero saber dónde se guardan las apariencias porque eres lo más lejos que he estado nunca de mí mismo, porque renunciar a todo también es una elección y ya no quiero nada; ya no necesito absolutamente nada porque te tengo y con eso, me sobra el universo.

No quiero estar donde me faltas porque somos un modo irrepetible de interpretar el mundo y a tu lado siempre hay ratos que duran más de una vida. No puedo perderte porque los atardeceres son tristes de nacimiento sin tu sonrisa; porque uno no puede reclamar lo que nunca le ha pertenecido, a menos que un guiño tuyo le abanique el alma.

No quiero vivir sin ti porque el día que la vida te inventó nacieron todas las flores... y yo estuve ahí para verlo.

jueves, 23 de octubre de 2014

LA MELODÍA DEL ALMA


"Quienes pueden, pueden porque piensan que pueden". (Virgilio)


La música es el único cielo que nunca me ha dejado caer. Nunca.

Desde que tengo uso de razón, he ido por la música escuchando la vida. A los 10 añitos le pedí un balón a los Reyes Magos y me pusieron una guitarra enorme recien barnizada en las manos. Siempre me encantó que nuestro amor fuese sólo cuestión de pura magia, sin intencionalidad alguna, dando rienda suelta al destino. Casi 23 años después, la aprieto fuerte contra el pecho y seguimos latiendo tan juntos como el primer día.

Mi padre, faro de mi vida, siempre me alumbró desde dentro con la cegadora luz de los que nacen, crecen y se marchan de esta vida siendo libres y felices con la humildad cosida al corazón. Él me enseñó todo cuanto sé, soy y seré. Desde pequeño, me inculcó que dormir sin soñar es de cobardes. Por eso me acostumbré a soñar día y noche, sin excepción, que algún día sería capaz de dar vida a una canción. Algo tan simple, tan sencillo y a la vez inmenso floreció en mi cuando comprendí que el silencio estaba lleno de palabras que se lleva el viento; melodías que nadie recoge y el mundo las deja pasar de largo como si acaso no fuese una tragedia dejarlas morir.

Así, tras 11 años navegando con mis compañeros a lo largo y ancho de casi 700 escenarios, hoy me detengo en un recodo del camino, echo la vista atrás y sigue resultándome increíble que este puño, tinta y corazón lograse parir a sus propias hijas, las cuales se han ido haciendo mayores a la par que más y más hermosas a ojos de su orgulloso padre. Hijas con nombre de canción como Nudo Marinero, A tu Lado, Trece, A los Pies de la Luna, Cuatro Vientos, Pa mi Rumba, Noches de Luna y Candil, El Tanguillo, Sin tu Lumbre, Malayerba o Señales de Humo son pedacitos de mi alma; momentos imborrables de una vida que plasmé en folios emborronados a cambio de nada, encerrado en la soledad de mi cuarto a lomos de una guitarra, con el único y sincero objetivo de hacer feliz a todo el que las quisiera hacer suyas.

Hoy me quedo con esos ratos que duran toda una vida; con la infinita belleza de quien teniendo poco, entrega hasta la nada que le queda. Para mi, las mejores cosas de la vida nunca han sido cosas, ha sido música. La música, el pellizco encerrado en las notas de mis sobrinas Villancicos en Mayo, Delincuentes y Poetas, De Orilla a Orilla, Qué te Daría Yo, Sabor de Rumba, Di que Sí, Ya Estamos Aquí, Mineápolis, Llévate mi Corazón o Vivo del Aire. Melodías y acordes que crecieron y nacieron de estas manos; que florecieron sobre estas mismas seis cuerdas de siempre para posarse luego en los oídos del universo y darle vida al silencio de la nada.

Hoy, más viejo y sabio, he comprendido por fin que a veces herimos mucho más con el escudo que con la lanza. Que hay personas que trenzan las palabras como si no dolieran, pero saben cuánto duelen. He descubierto que hay un millón de razones para seguir perdiendo la razón y que tratar de sostener la arena, jamás podrá detener el tiempo.

He aprendido que lo que no nos rompe, nos afila y sobre todo, me han enseñado que lo triste en esta vida no es tocar fondo, sino techo. Ojalá el lugar en el que dicen que termina poniéndonos el tiempo sea al lado de alguien que se quede esperándonos aunque lleguemos tarde. Yo, de momento, sigo convencido de que las mejores vistas se tienen al lado de las personas que, al verte las cicatrices, sonríen y se acercan un poco más.

Escribir a corazón abierto no te hace vulnerable, te hace verdadero; por eso hoy, con la misma guitarra, la misma libreta, la misma ilusión y el mismo lápiz de siempre, miro al puñado de nuevas canciones que he parido estos últimos meses y, como buen padre, estoy deseando llevarlas a pasear al parque porque las he querido, quiero y querré tanto como a sus hermanas mayores.

miércoles, 16 de julio de 2014

AMISTAD




"Nuestra amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo".


Richard Bach (1936) Escritor y aviador estadounidense.






Tengo amigos que lo son, tengo amigos que lo fueron. Tengo amigos que ahora son, tengo amigos que se fueron.

Tengo amigos que bucean en el mar de mis recuerdos y jamás me recordaron, tengo amigos que no olvidan si el olvido está a mi lado. Tengo amigos hermanos y un hermano que es mi amigo, tengo amigos que en su abrazo tornan llano el precipicio. Tengo amigos que caminan con mis pies bajo sus huellas, tengo amigos que murieron en labios de su doncella.

Tengo amigos que me enseñan la humildad de ser valiente, tengo amigos que desnudan su verdad ante la gente. Tengo amigos en el bar sosteniéndome otra luna, tengo amigos que no cambian mi palabra por ninguna. Tengo amigos de una noche, amigos de otra vida, amigos que dan fe de mi esperanza más perdida. Tengo amigos por bandera soñando mis melodías, tengo amigos que acompasan mi guitarra en cada esquina.

Tengo amigos que me extrañan y extraños que son amigos, tengo amigos que en diluvios siempre se mojan conmigo. Tengo amigos que me enseñan la verdad de una mentira, tengo amigos que hacen fuerte al caminante que camina. Tengo amigos que comparten su tristeza que es la mía, tengo amigos que miran de frente siempre a la vida.

Tengo amigos que aparecen en el instante oportuno, tengo amigos que están lejos y más cerca que ninguno.


viernes, 11 de julio de 2014

LA DERIVA DEL TIEMPO


"Tu eternidad es ahora, porque luego no habrá tiempo para nada"


Luis Cernuda (1902-1963) Poeta español.



El tiempo, ese espacio entre nuestros recuerdos.

El tiempo, ese vacío intangible que acabará por matarnos a todos, barriéndonos de la faz del mundo, arrastrándonos a ese pozo donde no habrá ya que guardar apariencias, ni llorar más pérdidas. Ese que hace del hijo padre y del padre abuelo, del árbol ceniza y del amor un soplo de aliento inmortal en las fauces del abismo.

La primavera nunca tiene noches tristes. Si acaso, cortas. Un puñado de horas que se diluyen en segundos al abrigo de un beso eterno es el mismo tiempo que transcurre intentando rescatar lo irrecuperable de una despedida entre dos bocas en un pañuelo de estación, pero jamás dura lo mismo. La edad de nuestra propia existencia hace noche en el hotel del olvido, hasta que una mañana despertamos con el arañazo de una juvetud que se nos ha escapado sin percatarnos, para siempre, sin apenas percibirlo más que en rostros amigos desvirtuados a dentelladas de años. Una arruga es el disfraz del tiempo, la huella imborrable que dejan esos trenes que nunca cogimos.

Aferrados a la costumbre de creer en él, debemos despertar antes de que sea demasiado tarde. Hay que mantenerse en el ahora porque el presente es la única verdad a la que podemos agarrarnos con absoluta certeza. Arrojarse a un pasado insostenible para tratar de reconquistar la nada es como cazar recuerdos enjaulados en pompas de jabón. Aprovecha. Aún hay charcos en las aceras. Mira las estrellas, siéntete nada en la inmensidad del cosmos. Duérmete en las nubes o canta a voz en grito, como un loco en plena calle, pero vive hasta que duela. No existas sin más, no seas. Vive a tumba abierta y destierra los relojes. Fusila esa sensatez que te ata al cumplimiento de dormir junto al rebaño... Estás a tiempo de morder tu sueño o perderlo en la prudencia de ser siempre como el resto. Descarrila tu vida ahora que todo está en tu mano, hoy que nada aún nos derrapa demasiado tarde.

Nos pasamos la vida buscándonos como si sostener la arena pudiera detener el tiempo, en busca de ese algo que jamás llega, pero la vida es implacable; tan maravillosamente despiadada que has de saber vivirla no como una más, sino como la irrepetible aventura que acaricia tu universo con las manos del destino.

miércoles, 2 de julio de 2014

HECHIZO



"Todo amante es un soldado en guerra".

Ovidio (43 AC-17) Poeta latino.



Porque debían olvidarse se querían. Porque habían de relegarse al olvido, expulsarse de sí antes de que les estallara el presente desbocado en plena boca del otro se amaban, de un modo sumiso, sin hueco a la fuga.

Porque todo ya era nada, en ese preciso instante en que se extrañaban en la sombra, callándolo de por vida. Mendigando los latidos se ansiaban, en plena oscuridad, de un modo lento, con la codicia devorando sus anhelos y el pecho cerrado de par en par. Se amaban con la fuerza del oleaje encabritado, con esa furia que a dentelladas de viento rebosa la piel del mar y lo torna marea al lamer las orillas.

Se querían en lo imposible de quererse, de tenerse y no soltarse ya en esta vida ni en otra. Necesitaban saberse aún en la vida del otro, sin preguntas, bajo el disfraz de la indolencia... de esa tibieza en que basaban aquel modo de adorarse en silencio hasta el fin de los días. Sin una palabra, un puente que saldase aquella deuda atroz de saberse correspondidos a pesar del tiempo, de los años desgastados en otros brazos vacíos. Querían gritarse, escupirse los silencios que explotaban cuando miraban juntos la luna sin avisarse, sabiendo no saberlo, deflagrando el aire cuando sus párpados se rozaban en otra mirada esquiva. Dos corazones ocultos a cal y canto, enjaulados allá, en el más alto torreón del alma, luchando contra sí para entregarse al fin al olvido del olvido.

Porque debían negarse se buscaban, en un descuido del azar que volviese a cruzar sus pasos en el mundo. Se precisaban en el azabache de esas madrugadas que trepaban por aquella calle donde una vez fueron valientes, en la locura de haber venido a esta vida a esperar al otro. Debían desconocerse pero ya era tarde, desatenderse para deshacer por fin aquel hechizo que los ataba en la nada... pero no se puede agarrar la vida. Se escapa entre los dedos del amor y se aferra a una canción, una plaza o al turquesa de otra tarde. Habían nacido para aplazarse, para demorarse el encuentro.

Existían a medias, apenas sí se hallaban vivos. No estaban aquí, tan sólo compartían planeta, respirando por inercia. No eran, sin más, porque desde aquel todo... ya todo siempre fue casi.

lunes, 30 de junio de 2014

PÓLVORA MOJADA


"Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es".

Fréderic Chopin (1810-1849) Pianista y compositor polaco.


Hay gente que nunca vuelve. Personas que están entre nosotros pero nunca vuelven, jamás regresan a sí mismas. Ni siquiera son conscientes de su partida pero se van, zarpan de sus almas sin despedirse del presente, por eso es tan difícil acatarlo.

Ella marchó de él sin más, como nunca debió ser, como nada ni nadie pudo jamás llegar a sospechar, ni tan siquiera ella. Lo hizo de puntillas, una mañana cualquiera de cualquier semana, sin presagiar el desamor que galopaba sus adentros. Desapareció de él sin más, como esa flor tan bella que nace y muere en el rincón más olvidado sin que nadie sepa jamás de su existencia. Así se apagó de un plumazo aquella luz que anegaba antes a borbotones de amor sus vidas, sin renglón para la culpa ni ladrón de guante blanco que robase sus miradas.

Y quebraron sus labios amurallados ante tanto silencio, ante el suicidio de aquellos parques que ya no acudían a llamarlos. Y sudaron pólvora mojada entonces, cuando aún tenían un corazón a medio romper bajo las sábanas... Y no hubo ya nada en este mundo que pudiera rescatarlos, devolverlos a aquel pasado en que aún rimaban cada vuelo.

Hay personas que nunca retornan, que ni siquiera reaparecen; que saltan de órbita y caen al pozo de su ser dejando hueco ese universo que hoy se agrieta a años luz de sostenerse entre sus brazos, en las antípodas de esa razón que los anclaba a la vida. Existen demasiados corazones que un día dejan de latir sin más, que mueren de golpe en plenitud, sin fraude ni estafa. Amores olvidados que jamás tuvieron la oportunidad de matar sus desilusiones a golpe de olvido porque, simplemente, nunca encontraron la raíz de su vacío.