RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

ALIADOS

"No existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados".

Achile Tournier (1847-1906) Escritor francés



Dos amantes aman solos, en su noria de tabaco y ron. A ratos lentos, en la profundidad de una tarde azul, como esta en que se duelen de nuevo en ese par en que no son, en el uno en que conviven.

Dos amantes se susurran en la nada y él le acuna la mirada, con el mimo enternecido de la niña de sus ojos. Ella linda lo despoja de vida a versos junto a un patio de naranjos, bajo un son de caracolas. Al vaivén de un viento fresco que les sabe a madrugada, a aquella ropa encendida sobre hogueras de cuero, bajo aquellos desconcertantes ojos de gata.

Ella lo piensa y él se ilusiona al soñarla en una canción de esquina, inmortal como el recuerdo de un portal devorado a ganas de ganar de nuevo todo aquello que perdieron una noche de verano. Él la acuna y ella se muere por barrerle el legalismo, ese afecto de aliados. Por morderlo a insensatez, por mudarse de planeta de su mano como siempre; como mueren las mañanas del mundo sin tenerse en otros brazos. Con el cumplimiento y la regularidad de siempre, uniformes en la nada del afecto, del leal querido en vida que te aguarda hasta la muerte... permanecían vivos. Respiraban aún, pacientes, a sabiendas de quererse sin remedio para siempre. Respiraban por la sola certeza, por esa imperiosa necesidad de inagotarse las horas que algún día los arrancarían del mundo.

Como chiquillos eternos en el pacto de adorarse, de recordarse cualquier noche al contemplar la luna, como anzuelos que se buscan en lo inmenso del abismo, sin las manos, sin la lengua, más allá del suelo en que se esquivan... se adoraron en el acecho, hasta el confín de lo tardío. En la espera prorrogada, como si demorar la vida fuera acaso a salvarlos de la muerte.

Dos amantes van muriendo en su pacto, paulatinos, sin saber que van muriendo. Como tú. Como yo. Graduales, agónicos en la llama que les peca la boca a la espera de un rescate legendario, tan absurdo como maravilla la utopía de aguardarlo cada día.

ESCAPAR DE UNO MISMO


"Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor".

Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.





Donde ya no la tuvo se sostenían sus noches, engarzadas con el fino hilo de un recuerdo en que eran uno, ningún destino para cien mañanas sonreídas.

Se le encanecían las horas apoyadas en su orilla, en ese amar cotidiano que se profesaban ahora en otros, quizá tan eterno como aquel que ayer les poblaba las manos, apenas un siglo allende esos labios que lo amaron sin condiciones...

Donde ya no la supo suya siguió averiguándole un fleco a su estima, a la espera de nada, al acecho de todo. Un soplo de interés vacuo al abismo que los separaría para siempre. Sin resignarse a saberse podrido se aferraba a esas migajas de dudas que ella jamás le regalaba, por si tuviera remedio el abandono de sentirse algo más viejo, por si llegara ese instante en que lo echara de menos de nuevo, como tan antaño siempre hiciera.

Al olvido del olvido fue acechándole la vida, de ese modo tan cobarde de no decirse que no; de puntillas a esa vida confinada a otra ventura tan lejos de su boca. Como si acaso quisiera en el fondo quererla de nuevo, no seguir mirándola de reojo en las pupilas que lo aguardaban en casa... Quererla, en busca de nada, del aroma a cariño lejano, a esas ganas tan perdidas de querer morder la vida.

Y con el pesar del que escapa de sí mismo cuando ya es demasiado tarde, dejó entreabierta la puerta al destierro ya pasado, aguardando a las golondrinas que les sobrevolaban en el parque, no a sus labios; sólo a aquel sentir tan colosalmente puro que sólo por vivido no se vuelve a repetir.

EL IDIOMA DE LAS FLORES

"Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".

Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.




Se ha desbordado la madrugada en los jardines, el aire sabe a dos bocas... ha estallado la primavera.

Llegó la primavera escupiendo nieves, con resaca de marzos y nostalgia de abriles. Entró rodando por mi escalera con los labios henchidos de flores, con su cielo impoluto de blancas banderas y aves coquetas que enfilan la mar.

Llegó el amor a los trigales y el pecado a su lenguaje de dos manos para un credo, de sospecha y fiel amante al cobijo de la luna. Llegó y parió un acorde esta guitarra, como si por unas horas fuera a ser mejor la vida...

Llegó y volvieron las heridas a curar de guerra, y una estufa muere de olvido en soledad. Y danzan los besos entre fieras devoradas, tenaces en la lucha de cuerpos, suicidas del vacío ombligo abajo. Llegó la primavera y el idioma de las flores nos embriaga sin saberlo, con los pies descalzos y el corazón vulnerable a la belleza de limoneros y patios, de un espejo en la laguna, del latido y sus modales.

No sé después, pero hay vida antes de la muerte.

LA GARGANTA DEL MAR

"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha".

Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

Sobre la piel del mar caminaban las sombras, los sueños de nadie hacia la nada.

Sobre el estruendo de la noche calma, arrasando los labios del villano, el alma de algún héroe... De entre las bambalinas del aire, justo en el rugir de la garganta del mar, como si apenas hubiera justicia en la esencia de estar vivo, de morirse en los adentros, nació la nada.

Prendió la llama y tiritó la tierra desde las entrañas, como si quisiera sacudirse el peso de un tiempo caduco, desgastado de miedos y fortunas desventuradas. Como si algo viniera a recordarnos de nuevo nuestro lugar en el mundo, nuestro proceder incauto y doliente, nuestra posición de lirios a merced de todo.

Como si amar fuera algo en vano, como si hubiera en el derecho a réplica un sentido mismo, a la súplica más allá del mismo Dios que otros comparten. De lo impune del desastre al discreto balanceo de un ave, ahora que en el abismo ya nadie se detendrá a cantar, a mirarse en el destierro, a rescatar del olvido inmediato un amarse entre novios; un "Disculpe, lleva mi corazón en la suela de su zapato..." quiero gritarme letras, quiero callar de dolor.

A veces, sólo a veces, uno descubre que hay rincones donde lloran las gaviotas, y es ahí donde el mundo le parece tan mundo a esta voz, que silencia sus palabras.

11 de Marzo del 2011. Solidaridad con el pueblo de Japón.

LOS OJOS DE NADIE

"El hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer".

Antonio Machado 1875-1939 Poeta y prosista español




Yo te busco amor en la boca de nadie, como ama el poeta la palabra cierta, hábil en el trapecio del renglón, diestro en el verso que silencian tus andares... Como el leve surco de aire que divide nuestros cuerpos yo te amo.

En los ojos de nadie yo te miro amor, al destierro de un mirar en vano, allá donde mintieron las mentiras de un bolero y se desploman madrugadas de humo y carmín. Desde el vicio que tornaste amanecer a esta voz de un solo bando yo te adoro, como adoran las heridas serle faro a cada vida. Feliz por cantarte a los pies de la luna, allá en lo limpio de extrañarnos las manos, de enseñarnos gradual el alma en un lento proceder de días, sucesivo y creciente como un campo de amapolas en los besos de nadie, hasta restallarle todas las primaveras al mundo.

Ahí, en la muerte de la sucia duda danza el dios verdadero que todos buscan, en la sed que al fin calma de por vida bajo el alma descalza, ahora que sonrío por saberle el tú a mi yo en nosotros, como si nadie pudiese ya morir en un día tan bello...

De la mano de nadie te camino la espera amor, ahora que tu ausencia me cabe en el pecho, firme en la promesa de doblarle la sombra a la luz de mis mañanas. Ahí, justo en ese viento que te anida la ropa quiero encontrarme de por vida en nadie más que tú.

SOBRE LA ARENA

"Hay pecados cuya fascinación está más en el recuerdo que en la comisión de ellos".

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.



Derrapaba el aire cálido sobre el cascarón de nuez que mecía las barquillas. Frágiles espigas lentas, apenas gotas del paraje cristalino que los encumbraba. Sombras no más, acunadas sobre el trapecio curvo de un horizonte en que anclarse, para siempre, sin saberse aún suyos en lo eterno.

Premiosos, ingrávidos afilaban el último cigarrillo como la tarde a su bocanada de nubes añiles, engalanadas de turquesa a caladas de un Sol que se descolgaba para dejarlos ahí por siempre, inamovibles en el plasmar de su recuerdo, justo en la grandeza juvenil que los empinaba. Fijos en lo perpetuo de la brisa, del lamer de las orillas; involuntarios y perennes a merced de un universo rendido a sus pasiones.

Y se mordieron las bocas que más tarde escupirían, y no hubo piedad para el miedo a perderse, para un asomo de duda... Exiliados a la piel del otro se derramaron el alma ante la luna sin saberse irrepetible la emoción de aquel momento.

Y él la miró de frente y supo suyas las mareas, pero olvidó olvidarle un mañana en que desconocerse, en que despistarle las nostalgias a un pasado ya pasado, inimitable en otros ojos aun próximos a aquellos tan interminables... Y ella quiso querer tanto que murió en la inmensidad del cielo inmenso, en la holgura del recuerdo holgado... En la eternidad de un beso eternamente eterno sobre la arena.

Y fondeó a esa noche cada mano venidera, cada paso sin su estela, como mueren las alondras de abandono por temerse moribundas al saber del vuelo alzado.

EL OMBLIGO DE LA LUNA

"La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas".

Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.


La amistad nos salva amigo mío, como amuleto en que hallar auxilio por encima de hechos, de acciones y sucesos.

Así, fraguada lenta a la llama de la historia que fuimos desmembrando, que nos vamos redactando a carboncillo en un rincón de la memoria, justo detrás de las miradas... Ahí me siento a esperarte, como siempre en nuestro escalón, anhelando el reencuentro.

Porque así guarece en mis días tu sombra la distancia, fuerte en la grandeza de sabernos uno a pesar del mundo, de lo profundo de los mares al ombligo de la luna. Porque un corazón honrado es tan tenaz como afilado, leal a los pasos que nos guarde el camino. Porque tan sólida simpleza nos hizo gigantes, como dos gotas de agua en la inmensidad del oleaje, robustas frente al tiempo y el vals de los viandantes.

Sabernos fieles en lo honesto del idioma compartido, en lo noble del abrazo reflejo... ¿Es que acaso puede haber algo más grande? El apego verdadero no se merca con dinero, está enraizado a los sueños que se rozan con la punta de los dedos, esos que valen la fortuna de tenernos.

La amistad huye de galones, acierta el presagio y recela de compadres para sabia prender de viento las alas del hermano. Tan cierta es mi dicha callada como sincera la suerte de haberte encontrado para cubrirme la espalda, para bebernos las faldas y en los vendavales de la vida, con el latido hecho astillas, sabernos siempre el otro.

Un amigo escupe orgullo a los dioses por saberse tal, con el instante sostenido que nos pende de la boca una sonrisa encajada entre los dientes.

APS

FRÁGILES

"El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad".

Marcel Proust (1871-1922) Escritor francés.


Con los ojos reposados en la piel del otro se aguardaban cautos el derrumbe, un estallido de desamor que les trocara de boca, esa bendita desventura del herido en la contienda que nunca les llegaba... Lograr el fin de amarse en la aversión de los terceros.

Sabían que se habían encontrado, que eran al fin, como si la prisa por hallarse en gestos se les hubiera pausado, dilatados hasta el próximo silencio en que morderse las miradas. Con el pecho de puntillas, compasivo en la cautela que disipa conjeturas. Agarrados al milagro de dolerse en carne ajena se buscaban en el otro, al destierro de la urgencia, sorteando las sospechas de un acecho progresivo.

Y se perseguían en la avalancha que les trepaba la nuca al cruzarse de nuevo, pintándole barreras de acuarela a ese conato de amistad desbordada a sueños, a vendavales de besos azotándoles la lengua al despedirse en otras manos, por ese miedo a equivocarse, por ese acierto insípido de esperar el primer paso. Y se aguardaban en la nada impuesta que incendiaba aquellos párpados, en el cariño prudente y las ansias por verse a cada instante. A sabiendas del mañana demorado en la retaguardia de la luna, bajo esa herida cotidiana que les callaba las certezas y escupía soledades.

Y se guardaban las distancias de quererse hasta el olvido mientras se les iba la vida en el recato, en la reserva del sendero en que juntarse ese día cualquiera que nunca les llegaba... En los poemas que impostores dan remite al desamparo de saberse siempre frágiles.

PECES DE CIUDAD

"Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar".

Paulo Coelho. Escritor brasileño.




Como hiende el aire tu mirada... Así cabalgan mis sueños a lomos de tu ser callado.

Llevo cien vidas ahogado en tu voz, agazapado a tu hermosura. Cien vidas y una tarde de invierno, como esta, como tantas que sin esta serían tiempo, sólo tiempo. Por eso me he empujado a este momento, a despeñarme en tus pupilas por este corazón errante.

¿Sabes? Ahora frente a ti parece tan sencillo decir te quiero; te miro en calma y resulta tan obvio que el universo pretenda tu boca... pero esto es mucho más que simple y puro amor. Esto crece aquí adentro, como el vals de la marea; como le brotan nostalgias a la calle de mi infancia, y no logro contenerlo ni un sólo segundo más. Es... es como hilvanarte el alma de terciopelo, así de henchido me lates cada latido.

¿Cómo hacerte ver...? ¿Cómo decirte que estoy en los suburbios de tu esmero niña, de tu prisa por saberme? Soy... Apenas sí soy un contorno a tus dominios, la oquedad de tus pisadas, y es tan terriblemente triste, tan miserablemente injusto...

Tú no lo sabes, pero necesitaba gritarte desde esta periferia de tus días cuanto siento la desazón de las petunias a tu estela en el jardín, los celos que le arrancaste a la luna cuando el sol te amarró el pelo con la sombra de un ciprés. Tenía que llorarte ese vacío en que me habito, las raspas de tu curiosidad, de tu desquiciante falta de apego... ¿Es que no hueles el desvarío en las nubes? Nadie lo hace, pero mira como mueren lentas cuando tú, solamente tú, vas a alzarles la vista ¿Lo ves? Caminas y se ensancha el parque niña, sólo quería decírtelo porque nadie hoy se ha parado a contemplarte y yo... Yo necesito que me sepas tuyo.

LOS VÉRTICES DEL TIEMPO

"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante".

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.




Por si marcho mañana guárdate mis formas, dile al cielo que destierre mi cruzada, vela mi memoria cuando todo esté perdido.

Dile al mundo que fue un placer morarlo, habitarle la lluvia en los portales, morir de infancia en callejones marineros. Cuéntale que este yo quiso ser poeta pero un rebaño de celos le trepó la boca, achares de una flor engalanada, del lunar de tu mejilla. Nárrale cómo cuidé a los míos, valiente sobre el vacío de la nada. A dentelladas, con la garganta podrida de escupirnos llantos.

Cuéntale que peiné las canas que nunca tuve con los amigos de siempre, esos que visitan a mi madre, los que sudan salitre y van siempre conmigo, enjaulados en las costillas. Detállale cómo perfilé de besos mil bares huecos de amor, cómo luego amé hasta acotarme el horizonte; hasta latirme dentro un campo entero de amapolas... Háblale de mis sueños despoblados a certezas, de esta nostalgia que levó el ancla a los vértices del tiempo.

Por si marcho al fin, miradme en la luna y guardad los besos del mañana; no olvideis atisbar el asombro en los ojos de este niño feliz. Gritad cómo regué de acordes mis venas hasta hacer del son veleta de mi alma, a orillas de la mar serena, a la sombra fresca de una encina... Libre como las palomas.

Sabréis que sólo fui ese amante de palabras, una hazaña en cada puerto, el pasado por llegar. Sabrás que sólo soy el olvido en el trapecio, una herida en tu paisaje, el espejo de esta sombra... del cristal con que la miras.

EL MALECÓN DE TUS OJOS

"Es raro, muy raro, que alguien caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla".

Concepción Arenal (1820-1893) Escritora y socióloga española.


Sabía que enfermaría de amor, que arrastraría su pena vagabunda hasta roerle la paciencia, hasta pudrirle el temple de por vida. Sabía de aquella tumba señalada de antemano, del abismo donde enterrarse hasta la lengua, sin espacio para las dudas... Por eso saltó.

Por eso se precipitó por dentro hasta morir de golpe en aquella boca, por la verdad irrebatible de un momento paladeado ante los dioses. Eso le bastaba, el arañazo en la panza de un cielo devorado a dentelladas. Le sobraba con matarse en su suicidio involuntario, mirarla como nunca había mirado, como ya nunca miraría. Le alcanzaba con un reloj de arena desangrándole la gloria de saberse infinito en ese instante.

Sabía que era fugaz, que se le iba en cada beso. Marchaba sin remedio a cada gota de sudor y se perdía en sus adentros. Y sabía que a su paso moriría en plena calle, desangrado de indiferencia en sus andares. Al recuerdo del paisaje perdido, del perfume a pecado, de aquel encuadre ajeno y su mirada sedienta; llorándole la juventud que se le escurre a la nostalgia... Por eso espoleó a la fiera que lo habitaba con una boca en estampida, con su presente a cara o cruz.

Y el universo acabaría ahí, justo tras la resaca de manos, en plena ruleta rusa del vicio, y ella marcharía perfecta, tan vacía de amor como sucios los pasos secos de él. Y jamás lo querría, y jamás siquiera lo recordaría... Pero habría sido suya. Por eso no dejó morir la luna sin reptarle la cintura, por sentirse suyo aquellos segundos de aliento caduco, de vuelo pasajero rasante de labios eternos en su memoria.

Advirtió la muerte recta, implacable tras el horizonte de caricias, justo cuando al preludio de batalla comenzó a extrañarla. Lo adivinó desde el rompeolas de sus párpados anegados, palpando la furia de los mares que atronaban el malecón de aquellos ojos... Por eso jamás dudó.

ABANICOS DE MIRADAS

"Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad".

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) Filósofo, físico y matemático alemán.


Te quiero por ser, por la suerte de poema que a mis ojos le regalas. Por ser sin más, sin apenas percibirlo, como si sólo hubieses venido a esta vida a vivir, no a que yo te amara.

Te quiero en la imprudencia de los labios, en lo casto de la lengua; en lo impúdico del beso. Te quiero a tumba abierta, con el pecho detenido en abanicos de miradas. Como ama el ciego a su esperanza, sin certidumbre ni promesa, sólo aferrado, anclado como el mar al oleaje... Así te necesito amor.

Por lo fresco de tu talle yo te quiero, por cubrirme el aguacero y florearme las mañanas, como si no pasara nada; como si acaso algún instante te hubiese merecido. Te quiero en la locura de querer querernos, en la voz que te resopla la garganta, esa que perezosa se me asoma a la boca hasta treparme el amor para endulzarme el cielo de la boca... Para zurcirme las velas del velero. Por colarte en mis abriles yo te quiero, al surcarte el aire y despeinarte el pelo.

Te quiero porque al fin no hay más, porque jamás tuve que decidir después de tanto caminarnos la búsqueda. Tras las esquirlas de los amores que tanto nos quisieron, que nunca nos amaron, te quiero. Por el pacto lacrado aquella noche en los tacones de la luna.

Te quiero porque supe que eras tú cuando al fin fui yo.

EL VÉRTIGO DE LOS DIOSES

"Muchos hombres se enamoran de un hoyuelo y cometen el error de casarse con la chica entera".

Stephen Leacock (1869-1944) Escritor canadiense.



Apenas la vida, mi vida se llevó ese roce al viento; no más que mi universo en sus andares se llevó. Se ha derramado el firmamento, cariño ¿Crees que no te quiero?

Yo no soy sin ti, no hay más, por eso me marcho, por eso he muerto en esta carta. Yo que olvido caminar sin tu gobierno, sin mi prosa reluciente relatiéndote las costillas ¿No ves? Me tuerzo en los renglones si no estás ahí reina, si no apaciguas mi desvelo... ¿Para qué la vida si no ordenas esta azotea de sílabas traviesas, inquietas por parirte otro poema?

Eres más yo que uno mismo, pero hoy me ha estallado el cielo en las pupilas. No es cuestión de sábanas prendidas, mueran los amantes... Sabes que jamás te haría eso; la trampa es obra de necios. Ni siquiera sé su nombre, lo juro, apenas sí me surcó de aire el pelo en la plazuela al caminar, pero me salieron alas a su paso. Fue cruzar... cambiar de acera... y se fugaron de mi luna las mareas ¿Y crees que no te quiero? Voy a morir de amor querida, me he desgarrado, me... me he despellejado el alma intentando limarla; extirparla de mis ojos ¿Sabes? He vertido su perfume en el estanque, pero trepa los nenúfares; me azota el olvido y se encabritan mis razones. Poseerla hasta el fin de los tiempos... Sólo así enferman de vértigo los dioses.


Marcho amor porque te adoro. Porque a ti no puedo sino quererte entera, completa, perfecta en tu acabado, como siempre. Pero la he visto, un segundo eterno y esta verdad me cuelga de la boca, a ti no sabría mentirte. No hay cobijo para tres bajo este maltrecho pellejo podrido de latir, menos aún cuando de mi existencia siquiera nada sabe el suyo. Me quedaría amor... Me quedaría para siempre contigo, pero existe. Existe y tengo que marcharme de mí.

PRECIPICIOS

"La amistad es el amor, pero sin sus alas".

Lord Byron (1788-1824) Poeta británico.


Ven, sólo ven. Olvida los escombros, el pasado ya es pasado, sólo ven.

Limpia de una vez nuestros rincones, tállame el delito, márcamelo a fuego y cárgame de errores; dámelos enteros, no te dejes nada. Cada desliz, cada omisión... Todo tropiezo dámelo exacto, tan fiel que lo haga mío como el poema que nunca te dije. Así de íntegro, intacto en su dolor entrégamelo, sin más culpables que este yo tan nuestro antaño.

No hay declive ni profundidad, apenas desnivel en tu latido. Tú no sabes otear desde el barranco, aún no. Apenas sí sueñas precipicios, incluso llegas a asomarte, de puntillas, temblorosa, pero pisas en firme créeme; tantos matarían por morir en tus pupilas... Deprimirse es un estado, la tristeza es otra cosa. Ojalá nunca te roce la vida, porque te cimbrea los pilares del cielo ¿Sabes? Mientras desconozcas el olor de la nada, cada día deberías agradecerte el milagro de estar viva.

Sólo habrá pena mientras quieras llorarla, mírala sino a los ojos y hallarás sus tropiezos, todos los tenemos. Dificultades, ahogos, problemas, contratiempos. La tristeza... La tristeza es otra cosa, créeme. Las caídas no son sino para levantarse, de lo contrario, eres tan injusta con el universo... Déjame enfilarte el decaimiento, inflarte ese desaliento libre de manos y ven, sólo ven. No temas, ya estamos vacíos de amor, apenas algún guiño que travieso se nos soslaye hacia el ayer.

Acéptame la vida, ya no quiero tus labios ni tú mis restos, sólo verte feliz. Olvida al pícaro que te sedujo, la sagacidad para embobarte se me antoja nada cuando no hay mayor belleza que sonreírte la boca.

REMANSO

"Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, hace falta poco para hacer palpitar a ese corazón detenido".

Elías Canetti (1905-1994) Autor búlgaro en lengua alemana.


A veces a uno se le plantea ser y le da por pensarse. Sosiega su prisa, repara en una nube calma o se aisla en la esencia que encierra la sombra de un árbol. Y es desde ahí, ausente en esa quietud transitoria y anodina, desde donde unicamente consigue alzar su vuelo no ya al horizonte venidero, sino hacia el sendero transitado.

Hoy me ha sonreído la boca al mirar atrás, al vaivén de días anclados al oficio de existir, de dar vida a las palabras hasta concederles vuestra voz, hasta otorgarles ese olor propio a rezumar. Zarpó ya año y medio de pupilas generosas, de corazones en tinta y uno apenas sabe qué decir. De un confín a otro del mundo me ha surcado cada lengua en su lenguaje, cada verso y su mensaje, cada aliento a mi equipaje... Los zarcillos, las alondras... Cada guiño de la luna ha descorchado el nuevo año, como si aun yo supiera escribir, como si apenas de mi brotara el cante.

Por eso necesitaba dar las gracias a todo aquel por prestarse a prestarme su tiempo, por rebosarme la maleta con quinientos corazones, por hacerme infatigable al abandono de las musas y sentirme parte de vosotros, los pocos de siempre; la esencia de esta pluma. Por soñarme patrón del verbo exacto, del poema certero y la metáfora absoluta. Por lo indiscutible del demérito de este novicio practicante al que sólo le late escribir, al que sólo le late cantar... Gracias.

LAS COSAS QUE NUNCA TE DIJE

"En un beso, sabrás todo lo que he callado".

Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.


Se me escurría la vida y tenía que hacerlo. Sí, como cuando dejabas secar los segundos apelmazados sobre el hálito tragado, callado por no rozarme. Cuando no queda más remedio que gritarse a uno mismo lo terrible de envejecer en parsimonia, con el latido comedido, con el secreto crepitante... Tal es mi vencimiento mujer, justo ahí te necesito como antes, terminal en los labios.

¿Sabes? Hiciste llorar a mi poema pero él sigue mirándote en la nada, buscándote con los ojos anclados a otro tiempo, al camino desandado; borracho de recuerdos como se desquicia el pez frente al vidrio curvo. Y te observo cauteloso desde dentro, enfermizo como siempre, con la madurez que sólo prestan los proyectos vencidos que nunca comenzamos.

Caduco me raspé tu apego de antaño, lo limé hasta espantarme la cobardía, pero sigues aquí, a pesar de mil amores. A pesar de los glaciares habitados, de los bolsillos remendados... Aquí y no logro sacarte de mis días ni al batir de siete mares. Por eso me desprendo, por eso te acorralo.

Necesito rebosarme de la vida, desmedirnos la mesura hasta colgarnos de la luna. Sin reservas ni rodeos, sin certeza de un mañana en que volver a naufragarnos. Por eso para ser, seré sin más si tú me dejas... Por eso me suicido en esta boca que hoy te besa.

SIN RASTRO DE NOSOTROS

"El amor nunca tiene razones, y la falta de amor tampoco. Todo son milagros".

Eugene O'Neill (1888-1953) Dramaturgo estadounidense.



Si no se trata de serlo, no son las ganas creeme... Tan sólo es la ciudad, se nos quedó pequeña sin culpables y desde entonces las tardes dejaron de sernos únicas, liquidamos los colores sin saberlo y el beso se hizo frágil, tan tenue que se nos murió en los labios. Sin apenas percibirlo, cambiamos lo suficiente para despoblarnos del otro reina, volvimos a ser mortales de nuevo, como cuando aún eras tú, sólo tú, sin rastro de nosotros.

No es cuestión de pies ni gatos, ya sabes de éste corazón, tenaz como las flores. Es que no hay razones de más, perecimos de abandono ¿Acaso no lo viste? Después de tanto ser, de tanto habernos coexistido en el pasado, de pronto advertimos esa noche cómo tanto amor era sólo lo que pasaba mientras moríamos.

Y tuve ganas de gritarlo a quebrantar el aire niña, de romperme en los adentros cada hueco de tu ausencia ¿Sabes? Olvidé decir te quiero y se me hizo impar la danza, como a ti limarme el miedo, no hay más. Fuiste ese todo, la voz que me hizo íntegro, pero no me culpes de un quizá, de un mañana; de aquel pudo y no fue. Nos fuimos sin más prescindiendo de la luna, dejándonos todo eso en la quietud de una solidez fingida.

Como dos sombras chinescas diluyéndose en el mar nos abandonamos querida y le perdimos al hechizo ese pedacito del otro; buscándome en las nubes, llorándole a los gorriones.

FUIMOS NOSOTROS

"Cada hora hiere, la última acaba con nosotros".

Théophile Gautier (1811-1872) Poeta, crítico y novelista francés.




Fuimos nosotros princesa y el ancho mar se abanicó de olas...

Detente por favor, sostenme la herida de lo que se me escapa aquí adentro. Necesito bramarlo sin que sane, desde el velero que audaz me ha ido surcando las pupilas toda una vida hasta llegar a ti. ¿Es que acaso no lo ves? Pusiste sin saberlo piel a este burdo cuerpo, insensatez a lo adecuado, a lo meramente correcto... Como ese estúpido dictamen de lo casto, fuimos la desazón del comedido.

Sujétame el latido porque creo que planeo conquistarte desde aquí, desde esta maldita orilla de los vencidos ¿Sabes? Necesito ocuparte la sonrisa, vencerte por las malas hasta anudarnos los sentidos. Preciso seducirte sin el pánico a perderte, persuadirte... Engatusarte de algún modo, pero eres tan bella que abatiste mi piropo.

Vamos a encelar la luna bajo el deflagrante vuelo moribundo de una estrella fugaz, vamos a mudarle al planeta los naufragios, a bebernos sin por qué esta razón última... Querida, invadirte las palabras con este revuelo de besos crepitantes, con este murmullo de sueños que se me posan al futuro debe ser lo más cercano a adorarte... Por eso necesito advertirte la urgencia de este pobre proceder. Juro que jamás quise quererte, pero te vi caminar y tus pasos desandaron mi camino, allá donde murió el reparo de mi boca; justo en la franqueza de amarte a toda costa.

Por eso me derramo en este apremio a vida o muerte, por eso le alcé de puntillas el corazón al poema que hoy te mece.

DONDE HABITA EL OLVIDO

"Un comienzo no desaparece nunca, ni siquiera con un final".
Harry Mulisch. Escritor holandés


Como se iban olvidando, así se recordaban. Después del todo de una vida, así se abandonaban; a pedacitos de sí.

Con el áspero desuso de unos labios desnombrados, poblados por el otro en el silencio de la luna... Así se acobardaban cautelosas las miradas, cediendo al desamparo de aferrarse a la derrota. Paulatinos, desvividos por el vuelo cabizbajo de un latido ya prescrito caminaban desmembrados hacia nada, marchando entre sí sin alejarse demasiado.

Con el oficio de desatenderse por bálsamo avanzaban sin traslado, habitándose el olvido a arañazos con el mimo podrido del otro. Queriendo no quererse recordaban a menudo, demasiado, con el cielo en las costillas y un adiós en la almohada. Y transitando sin recorrido fueron cayendo en la renuncia, con los ojos desgastados de abandono, residiendo en la partida como si aún les fuera el amor al rescate.

Curtidos en la batalla, despoblaron sus idiomas para amarse de por vida en los adentros, donde a nadie más importa su querer. Sin dictámenes ni juicios, en el grito que por callado evidencia un amor eterno.

BATIR DE ALAS

"Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes".

Jorge Bucay. Escritor y psicoterapeuta argentino.


Con un ojo abierto y el otro soñando. Sólo a contiendas se escribe el minuto adyacente, ese año venidero... El mañana no es sino este hoy colateral.

Nadando en la arrogancia de planearte modales, fui trajeándote el envite sin corbata. Y me escupías los días, las horas en que vivir y un matasellos tintado en carmín. Tú que dejaste impasible trepar mi globo a la panza del cielo, acechaste de soslayo vil el galope a mi infancia, bajo el humo de cartas y estos labios resecos de besos.

Yo te vi deshumanizarme la niñez aquel día en que el patio se me hizo de golpe pequeño y, cobarde en mi brusco crecer, renuncié de por vida al rincón de mi talla a carboncillo en la pared, abandonado hasta encallecerme de celos la mullida ternura. Y caminando fue camino aquel recodo de amapolas, ese en que guardo bien atada mi vida conmigo, antes de haber huido sin mi aquella mañana. Allá en el ancho mar de la memoria, donde flota la sospecha de un mañana ya pasado, ondean los propósitos caducos entre astillas desmembradas. Cada cálculo equívoco, cada pase de frenada, todo y nada en las alturas de un segundo más aún por descontar.

Toda cima de un presagio, todo esbozo intencionado aun por proyectar sigue nadando en tu reposo destino; a mí no me puedes engañar. Yo fui hasta ser, y desde entonces... Todo es quizás.

LOS PÁJAROS DEL SUEÑO


"El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza".

André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés.




La vida no muestra, la vida alecciona y algún día regresaré.

Volveré acabado, despacio y desmañado, inútil ante el fin certero del todo categórico. Volveré con el miedo henchido bajo párpados rugosos, en cuanto perciba el espanto de las flores; esa fuga de vida divisable sólo frente al colmillo del ocaso, la misma que degustaré en vísperas de mudar de cielo... de mi fin cualquiera.

Vacío de preceptos marcharé en mis fotos, paseando con el gesto contraído y el empeño avejentado. Zarparé ante el desalojo de vida, entre proyectos calcinados y objetivos desnutridos... para tornar a mí. Y regresaré como siempre supe que pasaría, indolente ante mi raída suficiencia. Lo haré sin miramientos esa tarde cualquiera de ingenio estriado, la que ha de venir, con el ceño fruncido en la cara del mundo. Lo haré en las fauces del camino andado, devorándome afligido en la ceguera de la noche.

Volveré a este día en que me advierto la juventud ante el reloj, que me reprendo en calma este existir pausado. Regresaré despoblado de sueños al exacto hoy en que desplomo mi vida siendo sin más. Volveré y lo haré borracho, tan ebrio de recuerdos que de melancolía enferme mi nostalgia.

Vendré a enjaular las nubes, con este latido acartonado de los años que ya nacen, que se vierten mientras nada.

AMORES DE PECERA

"Entre un hombre y una mujer la amistad es tan sólo una pasarela que conduce al amor".

Jules Renard (1864-1910) Escritor y dramaturgo francés.


Ellos se huían, partían hacia nada, pacientes besaban a otro quien.

A ratos se olvidaban en un parque besando aquel absurdo vicio de omitirse, de asfaltarse las pupilas por el miedo a una estampida de amor, al contagio en la epidemia de precisarse amados a cada instante. Caminaban de otra mano, urgidos por la complacencia que otorga un corazón en pausa; ese latido anestesiado que de saber a poco, al menos sabía saber.

Y se miraban en la distancia, apenas de un modo reflejo, instintivo hacia adentro desde el dolor de la cama dolida. Se buscaban en la coartada, en el oficio de mentirse un poco más sin deberse una disculpa, mas corrían próximos a agarrarse a la luna blanca, esa que una noche compartieron desde un callejón marinero, apenas de soslayo sobre sus bocas remordidas en un crimen perfecto, compartido entre furtivos del engaño de engañarse.

Ellos se huían, caminando como lame y huye de la orilla el mar. En la fuga de días muertos que abrazaban sus abrazos, emigrando siempre al pacto de quererse como amigos que se aman en la cobardía del silencio. Ellos rehuían, se zafaban de calzarse la evidencia, desertándose a si mismos como amores de pecera.

INTROSPECTIVA PANORÁMICA

"Observa, escucha, calla. Juzga poco, pregunta mucho".

Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano.


Por aquello del más vale tarde, recapitulo un nuevo alto en el sendero para dar las merecidas gracias a todo aquel que cariñosamente pensó en mi persona para concederle un premio, asi como a quienes me otorgan el placer de fondear en sus pupilas de la mano de nadie.

Con esta última (que no espero tal) concesión, se me adjunta esta pequeña encuesta que paso a cumplimentar del modo más directo posible. Gracias por tenerme en ese rinconcito tan nuestro...

1.- ¿Te llevas bien con tu suegra? Aún mejor si cabe con su cocina.
2.- ¿Cuál es tu reto? Afortunado de mi, creo creer que tengo varios, aunque sin duda malvivir de por vida haciendo lo que me gusta se lleva la palma.
3.- ¿Qué le dirías a tu jefe si te tocara la lotería? Procuraría no insultarle porque roza la locura el injuriarse a uno mismo.
4.- ¿Qué harías si descubrieras que alguien te está mintiendo? Todo es relativo. Una buena gran parte del arte del bien hablar consiste en saber mentir con gracia.
5.- Si se quema la casa y sólo puedes salvar una cosa. Mi pobre guitarra.
6.- Entras en un sitio con mucha gente, ¿qué haces? Me juego el cuello a que conozco a alguien.
7.- ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Cambia con el viento.
8.- Te encuentras con una lámpara mágica ¿qué tres deseos pides? Salud.
9.- ¿Qué te llevó a escribir un blog? La bendita testarudez de un amigo.
10.- Si fueses un dinosaurio, ¿cómo te llamarías? Piecito, porque me recuerda a unos dibujos que veía mi hermano de chico.
11.- ¿Querrías cambiar algo de tu pasado? La víspera de mi cumpleaños.
12.- ¿Cual es tu sueño? Ser feliz con poca cosa. Lo estoy logrando.
13.- ¿Qué es lo más vergonzoso que has hecho? Como empiece no acabo...
14.- ¿Con qué "1º vez" de tu vida te quedas y por qué? La primera vez que subí a un escenario.
15.- ¿Te acostarías con alguien por una apuesta? Habría que barajar las opciones...
16.- ¿Aceptarías una proposición indecente? Mi vida se construye a base de ellas.
17.- Si hicieran un peli de tu vida, ¿cómo se llamaría? Apretando los dientes.
18.- ¿Cuál es tu mayor defecto y cuál es tu mayor virtud? Mi defecto más irremediable es el temperamento, mi virtud quizá la extraversión.
19.- ¿Alguna vez has estado de pie bajo la lluvia, con los ojos cerrados, simplemente, o has pasado un tiempo mirando a la Luna, o las olas, o la puesta de sol? Siempre que puedo. Enriquece.
20.- Si pudieras tener cualquier superpoder, ¿cúal sería? Viajar en el tiempo.
21.- Crees que el destino está escrito, o que cada persona escribe el suyo. No creo que haya una predeterminación en nuestras vidas, aunque a menudo, trato de engañarme obligándome a creerlo una vez más. Es una especie de religión para minorías que en ciertos casos ayuda a sobrellevar la ausencia.
22.- ¿Si te pudieras cambiar por alguna persona, por quién sería? Todo el mundo tiene sus problemas, no merece la pena. Volvería a vivir la mía.
23.- ¿Cuál es tu día perfecto? Uno entre amigos.
24.- ¿Que personaje (músico, poeta, escultor) admiras por encima de todo y por qué? Aquí no hay lugar para el titubeo. Tengo toda una vida para hacerle ver al mundo cuanto se perdió con la marcha de mi padre. Es sin ninguna duda el más grande que he conocido.
25.- ¿Crees en la vida después de la muerte? No, pero sí en esa energía que nos da la condición de seres y algunos se empeñan en vendernos como dios. Creo en la genética que, de algún modo, nos hace inmortales entrelazando ramas.

RIMARTE LOS PASOS

"La felicidad es la certeza de no sentirse perdido".

Jorge Bucay. Escritor y psicoterapeuta argentino.



Feliz. Yo no vine a besarte, yo vine a hacerte feliz.

Necesitaba un lienzo en blanco, sangrar de vida entre las venas, rescatarle a la ilusión inquieta una habitación de hotel. Yo no vine a tirar de suicidio, a mentirte bonito ni vendarle a tus alas cadenas. No le traje a tus manos certezas, ni labios al parque, ni un príncipe al trono. Yo vine a hacerte dichosa como el poeta a la luna, sin esperar la esperanza, a pecho abierto al cariño.

No quise latidos de alcoba, ni abrazos con pinzas, ni el delgado perfume de un ingenuo quizás. ¿Sabes? Pasaba por aquí y me estalló el mañana incipiente en tu boca, nací por fin al universo, no hay más. Sin previo aviso, con la dicha restallándome los dientes en un par de pestañeos, embrujado de cometas, primaveras y balcones. Pasaba por mis días grises y huyeron por siempre jamás aquella noche. Yo quisiera acertar a alcanzarte una estrella, a danzarte en las alas de las golondrinas... Pero apenas alcé otro castillo de arena comprendí que no hay suerte tal como decirnos te quiero.

Yo no vine a este maldito mundo a existir bajo el cielo, a vivir para ser, a morirme a la muerte. Yo nací para rimarte los pasos niña, yo... Yo sólo vine a hacerte feliz.

MAR ADENTRO

"El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados".

Jean Paul (1763-1825) Escritor y humorista alemán.


Por ser, será mi vida no más que cien caminos y un destino... Aquel bello escombro que lustré paciente hasta proclamarlo recuerdo.

Por ser será cristal de bohemia adecentado para mostrarle siempre su mejor vestido a la memoria; dulcificado pese al embiste de pasadas controversias, decoloradas sabiamente por la vida hasta diluirlas en el pozo del olvido, ese del que huimos a voces, resignados en el fondo a enfermarlo a gotas.

A menudo la veleta de la añoranza enfila al sur mi pueblo, virándome un presente firme mar adentro, lejos de ofertas, gobiernos ni murallas. Dobla bajo un aguacero sepia clavado en mi iris, devolviéndome aquel aroma a salitre de brisa sobre callejuelas empedradas. Y soy dichoso en su veneno de infancias perdidas, aprovechadas hasta el abandono de tizas; allá en mi destierro de azúcar y balón. Y bajo a besar cada beso besado, a incendiarme en faldas de verano, y te hallo pausado. Y brindo otra vez con amigos en desuso, y me siento una vez más a contemplar mi barrio, y te atino tan tú que me llueven los ojos.

Y suena un villancico en el salón, y una comparsa ensaya en el garaje verde, y tu voz se hace tal, cierta como un antaño en que el futuro aun no olía siquiera a polvora, que me rompo por dentro. Y me duelen tus ojos en la nieve de este hoy, como perdí las llaves del cielo, como callo cien veces al día este ratito de vacío absoluto. Y te encuentro papá, eres de nuevo. Eres, y yo... yo no hago más que ser, y me derrota serlo.

VOCES DE TINTA

"Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude".

Orson Welles (1915-1985) Director de cine estadounidense



Me desangro en palabras y el mundo gira. Se suceden carambolas tras mi ley gramatical, vocablos centelleantes enclaustrados entre comas, voces de tinta anudadas al papel, ávidas de unos ojos límpidos que las sepan beber a sorbos, que las quieran querer por bellas, por francas... Y el mundo sigue girando.

Se despeñan mis cestillos de esparto cargados de letras, colina abajo, huérfanos de todo, rebosantes de mañana. Se despeñan presurosos al rescate de mi tierna infancia, de un amor podrido, de la noche y su elegancia. Precipitadas hacia olvidos que las amurallen, hacia la bendita imprudencia del poeta valiente, hacia bocas que las eternicen en corazones inmortales; ahí van mis palabras. Rojos lacitos pulcros al lenguaje reposado que vomita ésta mano mía, solemne y pecadora a sus principios, colosalmente triste cuando escupe penas.

Se derrama el lapicero y me bebo las lunas escarbándome la sílaba anhelada, rascándome poemas aquí adentro; hurgándome al acecho del verbo preciso, la entrada concisa, la expresión absoluta. Me desangro en palabras pero el mundo gira. Y gira porque oscila de la vida a la muerte, en los renglones torcidos de dios; mientras yo me vierto en aromas de otoño, en tribus de asfalto, en abandonadas miradas de anciano que en silencio callan cuanto algún día gritaré.

LA CARICIA DEL VIENTO

"Cuando tu mayor debilidad es el amor, eres la persona más fuerte del mundo"
Garman Wold

Subiste a mi vida. Subiste sin hacer ruido, borrando abriles, pintando sueños...

Subiste y regresó la tarta, y lloraron las cartas que murieron al fin. Trepaste y nos huyó el invierno a manos de este cuento, con este aroma nuevo a cielo recién pintado.

Trepaste a mi ventana y cada instante fue un suceso, un evento cada beso, cada día una canción. Y retornó la danza a mi planeta, mi boca hacia tu silueta desbocada de pasión. Y fui camino hacia tus pasos, y tu tristeza este regazo donde buscaste naufragar para decirle al mundo que seremos grandes mecidos bajo los portales que nos quieran acunar.

Llegaste con tu risa de chiquilla, arrasándome la vida de cenizas por la borda. Llegaste y perfilaste al mundo con la caricia del viento, como si fueses una más, fusilando tu grandeza. Y me miraste en la sonrisa, bajo el cielo de tus párpados, enjuagando las tinieblas que mordieron mis mañanas. Y le diste sin querer, sin capricho ni porqué, zapatitos nuevos a mis horas.

Y un destino a mi presencia, otra piel a mi recuerdo y una vela a mi cordura. Y una luna a mi ventana, otra ley a mi palabra... Y universo a mi vacío.

LUCIÉRNAGAS

"El amor es la poesía de los sentidos".
Honoré de Balzac (1799-1850) Escritor francés.


Bastaba mancharnos las manos de barrio, de esa cal insípida que albergaban las paredes desconchadas camino de tu casa, infladas sobre la vertical como si trataran de respirar el aire vetado en una mano de pintura.

Bastaba subir a la luna por la callejuela empinada de siempre, sin sabernos las caras, gobernados por aquella dictadura de flores del viejo valle colindante... Bendita sea la vida.

Éramos dos, tantos que no cabían más cinturas en nuestra danza, apenas el vuelo de los mirlos sobre tu paraguas. Éramos dos y el columpio de tu voz olía a primavera, la juventud estaba recién servida para morderla hasta doler. Sobraba con huir de la niebla, abandonarnos cosidos los cuerpos al vivo crepitar de aquella hoguera en que incendiamos la niñez. Era tan simple... Tan fácil correr como sencillo llorar por nada.

Y nos leíamos a dedo la espalda en la efeméride de nuestro primer beso, esa indescifrable cuerda locura de atarnos porque sí, a ciegas con el corazón henchido. Y vimos morir de infancia nuestra escuela sin rozarle los escombros, y en el silencio de tu trenza descalcé toda vergüenza. Y en la laguna de años flotamos corazón hasta que el abandono del olvido más seco lamió esta orilla, como tenue se disipa la estela de un cometa.

Y ahora... ¿Sabes? Ahora se me amontonan los besos a la entrada de la casa, justo en este hueco enmarcado que separa entrada de salida. Y necesito encontrarte antes de que esta vejez se agote, sólo de nuevo, para cerrar al fin mi vida. No busques lugar, todos los paisajes siempre fueron nuestros, atrapados tras estas áridas pupilas, en el desierto de una vida entera a ciegas. Necesito no verte una vez más, para poder mirarnos como antes.

LA SOMBRA DE LA MUSA


"Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía".

Gabriel García Márquez. Escritor colombiano.



La lloré, luego existí. Y no será necesario callarlo por más tiempo, ya la vida sola se ocupó de volverla un erizo moral, de rechazar a espinazos cuanto quise saber de ella, cuanto hice por amarla.

Así, justo como nunca pasaría, como se abandona un perro al morir la navidad, por la indolente puerta de atrás marchó. Así, como muda en un descuido el niño a hombre en unas manos de mujer, sin hacer apenas ruido. Justo de aquel modo, sin disputas ni contiendas, sin tiempo para esas dudas que jamás nos asaltaron, soñándole un futuro inmutable a este cementerio de besos; así me fui desangrando en su atroz desliz. Sin una riña en que abrigar el refugio de mis noches, sin un resquicio en que atisbar el precipicio, llorando ingenuo mi perplejidad, desnudo ante la quiebra de mis días... Así se fue, con todas mis cartas y flores, con la ropa que siempre nos sobraba. Se alejó desidiando el drama, con el hueco de mi cama en su costado, extraviando los andenes desandados. Sin huellas ni testigos de cargo zarpó, perfecta en la ejecución del derrumbe interno.

Y marchó para quedarse entre mis tripas cobijada en otro torso, con la apatía mordiéndole el recuerdo. Cansada de estas manos usuales, de este amor habitual que le recitaba al oído el pálpito de adorarla cada segundo de toda una vida. Protocolaria en sinrazones partió, con las pupilas lejanas camino de otros ojos y un corazón inhóspito a los míos. Y yo, vacío de mi, viví por siempre desalojado de la vida tras la sombra de la musa.

LA ELEGANCIA DEL VIENTO

"Yo voy a ti como va sorbido al mar ese río".

Ramón de Campoamor (1817-1901) Poeta español.




Déjame ser tu capitán niña del aire, deja que te acune cuando el hastío te venza.

Déjame entregarte la vida entera a cambio de nada, cubrirte de promesas la sonrisa de chiquilla mientras jugamos a querernos como rauda cruza esa alondra el cielo sin advertir el milagro que encierra su vuelo. Déjate encallar sin miedos a esta orilla mía de abismos y zaguanes donde todo es realizable, donde arriar los imposibles periodiza cada día y arden mis venas latiéndote la ausencia, palpitándote el reencuentro en una nana que adormezca cada espera; toda eterna despedida con la astucia del diablo.

Tómame tuyo, como me doy. Sin asomo de artificio ni disfraz a mis vergüenzas. Asume a ojos llenos que eras tú, concibe que nos aguardamos desde la primavera del mundo a la espera del cruce de senderos, al acecho de prendarnos por certeza. Quiéreme sin recatos, devórate el decoro y vuélame libre alzada sobre aves de paso, de pico de oro... Esas que sólo revolotean; no surcan de la mano.

Deja que te repte la cintura cosida la carne al empeño de amarnos, con la elegancia del viento rozando las olas de piel en tu nuca. Déjame mostrarte lo bello de huir en caricias mirándonos adentro, como si el alma expirase al cesar la batalla... Como si nada luego fuera a ser ya cierto. Parte conmigo a la luna y despójate del gris uniforme de la igualdad, de la equivalencia diaria y los exactos congéneres en fila encaminados a materiales propósitos altivos. Átame a tu vida, líbrame del mundo por siempre jamás.

LA MIRADA DEL ADIÓS

"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada".

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) Poeta español.


Creía tanto en ella que apenas se miró a sí mismo cuando disolvió la nube de azúcar de aquel modo tan ingrato, desleal y pérfido. Todo acaeció de un modo tan ágil y presto que bien iba a suceder pasó de largo sin un culpable señalable, dejando un par de heridos graves tras la parpadeo sostenido desde el fondo de la calle.

Sin avisos de derribo ni advertencias de abandono, sin apercibimiento posible que justificase su causa, inocente del delito de prendarse sin juicio como arrebata impasible la muerte a la vida... Así arrasaba de un plumazo las tardes de paseo a su memoria el choque de planetas que estallaron en aquel par de miradas entre terceros, en aquel segundo que detonaba cualquier presente establecido hasta ese instante. Destripado, él ya no se importaba y vio morir el amor a corazón abierto en plena calle. No necesitó un parpadeo de repulsa, ni un adiós a borbotones perfumado de lamentos; ni siquiera cayó frágil una lágrima de ocasión porque él la estaba viendo llorar por dentro. Necesitaba rescatarla del hoy, devolverla al pasado en que aún era suya... Pero por entonces ella ya había cambiado para siempre.

Era su mano ya gemela de la diestra, su alma ese bolero que siempre temió bailar, y su boca otro pañuelo de estación a la espera de un adiós tan próximo como sangrante fue la espera... Y no quería ella patear su corazoncito, pero volaba a otro ras sin más culpa que haberse enamorado. Y lo quería tanto que temblaba sólo con pensarlo, pero ya estaba todo perdido, mudado hacia otros versos. Se le había encabritado el corazón en aquella mirada y estaba perdida. Él había arrojado su vida al pecho de una desconocida y se precipitó por siempre al vacío de aquellas pupilas escarpadas.

LA DANZA DEL TRAPECIO

"Tendremos el destino que no hayamos merecido".
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.



La tristeza hay que sacarla a punterazos por la ventana, a ramos de flores restallantes de amor, a buenos momentos rescatados del pozo de la memoria.

El desconsuelo es la ceguera transitoria del hombre ante la ancha vereda que pensó un día caminar. Un modo de ahogarse en la puntualidad de la propia existencia, un zarpazo que lejos de hundirnos vino a recordarnos las reglas del juego; la amnesia que en nuestra rutina de días calcados nos hace olvidar el concepto caótico y salvaje de la existencia misma.

La vida no entiende de ancianos y niños ante su hora. Las escuelas nos mienten con su norte, no enseñan a llorar amantes, dormir en bosques, transigir una pérdida... No muestran el sudor del pan, el carbón por navidad, el pecado ni la cruz del marinero. Orquestar un mañana, planear siquiera el ahora venidero no es más que hacer reservas con la nada. Los dados de Dios le aseguran apenas media luna a la noche, y nosotros empeñados en llamar desdicha a la arrogancia de creernos sabios.

Levántate, vomita lamentos. El destino te besa con rosas y te parte los dientes... ¿No es acaso maravilloso estar vivo?

REINA

"No es el tiempo lo que se os da, sino el instante. Con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo".

Georges Poulet (1902-1991) Escritor belga


Y sanando la espera le volaron los siglos, con el simple y mero apego a una misma como señero apero de vida; como único consuelo ante la certeza de haberle perdido en un segundo para siempre.

Y lanzó a las nubes su roído papel de eterna revolucionaria, aquel rol de juventud para el que una parecía siempre tan predestinada a servir, para acabar devorando amaneceres en aquel marchito butacón. Y miró a la luna aguardando una respuesta, pero la ciudad dormía plácida ante su abismal tragedia y no pudo más que llorar su suerte. Y tuvo apenas tiempo de ser cuanto supo ser; de parir a quien la escribe y cambiar de sábana sin mudar de cama... Pero para entonces ya daba todo demasiado igual.

No contaría ya jamás con nadie, menos consigo misma, si bien trataría de encubrirlo por el bien común. Todo tendría ya por siempre el mismo color amargo del abandono, el mismo olor en su pupila quebrada. Y el mundo seguiría ahí, como ayer, como mañana. Y tuvo escaso el momento de robarse otro engaño complaciente a cambio de nada la mañana que lo vió partir sin retorno.

Y aguardando la llegada, descolgada de una nube, olvidó para siempre el deber de vivir. Y las horas le fueron menguando la sonrisa hasta dolerse, con todo en las manos, pero un único rastro alargado flotándole en cada espera venidera, en cada mancha de soledad pendiente con su futuro sin mañana.

BIENAVENTURADOS

"Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado".

Guy de Maupassant (1850-1893) Escritor francés.



Sabrás que nací en ti, tras los renglones torcidos de la memoria. Apenas en las mentiras que antaño te azotaron, en cada suicidio de corazones, poco a poco, sin saberlo, naceré en ti.

Y seré, que por presente soy, para llegar creciéndote adentro, como dos bienaventurados en busca de nada, con el universo entero navegando inconsciente la piel del otro. Y seré tan pobre como para procurarte la cura precisa que zanje tu ayer; desbaratándole la paz al proceder de tus días sin que logres adivinarme siquiera la huella, apenas mi canto en tu oído.

Y ahí, dentro, donde tus horas pierdan mi tiempo, lento y callado, mi azotante huracán que a su paso no vacila, pasará de puntillas para colarse mecido en tus ojos la mañana en que me quieras sin saberlo, como el ladrón de besos que en mi nombre trepará tu balcón. Así te poblaré en silencio de jazmín el arriate, como sólo los pícaros saltamos la verja, sin remedio para la evasiva ni recurso justificable ante Dios. Así te mudaré de planeta, con la sutileza del truhán que te engalane las aceras, con la pluma entintada derramando otro poema sobre el mar de tus caderas.

Y no sabrás aún llorarme querida cuando contemples que antes de mí nunca hubo nada, porque también seré yo quien raudo te prenda reluciente del placer otro deseo, del destino esta mano y del amor... Del amor, mi vida entera.

VENGO


"La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar".

Gastón Bachelard (1884-1962) Filósofo francés.





Llego con hambruna de poemas que fui aullándole a la estepa, con el llanto desalado de un marino deshauciado, con la clave que descifra la sonrisa de un chiquillo. Llego para sanarte el veneno de la prisa, para morderte otro botón que te incendie la camisa.

Vengo con jarabe de besos y una luna soñolienta. Vengo de antaño, de aquellos versos, de estas palabras. Regreso como vuelven tardías la barquillas a la fuga de los días, acallando las esquirlas desolladas, desplomadas en la orilla... Escupidas hacia adentro.

Vuelvo porque expiro bajo calma, porque incendia aquí adentro el desatino de morirse poco a poco, sin una queja... Sin condena que imputarse a uno mismo. Vuelvo desde aquel que nunca fui, desde éste que ahora soy, avistando el que seré. Y vuelvo, vuelvo para lucirle el azul al cielo, para cerrarle la boca al necio... Para zurcir de pétalos la herida que nadie supo curarte.

DORMIR CONTIGO

"El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien".
Milan Kundera. Novelista y ensayista checo.



Miro y callo. Ensimismado en el deleite que nos cede la proximidad al roce, suspendido en el aliento que emana de tu piel, tersa cual fina pluma de alondra.

Miro y silencio los dedos. Silencio el ardor de estos dientes hambrientos de curvas, abocados al dispendio de lenguas bruscas, sedientas de cuerpo y saliva. Y lo hago al disimulo de mi mismo, eludiendo la sugestión de tu hechizo de hembra carnal, parida de los dioses para fascinar al aire; a cada viento que te roce mientras dormitas la lascivia que nos une. Miro y tiemblo ante tu espalda, sorteando cada traba que ofuscaba mi presente para terminar feliz en ti, con los ojos dilatados para abarcar apenas los confines de esta bendita ventura.

Miro, miro el acabado de tus piernas y dichoso sonrío a la luna. Tú imperceptible respiras, sabedora en sueños del cautivo proceder de este latido que desborda los siete mares a tu paso y le vuelca los cielos manchados de azabache a un mero susurro de tu boca. Sonrío, duermes y con el corazón henchido degusto la belleza refinada de una flor en el océano de tus párpados, como paladea la penumbra tu tez infantil de gata linda hasta vestirla de luz al alba, perfecta a los ojos de la vida.

Contemplarte amor... Contemplarte en la noche es besar la fortuna de saberse único.

ROMPEOLAS

"Algunas cosas del pasado desaparecieron pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar".
Mario Benedetti (1920-2009) Escritor y poeta uruguayo.



Era tu rostro, a pesar de que todo se nos haya escapado hace tiempo. Sí, era tu rostro juvenil, lozano ante un futuro que se nos antojaba demasiado distante, desmesuradamente remoto como para acabar vistiendo de vetustas costumbres al fin, ya ves, a éste lacerante presente nuestro. Hoy te imagino gris, feliz con quien te haya sabido querer, pero gris y mayor, apenas con los carrillos aún sonrojados por el frío de los días que te volaron de la vida.

Sí, era esa estampa de playa contigo; las toallas rebozadas las que me han hecho ser así, fiel amante del pasado, taciturno ante las lunas que me vieron florecer. No sé que fue de ti, apenas sí me importas acaso hoy por hacerlo tanto entonces, pero danzas aquí adentro sin saberlo, ninguno de ambos, cada vez que cruzo la brisa en soledad. A años luz de los amigos desviados en la cuneta, casados ya con Dios y el arca del banquero... Danzas entre el frescor de la orilla y el beso salado, justo donde resbalaban mis muñecas al alzarte en el agua borrachas de bronceador. Me enredas sin quererlo por ser la primera lluvia, el silencio en la partida y el puñal en el costado. Me cabrioleas la asunción de querer hacerme hombre en la estúpida diadema que perdiste, ridícula y trivial, pero la conservo como un idiota advenedizo de pretéritos logros.

Sí, era tu pelo revuelto en los dedos del aire el que me deja hoy tan descalzo al pensarte, el que me anuda el vértigo al alma por asomarme al balcón de mi infancia, esa en la que siempre todos sonreíamos y era un verano perenne el que nos tostaba. Eran aquellos labios de aprendiz los que hoy se derrumban en una bolsa de palomitas, los que evocarán de por vida toda vida vivida; remiendos para un ayer que disfraza sus carencias mostrándose ante mis madurantes ojos tan inconmensurablemente radiante como doliente en su letanía de perfumes añejos.

Hoy... Hoy vi sólo arena en la arena que antaño hollaron tus pisadas.

ÁBREME EL PECHO Y REGISTRA

"La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las hogueras".
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.


Exhausto se preguntaba, cuestionándole la desmesura en la entrega a su reseco corazón, cómo hacer para no ser ya nadie en particular.

Un nadie vacuo de miras, apenas la nada envuelta en su maltrecho pellejo; esencia volátil desvinculada del apego de contemplar siquiera futuras bocas de canela que también terminarían escupiendo el maldito te quiero de siempre. Hasta esa orilla del entendimiento interior tuvo que jugarse el encalle cuando la vio marchante a lomos del tacón, gimoteante entre naranjos, quejumbrosa en su condición de asesina de sueños; pero caminante. Como una mera diletante de aventuras de pareja, la carencia de ese compromiso propio por girar el rostro le mordió por siempre las lindezas al amor, y a ella, la inocencia por privarlo de mirarle una vez más y consolarle a pañoladas un quemazón que lo asolara de por vida. Él no la juzgaba, como los artistas que creen en dos ideas contrapuestas a la vez. Él sólo sabía quererla en la masacre... Y seguía caminando, en la estampida de recuerdos opresores que anegaban cada huella de su huida hacia el olvido, de su trono en la memoria.

Y ya nunca cuadraría el giro del mundo en su paraje sin rastro. Todos vivimos un tiempo y morimos siempre antes de lo planeado; todos somos enfermos terminales y la única incógnita a despejar es la velocidad con que morimos... Pero él acababa de hacerlo en un invierno de pestañas, en aquella mano huérfana de dedos. Y con ella, sin saberlo, marcharían también las palomas disecadas para, en estrépito, alzar al vuelo la vida.

PRESAGIO

"En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca".
Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español



- Ahora que los charcos no rezuman melancolía, que el otoño se marchó sin dejar rastro y todo huele a nuevo. Ahora que por fin te quiero como se debe querer pasados los preámbulos, necesitaba advertirte mi vida.

- Vaya, hoy no esperaré al embrujo del poema escrito, parece que solito revuela hacia mi oído... Cuéntame cariño.

- No, no se trata de eso, verás. Habrá algún día niña, porque siempre lo hay, al menos en mi vida, en que las conjeturas se tornarán irrevocable presente. Quiero decir, habrá un día en el que notarás que todo de pronto deja de girar. Que la calle enmudece al igual que tu vida y, en un acto reflejo, involuntario a tus desquiciadas ansias de pararlo, te alejarás de mí.

- Pero... ¿Me puedes explicar por qué demonios me sueltas ahora esta sarta de estupideces? ¿Es que acaso te he dado yo algún...?

- No, no, no... Te alejarás de mí. Sí, reina, lo harás... Por favor, escúchame. Necesito decírtelo ahora que nuestro mundo fluye en calma, porque va a llegar, por más que apriete tu mano a mi pecho, aunque le juremos nuestro amor eterno al protocolario sacerdote y luego te bese como tanto te gusta, desgastándote la soledad a punta de piropo... Llegará. Y es en ese día, cuando todo se nos rompa, en ese preciso instante en el que todo mi universo interior quede desahuciado a proyectos opacos; obligado a cesar su inconsciente e insaciable sed de amarte a todas horas; cuando sin darte siquiera cuenta te habrás marchado, y con ello, habrás desalojado del mecánico proceder de nuestros días el anzuelo que nos hizo ser. Y eso... Eso... Sería tan triste callarlo amor cuando nos barra como ignorar lo vivido.

- Pero no puedo creer...

- No, amor. Abrázame ahora. Aprovecha y bésame como lo has hecho hasta este preciso instante en que te aviso. Pero cuando todo se te quiebre ahí adentro, cuando te lata sólo por seguir viva y me mires como al resto de los hombres... Sí, cuando estalle la luna y tu paso ya no quiera aminorar el mío, recuerda este presagio. Porque nadie en este mundo podrá jamás quererte tanto como yo.

CONIL

"He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mi".
Isaac Newton (1642-1727) Matemático y físico británico.


De vida corta, casa baja y renglón torcido. Así hube de amar tanto por ser grande la vida y dejarme deambularlo cuesta abajo, junto a cubos de lejía arrojados sin escrúpulos por batas rosas con rulos, absorto en la apabullante cotidianidad de un vociferio vecinal suspendido en las ventanas, cuando el pueblo era pueblo, mío; tan nostalgicamente nuestro que aun no había una sola bandera clavada en el paraíso.

Así hube de cursar mi sino para templar su arrojo, como aquello que un día fuimos, pandilleros propiedad de las aceras, defraudando corazones sin consuelo. Con la sílaba "zetada" de mi nación de pescadores, los que faenaron en altamar cuando Dios dormitaba en calma.

Nación de patio tupido en flor y aroma a fresca sardina, con resaca de besos en una cicatriz de acantilado y mil olas relamiendo mi castillito de arena. Nación bendita que pocos conocimos, de añeja arena fértil preñada de coquinas, de tez morena y plazuela encalada rebosante de chiquillos, bañada por las tascas rezumantes de tertulia y prosa de alcantarilla. Así hube de quererte vieja tierra apuñalada por el Sol, y a tu gente en su cultura de levantes y ponientes por su esencia verbenera, aquella que me encabritó las venas cual truhán de alma salada. Callejero de las coplas bajo un manto de pinares, así fui y así seré por el poso de la luna en mi memoria; con el cielo que destiñe en mis adentros cuando el faro se ilumina.

Así hube de adorar al viento que nos hizo libres, a golpe de ojos límpidos pintados de gaviotas, desmenuzando zanjas en una hijuela con sabor a vinagrillas hasta avistarle el deceso a la infancia en un revuelo de faldas.

LA ACUARELA DEL MAR

"El recuerdo es el perfume del alma".
George Sand (1804-1876) Escritora francesa.


El oficio de olvidarte en cualquier rincón de mi presente apenas sí me reporta un flirteo con la imprudencia de evocarte de cerca, mucho más cerca, justo donde aún aprieto los párpados y logro percibir tu ardua respiración.

Como coquetea esta fragilidad vestida de arrojo con el desvarío de no volver a verte, así se deslizan mis días, con la misma infinitud abismal que logran acotar apenas proyectadas estas raquíticas palabras uncidas a mi vientre. Yo, yo vine a robarte la soledad a lomos de un triste corcel y el mundo menguó de pena. Yo sólo quería ver discurrir el tiempo como cualquiera, sin sospecharme las canas, pertrechado para la edad con la flor de una zagala y el pecho a punto de asesinato. Yo sólo pedía la lluvia en Enero, un Sol lamiéndonos la arena, el fruto de tu tiempo brindando con mi copa... Pero naufragamos y arribé a las noches tapiadas a golpe de calendario, huyendo del contínuo pretérito ocre que me sacude los sueños.

Como aciaga se desangra la tierra en un campo de amapolas, así diluye esta cordura la voz de tu recuerdo, enjugando para siempre nuestra foto en la acuarela del mar.