RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

lunes, 12 de octubre de 2009

PRELUDIO

Hoy no es un día con pretensiones de mejora, simplemente escribo para soltar amarras. Porque no hubo hoy más que ayer (quizá sí), porque tampoco ayer hubo más que el día anterior; pero el otoño comienza su anual pretensión de hojas en el corredor de la muerte de una manera extraña. No suma fuerzas para lograr desprenderse del abigarrado sol estival, colgado aún del techo del mundo, ni parece importarle.

Está como adormecido este otoño ante la calima que continua barriendo las calles de Badajoz, entumecido ante la caravana de cubitos y palas que volverán a acumular polvo en el trastero un año más a la espera de consumir otra nueva primavera. Es tiempo de calma, de tumultos en las avenidas y niños en el cole. De abuelitos en los parques y relojes mañaneros; pero mis chanclas tienen miedo. Pobres chanclas mías de salitre acumulado y arena en el costado, se ve venir la desgracia por más que yo me empeñe en cerrar el armario a la retaila de pulimentadas zapatillas y pantalones largos. Un presagio de lamentos me muerden los pies a estas horas de la tarde; noto como imploran compasión e inspiran lástima como el preludio de lágrima que nunca queremos ver en el pavo de nochebuena. Malditos sean los calcetines que perfuman de suavizante mi habitación al abrir la cajonera, qué piedad van ellos a mostrarle a mis chanclitas de tira fina deshilachada si se mueren por la contundencia de la piel de las botas.

Sigue girando todo, como si nada. Deshago la maleta, preparo la lavadora y me sumerjo en una reconfortante y plácida ducha. Supongo que ahora saldré a dar mi paseo en bici. Ahí afuera sopla el viento, nieto del levante, y las mentes siguen buscando la lucidez perdida en los chiringuitos. Huele a resaca de sangría, tortilla y libertades caducas. Vuelve el rebaño al redil de la oficina, al chiquero de días cortos y su establo de rutinas; al automatismo que nos canjean a fin de mes por un puñado de malditos billetes arrugados... Lloraba triste la flor al cielo del amanecer porque había perdido su gotita de rocío, sin saber que éste había perdido todas sus estrellas.

3 comentarios:

  1. Pobre otoño... qué difícil tiene conquistarnos tras los méritos que hizo el verano.

    Y pobres nosotros que olvidamos nuestra infinita capacidad de convertir simples momentos en MOMENTOS, sea sobre la toalla bajo el sol de agosto, o sobre unas catiuscas pisando charcos cualquier tarde lluviosa que, por muy gris que sea, se puede llenar de colores.

    Y si no que se lo digan al arco iris...

    ResponderEliminar
  2. Buen relato.

    Será un placer escuchar tus temas.

    ResponderEliminar
  3. Siguiendo la línea que conduce al infierno.


    Felinamente.

    ResponderEliminar