RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.
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EL MIRADOR DE LOS AÑOS



"El más difícil no es el primer beso sino el último".

Paul Géraldy (1885-1983) Poeta y dramaturgo francés.


- "... Fueron algo más que eso, porque yo miraba el horizonte y parecía estar tan cerca... Apenas a un par de brazadas de ti, de esa arena relamida que pisábamos, en cambio ahora apenas lo adivino desde el mirador de los años que nos cayeron encima sin pedirlo, sin delicadeza alguna".

- "Fueron días de grandeza, de un mundo distinto, recién pintado a nuestra imagen y semejanza".

- "Había danza de gaviotas... tantas... ¿Recuerdas? Gaviotas extrañas, perezosas a tu paso despeinando el oleaje. Septiembre prendía fuego al verano y había aún voz en la raíz de aquel querer nuestro. Languidecía el calor aquella tarde de poniente a orillas de un mar eterno, lozanos tú y yo ante el universo, de par en par frente a una vida que juraba no separarme de ti. Nunca. Y tú... Tú curvándome el rostro al cobijo de tu pecho mientras deducías en la luna la diadema de aquel cielo nuestro pecado de estrellas".

- "Eran tiempos aquellos de ternura y estío, cómo poder olvidarlos... Pero el destino nos sacudió, crecimos sin parar hasta estamparnos contra el par de adultos que ahora somos. Es bonito al menos perfumarse de recuerdo cuando me hablas de ese modo".

- "Tengo miedo".

- "¿Miedo? ¿De qué? o mejor dicho... ¿A qué?"

- "Tengo miedo de perderte. De volverte a perder ahora que ya no queda nada".

- "Pero... No sé... Me dejas sin palabras. No esperaba que...".

- "Tengo miedo de encontrarte. De perderte y encontrarte ahora, en esa voz algo más férrea que nos sostiene la conversación al otro lado del teléfono. Porque llevo siglos aguardando este instante en que me desvisto de mí para decir que temo hallarte en cualquier plaza, tropezarme con tus ojos una tarde cualquiera y morir de golpe en ellos".

- "Sabes de sobra que ya nada es lo que fue. No puedes pedirme... Decirme esto ahora así, como si...".

- "No, por favor... No temas. No volveré a ocuparte el desencanto, lo juro. Sólo quería escucharte una última vez, bucearte la boca en busca de un rastro de ti, de la niña que me enamoró entonces. Ahora ya sé que sigue ahí, refugiada en una esquina de tu alma. No te quiero a ti, la buscaba a ella".

- "No puedo creer...".

- "Dos manos se miraban distraidas buscando semejanza en los dedos del otro mientras barría la brisa todo atisbo de duda entre nosotros. Eso el tiempo no lo mata, nada ni nadie puede arrancarlo de mi. Fue un placer volver a oírte amor. Gracias por el regreso".

PEQUEÑO GRAN AMOR

"Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro".

Graham Greene (1904-1991) Novelista británico.



- Vaya... Menuda sorpresa ¿no? De no haber sellado la cita con tu firma jamás te hubiera reconocido. Estamos tan... tan cambiados. Bueno, a decir verdad, de haber reparado en tus ojos... sigue ahí ese brillo tan tuyo. Yo, bueno, ya ves la maternidad y sus...

- Lo sé. Más bien, siempre supe de ti. De tus días, más bien de mis noches... Te he seguido de espaldas al mundo.

- Qué bonito, podía ser cierto ¿no? Tú y tu astucia en la punta de la lengua... Pero... pero, no puede ser cierto. Marché hace tanto que... ¿Cómo lograste mi dirección? ¿Te casaste al fin con aquella novia tuya? Han pasado...

- Pasaron cien lunas niña. Cien lunas y una noche de boda hueca de tí. No confundas, fui feliz; lo soy hoy en el amor que me profesa. Y sigo obstinado en mis acordes, aunque ya nadie pide voz ni sueña con palomas, pero hay cosas que nunca cambian en la vida. Le debo... Me debía este instante en que mirarte. Sin pretensiones, rezagado del intento... Te debía este pañuelo sí, se lo robé a tu olvido la mañana de entonces. Y lo guardé junto a tus labios, por primarios y vitales; porque me desalojaron la infancia con el miedo a perderlos.

- Vaya... Me dejas sin palabras. Te confieso que me emociona palpar lo increíble de esta historia. Siempre pensé que lo nuestro fue sólo una...

- No fue una. Fue la historia. Lo sabe el mundo, porque todo ser tiene derecho a tener al menos una en la vida y aquella fue la nuestra; la nuestra por diminuta y juvenil. Por insulsa fue la nuestra, porque no sabías besar y yo te abracé estrecha como el parque al amor ¿Es que acaso no lo ves? Todo luego ya siempre nació orientado, viciado de retoques. Cada boca, cada mano ya instruida... La verdadera belleza del poema está en la raiz, no en su mensaje, pero eso el cielo lo calla por miedo al amor eterno ¿Sabes? Todo cobró sentido aquella primavera, cuando nos quisimos sin saber querernos, como niños al acecho del destello, del centelleo que luego se nos colgó del pecho para siempre.

- No... No se qué decir. Creo que es lo más bonito que...

- No digas nada. Sólo debías saber que estás aquí; que siempre lo estuviste... que todos tenemos un pequeño gran amor que olvidamos en el alma al arrinconar su simpleza y yo, en cambio, lo aprecio tanto que necesito obviarlo por miedo a que me estalle en el pecho. Pronto marcharemos, como todos querida... Y tenías que saberlo, sólo eso. Saberlo.

PRESAGIO

"En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca".
Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español



- Ahora que los charcos no rezuman melancolía, que el otoño se marchó sin dejar rastro y todo huele a nuevo. Ahora que por fin te quiero como se debe querer pasados los preámbulos, necesitaba advertirte mi vida.

- Vaya, hoy no esperaré al embrujo del poema escrito, parece que solito revuela hacia mi oído... Cuéntame cariño.

- No, no se trata de eso, verás. Habrá algún día niña, porque siempre lo hay, al menos en mi vida, en que las conjeturas se tornarán irrevocable presente. Quiero decir, habrá un día en el que notarás que todo de pronto deja de girar. Que la calle enmudece al igual que tu vida y, en un acto reflejo, involuntario a tus desquiciadas ansias de pararlo, te alejarás de mí.

- Pero... ¿Me puedes explicar por qué demonios me sueltas ahora esta sarta de estupideces? ¿Es que acaso te he dado yo algún...?

- No, no, no... Te alejarás de mí. Sí, reina, lo harás... Por favor, escúchame. Necesito decírtelo ahora que nuestro mundo fluye en calma, porque va a llegar, por más que apriete tu mano a mi pecho, aunque le juremos nuestro amor eterno al protocolario sacerdote y luego te bese como tanto te gusta, desgastándote la soledad a punta de piropo... Llegará. Y es en ese día, cuando todo se nos rompa, en ese preciso instante en el que todo mi universo interior quede desahuciado a proyectos opacos; obligado a cesar su inconsciente e insaciable sed de amarte a todas horas; cuando sin darte siquiera cuenta te habrás marchado, y con ello, habrás desalojado del mecánico proceder de nuestros días el anzuelo que nos hizo ser. Y eso... Eso... Sería tan triste callarlo amor cuando nos barra como ignorar lo vivido.

- Pero no puedo creer...

- No, amor. Abrázame ahora. Aprovecha y bésame como lo has hecho hasta este preciso instante en que te aviso. Pero cuando todo se te quiebre ahí adentro, cuando te lata sólo por seguir viva y me mires como al resto de los hombres... Sí, cuando estalle la luna y tu paso ya no quiera aminorar el mío, recuerda este presagio. Porque nadie en este mundo podrá jamás quererte tanto como yo.

EL TIEMPO, TODO LOCURA

- Jamás me avisaste y lo sabes. Jamás tuviste golondrinas en los ojos caminando junto a mí, y sabes que siempre supe mirar dentro de tus pupilas. A mi no me puedes engañar, y menos de un modo tan caduco. ¿No alcanzas a entender lo que esto supone para mí…? No hay mayor dolor que el de un tiempo perdido sin sinceridad.

- No digas eso. Yo no podía, no… ¿debía? No se, las cosas han cambiado tanto… Éramos poco más que un par de alocados adolescentes. No entiendo porque te debe preocupar eso a día de hoy. Además, yo le dí tan poca importancia a mi secreto que hasta hoy no caí en la cuenta de regalártelo, poco más que de un modo anecdótico. ¿Cómo iba yo a pensar que te apenaría tanto el…?

- No sigas hablando, o al menos, evita apuñalarme por detrás. Ni siquiera tuve oportunidad de adivinarlo. No tuve ocasión de intuir ese hilo de esperanza en tu mirada, ni tú la soledad del rastro de miguitas de pan que me llevaba cada día hasta tu puerta para cazarte a la salida, planeando otra nueva excusa que darle a tu sorprendido rostro. ¿Sabes? Desde aquel verano tengo un empacho de rosas en la garganta, pero eso tu jamás quisiste verlo. Yo sólo fui el amigo perfecto. Estoy… abotargado de piropos que regalarte, de poemas arrugados y sollozantes en la papelera desde que llegaste aquella noche a mi vida como un ciclón. Como una de esas tempestades bíblicas, me arrasaste por dentro sin preguntar, sin pedir siquiera permiso para embelesarme de un modo tan sutilmente voluntario. ¿Cómo iba yo a saber…? ¿Cómo iba yo a sospechar que uno de tus pestañeos se había posado en mí aquel entonces? No puede ser verdad. Por dios, que no lo sea. Soñé ya tantas veces palabras como éstas, que ahora no me…

- No… No puedo creer que me estés hablando así. Sabes de sobra lo importante que eres para mí. Yo no pretendía dañarte, sólo quise serte sincera, por más demora que la timidez me haya obligado a sopesar todo este tiempo. Sólo te…

- Borraste ese reducto en que guardaba a pedacitos la autoestima, conseguiste arañarme en el alma sólo con el perfil de tu sonrisa, esa que compartías con el mundo. Me anulaste, me anuló hasta tu perfume, llegué a olerlo en todas partes… ¿Y dices que no debería importarme porque haya pasado un mísero puñado de años vacíos por delante de mi vida? ¿Qué habría sido de mí si me hubieras dejado treparte la cintura? Hubiera matado por ti.

- No digas eso, no es justo. Quizás, aunque en su momento hubiera encontrado las fuerzas para confesarme, sólo hubieras sido un mero antojo. Nadie puede asegurarte que…

- No te engañes. Sabes que de haberlo sido, me habrías salvado. Un antojo no es efímero ni perecedero amiga mía. Un antojo es la cicatriz que deja el deseo.

COGERTE LA MANO

- Ahora que por fin no es primavera, ni hace un día radiante de esos veraniegos que tanto suele gustarle a la gente, quería hacerte una pregunta sin importancia.

- Hombre, pues para no tener importancia, ahórrate el formularla. Malgastar palabras, con la magnitud que puede llegar a alcanzar el orden de sus letras, sería algo torpe por tu parte, ¿no crees?

- Bueno, quizá tengas razón, pero eso en ti, no sería una novedad. El caso, es que llevo demasiado tiempo buscando la razón por la cual me sigo poniendo nervioso cuando sonríes. No sé, supongo que suena algo cursi, pero esa pregunta que quiero hacerte me está llenando los carrillos mientras hablo, y estoy empezando a atragantarme con demasiada frecuencia…

- No entiendo nada, gracias por eso de la sonrisa aunque no depende de mí, ya sabes que yo sólo…

- ¿Quieres casarte conmigo?

- … ¿Perdón?

- La pregunta sin importancia era que si quieres casarte conmigo.

- Pero… Y… ¿Cómo me sueltas esto así, de un modo tan…?

- ¿Impersonal? No cariño, no te confundas. Lo digo por advertirte, por el simple y mero hecho de que una respuesta afirmativa acarrearía despertarte cada mañana conmigo, convivir con mis manías y acostumbrarte sin más remedio a ellas.

- Pero si ni siquiera nos… ¿Conocemos? Es una locura preciosa, pero ya sabes que la…

- Claro que nos conocemos, nos conocemos desde hace ya varias vidas, no estaba en nuestra mano y el destino aquella vez nos separó. Lo digo porque si dices que sí, nunca una sola palabra habrá sido tan importante en tu vida, que sería ya la mía, y quiero que seas al menos consecuente. Has de saber que deberás desterrar la soledad de tu cepillo de dientes si finalmente accedes, decorar la casa a tu antojo porque, al igual que en las comidas, soy mucho más que llevadero, y anclar en el pasado el silencio de la casa, porque eso sí, soy muy ruidoso. No ruidoso de portazos, tienes mi palabra de que en la noche soy un gato, uno de esos ladrones de guante blanco que tanto os gustan a las chicas. Digo ruidoso musical, te pasarás el día entero con el constante tarareo de canciones y la mesa llena de discos, incluso a veces; me emociona tanto una estrofa que rompo a gritarla y… Bueno, ya sabes, soy bastante visceral.

- Pero, no me puedo creer que tú… Bueno, la verdad; estés haciendo esto así, de una manera tan superficial. Creía conocerte tanto que…

- Querida, París vendrá después, después ya vendrán las adulaciones y las poesías. Ya sabes, toda esa parafernalia de las flores y las pasiones desenfrenadas que tanto nos gustan a los artistas. Ahora, de momento, valdrá mucho más que todo el triste oro de éste mundo una mirada sincera de aprobación, no te pido ni si quiera un beso que lo consume, porque sería demasiada responsabilidad para un primerizo. Yo sólo quería cogerte la mano y, cómo ahora, volver a sorprenderte. El día que no lo consiga, nos dedicaremos sólo a amarnos.