RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

lunes, 9 de enero de 2012

LA SONRISA DEL AIRE

"No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos".

Bernhardt Escritor alemán.



Ella sabía reír. Reír y lo había perdido todo. Sabía reír y hacer de su risa el remedio para cualquier quebranto.

Ella reía y no más él se tornaba inmortal, tan imperecedero como los besos que dormitaban en el filo de sus bocas. Sabía reír lo suficiente como para obligarle a amar su persona de por vida cuando la veía pasar con su canasto de esparto atestado de flores secas. Lo bastante como para temer el ansia de deberse a su sonrisa bella, linda como la luna licuada en el mar de sus pupilas.

Sabía reír sin motivo alguno, justo cuando menos lo sospechaba el par de labios que cercaba su boca. Reía por todo sin causa, como hacen los niños que pueblan el mundo de columpios y hadas. Lo hacía bajo la lluvia, enjuagando su desdicha a insolentes carcajadas y no le quedaba nada, nada excepto él y aquella forma de quererla en silencio... Era miserable, tanto como para no serlo nunca más ahora que la vida la había encanecido a deshora, ahora que un milagro le había conservado un corazón de adolescente. Estaba tan maravillosamente llena de zozobra, de pesadumbre inusitada que reía hasta vaciarse de pena. Era tan bella... tan frágil en medio de aquel mundo restallante de costuras que decidió encajarse el milagro de la felicidad entre ambas comisuras.

Y la amaba. Él la amaba y era tan pobre su amor que decidió ofrecerle el mundo de un modo cristalino, sin hueco a la duda, para que ella supiera por siempre que nunca más podría ocultarlo. Durante el día él hablaba de ella consigo mismo, por la noche hacía lo imposible por soñarla... La mañana del mundo caminó lento hacia su sombra, inquieto en la certeza de ganarla o perderla por siempre en aquel intento. Él observó agrandarse su figura a cada paso mientras ella embellecía un clavel. Por fin estaba ahí, apenas el tropel de gente desbordando la plaza y ella, siempre ella, justo a dos pasos del cielo. Apretó los puños, respiró hondo y posó el último aliento en su hombro de alondra. Ella pausada giró la mirada hasta estrellarla de lleno en la suya.

Él venturoso le ofreció una manzana... Ella sonrió.

9 comentarios:

  1. Precioso no tengo palabras, sabes me recuerda a mi a mi forma de reir "Sabía reír sin motivo alguno, justo cuando menos lo sospechaba el par de labios que cercaba su boca" te animo a que sigas una pasada de verdad y si se besa antes con los ojos que con los labios ;-)

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  2. muy bueno es un placer el leer cosas asi besos y que todo te fluya asi de lindo .

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  3. Cerrar los ojos ante el desatino de besar a quien amas sin necesitar de la vista para saber quien es...
    Amar y cerrar los ojos... un sueño... una utopía... quizás...
    Gracias mi señor Miguel.

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  4. Hace poco que leo lo que escribes y tengo que decir que me encanta. Precioso!

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  5. haces que me sienta protagonista sin serlo,
    haces que tus letras sean mías sin serlo
    qué maravilla, mis felicitaciones por llegar
    tan a dentro...

    Un beso enorme!! con cariño artista!!

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  6. Precioso!!todo lo que escribes , todo...

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  7. Increible, simplemente increible.
    Gracias por compartir cosas así con nosotros compañero.

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  8. pero que gran maravilla pasar por tu blog querido amigo!!Un suspiro lo tuyo....Un beso y felicidad para éste año !! :D

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