RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

AHORA

"Estoy solo y no hay nadie en el espejo".
Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

¿Y qué hago yo ahora con la nieve? Con las manos huérfanas y ciegas deambulando por la casa... ¿Cómo le rehuyo a este vacío cavernoso que se me ha clavado en el iris? Contemplando cómo una vez más se suicida el entusiasmo al esperarla en todas partes.

Cómo besarte soledad si no encuentro compañía conmigo mismo, si la hilaridad murió entre rosas y nada queda ya del todo compartido ¿No ves que apenas recuerdo siquiera ser? No hay nada más hondo que barrer del hombre su fe de sueños, como arrancarle al techo del mundo su luna de siglos, las ansias de hallar culpables para este quebranto de pavesas apiladas en el corazón alado. El vicio de la tristeza me ha partido la calma y sólo albergo estas paredes repintadas de nostalgia, apenas sí adivino un desconchón de lucidez presente cuando alguien pronuncia su nombre. Salió de mí con el destierro de mis versos, con la llama de estos ojos en una cajita sucia.

Los hombres vienen solos a este mundo y solos lo acaban por abandonar, pero fui un ángel en sus alas hasta olvidar la condena que acabaría por cumplir. La lloré fusilando sin piedad las alondras en la almohada y yo... Que vi alejarse su estela como dócil se confina el perro a la alfombra del recibidor. Yo, que por tener que nacer tardé algo más en quererla, que me ofrecía tan poeta a sus noches de luna y candil, dejé por siempre de amar a la vida... Y apareciste tú.

PRINCESA DE LOS TIEMPOS

"Lo que sucede hoy acaeció otras veces. Lo que se dice, sigue diciéndose y se dirá más adelante; lo que ha de ser, ya fue un día".
Antonio Francesco Doni (1513-1574) Escritor italiano.


Aprovéchame, quizás mañana ya sea tarde y me haya ido para siempre, vida.

Mójate de mí, como la arena besó la infancia de quien osa pretenderte. Dame de beber ahora, justo ahora, un trago del viento como si del último predicador se tratase, ese que desata invisibles las pasiones de los hombres de uno a otro confín. Dame un sorbo de tu tiempo, esa inmemorial savia que te recorre las entrañas, la que torna este mundo más y más viejo mientras vuelven a llover niños que poco a poco también menguarán más y más viejos. Déjame ser duende de las llamas, el que azote las candelas pero evite su expansión al infinito; hechicero que cauto albergue el secreto ancestral de tu danza del fuego. Necesito sentirme fugaz cruce de miradas que en su milimétrica fijación haga temblar los cimientos del cielo.

Aprovéchame princesa de los tiempos, sin dioses que juzguen ni pecados que desaprovechar. El prado que hoy floreces será tan yermo mañana como baldío fue ayer su retoñal reverdecer. Nada amanece, nada envejece. Estos versos ya lamieron otros mil labios con solera antes de nacer en mí, pero en este preciso instante soy el grano señalado del vasto desierto. Porque oigo el llanto del mundo en un ramo de flores y me enamoro del soplo que es vivir, pero es imposible cantarte vida un solo acorde sonoro por inventar, pues toda sutil melodía fue ya una vez parida tiempo atrás. Todo en ti germina tan remotamente... En senderos que hoy asfaltados fueron pasto de carruajes o en añejos corazónes que antaño como yo sedujeron a esta misma luna. Pero soy yo ahora quien los late, quien te los regala, quien te los ofrece con el ímpetu de las raíces del desierto, con el alma carcomida por las ansias de desnudar del pasado esa esencia de perpetuidad que te engalana.

La existencia no es más que el motivo de ser feliz, búscame en la razón de enamorarte sin pretextos, en el peligro de perdurar hasta mañana sin morir en el intento. Cada poema ya estaba escrito en el aire y viaja de nube en nube resbalando hasta una boca que lo quiera cobijar de nuevo, es sólo eso, el poeta y su obligación de volver a serlo. Yo sólo me obligo a mimar la eternidad del sentimiento sin contar mis años de vida; sólo la vida de los años.

DESPUES DE TI

"El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre".
William Blake (1757-1827) Poeta y pintor inglés.


Hoy te he visto y creo que ya no duele. No duele o al menos daña tu figura de un modo distinto, más pausado, como arañan las cartas desenterradas por descuido del cajón... Pero creo amor que ya no dueles.

Y quizá te quiera ahora más incluso que antes, por este querer recién nacido del cariño profesado, el que acuna tu bagaje a mi presente. Pero ya no mata la gloria de tu talle, apenas sí me seguirá encantando de por vida, como adoro la textura de un nube. Y decir esto es demasiado, una vaga certeza navegando un mar de dudas en su cáscara de nuez, pero al menos es algo y ese algo, demasiado más que nada. Un primer paso dubitativo, mentirosamente piadoso para conmigo mismo... Te vi doblar la esquina en un sueño cavernoso, hondo, anestésico y, con el alma en vena, me refugié en mi falsa seguridad para gritarte desde mi trinchera esta vacua afrenta al eterno vaivén de mi vida, ese en el que se funden los paseos de domingo con lirios de despedida.

Lo supe cuando en brazos de Morfeo rió tu boca de almíbar bajo el cielo de la luna, y la llaga tardó en doler más de la cuenta. Lo advertí en calma al ver posarse golondrinas a mi lado. Trinaban sobre cestillos de esparto y cipreses que han seguido creciendo en nuestra ausencia, sobre la ropa recién tendida. Rezumaban ese olor a ladera caminada, a plata de anillo y astillas en el corazón podrido de horas prorrogadas... Pero sus alas ya no eran nuestras. Lo adiviné en la caricia del aire, cuando te mesó el cabello y no te corrí esta vez impetuoso al rescate.

Cuando acurrucado entre nenúfares sorprendí al barquero cobrando a la niña bonita, apagué torpemente el cigarro y me perdí en estos versos, sosegado, vacío de prejuicios e indolente ante la negligencia de habernos dado al abandono.

OJOS PARA ELLA


"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".
Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.




Sólo tengo ojos para ella, por eso arribó ya en Abril todo un verano a mi puerto, las flores a su estallido de color y su perfume a cada hora de ausencia envenenada, doliéndose mi entereza feliz de saberse un verso en llamas para su oído. Por eso ya nada es en vano, todo cuadra y se desprende de un por qué. Por fin la libertad apetecible del vínculo inherente, el que amarra el planeta a la luna para mecer juntos el vals del oleaje; tan intangible como plácido duerme ahora el cariño en la punta de mis dedos. Y los bares se desolan de soledades encontradas, y los peces ya no anhelan mudarse de pecera, y esta almohada ya no alberga más puntos suspensivos...

Yo también dulce le susurro nanas a una estrella. Por eso tuve que venir a ella, para sanar de amor. Para bordar nuevos pañuelos y limpiar de polvo el rincón de la rutina, hastiado de esa impersonalidad caduca, borracha de nubes de paso. Porque al fin sonríe en mí ese yo tan audaz; el que ahora me detiene sobrecogido a contemplar un ramo de petunias nacidas tras la escarcha. Porque me nacen de nuevo canciones en la cabeza y no he parado de soñarla desde el primer beso, yo sólo tengo ojos para ella. Y por eso lo escribo, y por eso lo canto. Y por eso la aguardo a todas horas en cualquier confín del universo, anhelando su mirada para verme crecer por dentro, como zagal de última fila en un cine de verano. Fresco en el batir de los mares por surcar, ufano ante el destino que tenga que llegar; el que ya no importa porque se ha desvanecido su poder de convicción.

Yo sólo tengo ojos para ella y su andar tierno de tacones ingenuos, por eso ya no remiendo los labios del amor venidero; en sus suaves manos juego a despistarlos. Y escribo a todas horas, y se me atraganta el sueño; y me desvivo por vivir como en la vida había vivido. Por eso sonrío tanto y me parece algo mejor la vida, y me descubro sin lograr mirarme olvidando su reflejo. Y vuelvo a perfilarme la barba, y me preocupo fascinado por el color de las cortinas, y el de tantas sábanas heridas... Una epidemia de besos anda barriendo los parques y yo, sólo tengo ojos para ella.

LA SOMBRA DEL AMANTE

"No existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados".
Achile Tournier (1847-1906) Escritor francés


¿Y de qué nos valdría ser amantes reconocidos? Lo nuestro es mucho más que nacer o morir como hace el resto del mundo. Observa el fulgor de aquella estrella ¿Dirías que murió hace milenios? Pues sí, murió pero... ¿Qué más da, si aún nos ensancha el alma su resplandor?

¿Reconocidos? ¿Y por quién? ¿Y para quién...? Los amantes sólo son amantes de si mismos ¿Acaso el mundo tiene algo que objetarle a la infinidad del verbo amar? Verás. Yo no quiero un amor políticamente correcto, estipulado por pactos o acuerdos globales en base a lo que otros hayan convenido sentir en sus insulsos corazones ¿sabes? Sí, bueno... Espero no mostrarme demasiado torpe. Quiero decir, uno de esos etiquetado, acotado a que asienta complacido nuestro entorno al vernos pasear por primera vez de la mano. Niña, yo sólo puedo decirte que disfruté ensimismado con la gravedad de tu voz, ese aplomo ficticio delatado por tu compulsiva danza de cigarros; las pupilas que rehuían confrontarnos las miradas... Me enamoré de tu don, esa sabiduría inerme que te otorga el peso almidonado de los años que nunca alcanzaste a vivir, siquiera a cumplir vagamente. El arañazo de días gastados a la espera de todo, al cobijo de nada; con el miedo a la resta de días que inexorable y feroz galopa hacia ti.

Adoro creer en el valor de tus palabras al soltarse de tu boca por primera vez, como retoños recién arribados a este descorazonador mundo de competencias y sortilegios. Podría incluso llegar a quererte por tu condición de hechicera, por el hecho de olvidar tu cuerpo y no desear más que palabras con el mismo anhelo pasional que del sudor compartido se desprende.

Créeme, quisiera acunarlas en mí. De hecho ya lo hice al divisar tu primer paraje de ensueño, allí donde me invitaste a escapar de mi condición de mero peatón para tornarme prestidigitador de bellos versos; razonablemente dolientes... Pero el exotismo se me torna herida al volver a casa y encontrarla allí arropada, en silencio; con mis prendas recién colgadas y los sueños dormitando, alejados del sutil engaño que nuestros labios anhelarán por siempre consumar. Y no se le acerca siquiera a la pena este sentir que se me prende ahora a la garganta, lo confieso desnudo de halagos... Lo más grande de esta vida es mirarla feliz porque te siente enteramente suyo, plenamente imprescindible y necesario. Con su cepillo de dientes abrazado al mío y el defecto más bello mordiéndole la silueta. Al misterio de su boca de pétalos codiciando mi persona le sobra con ese yo que nadie más alcanzará nunca a querer.

TRES CORAZONES

"La intención de no engañar nunca, nos expone a ser engañados muchas veces".
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.


Tal vez incluso llegue a conocerme algún día ¿Imaginas? Ese día me desnudaría no sólo la coraza de cuero que ahora desvisto retraido ante ti, sino la afrenta de adivinarte unicamente en el reflejo del agua; ese en el que por fin me revelas mi cara más oculta. Hasta tan denigrante precipicio ha arribado tu velero de lágrimas negras, silencioso en su deslizar de aguas revueltas para atracar por fin pernicioso aquí, justo a la derecha de mi coherencia grata para envenenarme hasta los suspiros que del alma broten. Sin embargo, no podré esconderme toda una vida de mí porque la vereda lejos de ensanchar al galope de años, va ciñendo su recodo con aprecio a uno mismo, con carencias y virtudes al unísono, huyendo del matiz del voto ajeno.

No eres más, querido yo, que mi juguete roto, vacío e incoherente. El que malvive rebosante de miedo y me abandona de nuevo dejándome tan sucios los rincones del alma... Al amparo de nada, no hay mayor espanto que el saberse obligatoriamente vivo. Sólo das la cara ante el espejo, maldito lobo cobarde a la caza del aire, y te mueres iracundo por mostrarme esos colmillos que te relamió mi luna, la misma ramera que luego me revuela de versos la pluma al atardecer del nuevo día.

Tal vez... Tal vez las aceras se me llenen de recuerdos a tu paso y los portales de aquellos besos tiernos dados a precio de nada. Pero ahí, agazapado tras un reflejo, eres un mero vencedor vencido. No depondrán mi trono tus tempestades de nostalgia por más fotos grises que desempolves, ni tu obsesión por derrocarme fuera de mí a golpes de llanto, de un modo tan ruín, como cobarde es ahondar en la llaga de un recuerdo enterrado, como a la noche le grito cuán ciego y oscuro me tornaste el universo; sólo camina el hombre en su huida del hambre...

Tal vez la juventud caduca me robe de nuevo el presente en tus labios, con tu perfume inmortal de tacones y sábanas en llamas; de cuerpos en los que volver a florecer para hallar el pasado que jamás alcancé... Pero nadie sobrevive con tres corazones querido enemigo; demasiados latidos para tan vaga certeza.

ME FUI

"No tenía miedo a las dificultades, lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros..."
Paulo Coelho. Escritor brasileño.



Nunca debió nacer esta carta ni tu pupila morir en su cuna, pero hoy te abandoné porque eras tan perfecta que necesitaba hacerte olvidar quererme.

Marché lejos mientras doblabas mi ropa. Me fuí para palpar de nuevo celos acurrucados en el baúl de la memoria. Para fusilar la demagogia que escondía el amarnos tan bien, esa orden de adorarnos, la simetría tan exacta de tus huellas en la arena... Necesitaba desempolvar de excelencia mi desánimo, sentirme huérfano de besos una noche para ver escapar la vida de nuevo; para temer este aplomo por fin en el guiño de cualquiera. Precisaba tu enojo de manos inquietas al hablarte de otra, que me obligases a huir de mi en cualquiera de mis torpes manías; ya no me mirabas cuando no te miraba, y no dejaste elección a mi partida. Me urgió dolerme un poco para ver si realmente soñaba. Uno es siempre tan imbécil...

Sólo quería unas manos torpes que se acobardasen al llegar a mi ombligo, unos dedos que tímidos enjaulasen de nuevo los pájaros de mi cabeza. Quería que rieses porque te estallara la boca, no la sonrisa poblada de nácar. No quería tu cintura de cielo, ni ese verso tan certero, ni el perfume próspero de un futuro concertado tan sujeto al presente, tan protocolariamente estipulado.

Jamás lo entenderás, no podría pretenderlo. Es algo que nace dentro y aprieta aquí, justo bajo el corazón. Tenía que volver a peligrar ante el fracaso querida; perder a la mujer de mi vida de este modo tan despiadadamente egoísta... Vine al mundo a serme fiel, fue un pacto de principios y hoy obvié la pena. Ódiame por siempre, pero el latido lo necesitaba amplio, vertiginósamente vivaz, tan descorazonadoramente verdadero que arrasó con tu mitad.

Quería ver girar el mundo desde mi balcón, sentirme solo ante el mañana en mi cabaña de escombros, desnudo ante la brutal embestida del tiempo. Tuve todo y me pudo la tentación de perderlo sin motivo alguno. Lo vi aquella mañana en una bandada de gaviotas amor, y se suicidó la duda.

LA EDAD DEL CORAZÓN

"La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven".
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.


Yo por este entonces ya ves, aún sigo vivo de milagro, a pesar de los mil años ajados a mi frente ¿Y cómo demonios iba pues a cortejarte? Amarte es empeño de jóvenes altivos; campaña para esos azarosos engreídos que empeñan su vida agasajando a la diosa juventud. Ella y sus piernas de antílope dorado sesgarán pronto de cuajo éste parsimonioso andar mío, y su deambulante paseo final por la cola de la vida la sumirá por fin, como a tantos otros, en el olvido más denso y desolador.

Necesito tus ojos para comprobar certero que aún les caben los míos, en el reposo que nos ofreciera el ámbar de un semáforo, apenas en la fracción de tu saludo; no más crúzame la acera para anudarme al menos por ese instante a tu brazo. Déjame paladearte el desvanecer de aire fresco en la hoguera de los años, en la quema de momentos ingrávidos; aquellos en que todo era por algo y tan absurdo, tan estúpido cavilar... Aquellos en que muerte no sonaba ni a horizonte, ni contaba otro día, ni llegaste a este mundo a esperar que te hallara. Ya ves, se me ha ido la vida planeando vivirla, en un ratito aquí, con mis veinte años arrugados entre esparto y aguaderas.

Cásate conmigo amor. Lo maravilloso de ser viejo es que por más que ahora te empeñases, no podrías serlo. Mi bastón sabe tanto del mundo que te queda por caminar como de estrellas la luna ¿No es asombroso llegar a este puerto queriendo querer tanto? Ya adolecen de vigor mis brazos, la voz se me timbró otoñal con cada navidad y la lengua estalla a veces en rebeldía cuando el corazón me grita que te adore un poco menos; pero cada día te seguiré aguardando en el parque querida, en mi banco quejumbroso y harapiento de astillas, a la espera de que me abanique el día una sóla de tus pestañas ¿Cómo va uno a morirse dejando un propósito tan firme en el aire?

Podrás amarme o no, pero nunca me llevarán a un depósito de ancianos como castigo por haberme dejado envejecer.

LENGUAS DE BARRO

"Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero".
Marco Tulio Cicerón (106-43 AC) Escritor, orador y político romano.




Aún recuerdo los cuerpos vacíos de sobras. Ingrávidos, extenuados, celestiales tras el fragor de la guerra de pieles. Con el aliento a la deriva el cansancio se nos tornaba desplome bajo sábanas de olas. Y tú me acariciábas el pelo con el mimo de las petunias, y el alma pausada, confortablemente limpia, abría de par en par los balcones del universo. Y nos abandonábamos al sueño reparador de los bebés tras los arañazos salvajes, acomodando tu vida a la mía en el abrazo de las noches de invierno, descalzos, arropados hasta la boca. Con el deseo agazapado tras los dientes, a sabiendas del voraz despertar que nos heredaría la luna.

Como volara el amor dentro de tu pequeño vestido, por poblar de siglos la memoria de cielos coronados, así desgarro mis mañanas quejumbroso, abotargado del hastío insolente que me escupe tu ausencia. Como te cazara con las manos sorprendidas, los gestos precavidos y el amor desnudándonos los días, así me abro el pecho en busca de tu latido, cada vez menos distante y difuso, acompasando la prudente urgencia de olvidarte.

Cuerpos de saliva que desatara el recuerdo a esta raída soledad. Boca fértil la tuya, que al pasado arrebatara su pasada dicha eterna; desterrándolo entre lunares y salitre a la periferia del presente más vivaz. Lenguas de barro que volaran de nuevo a lomos del viento, con el capricho animal desenfrenándote la nuca; restallándome a mordiscos el ansia de pecarte la inocencia.

NIÑA DEL AIRE

"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso... ¡Qué soledad errante hasta tu compañía!"
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.



Hoy quiero mesarte esa sonrisa niña del aire. Rescatarte del mundanal ruido anclándote a mi pecho y rodar como animales por la escalera, ahora que el ojo de mi huracán le ha guiñado a tu sonrojado barquito de papel. Hoy quiero ofrecerle al universo tu huella de juventud embelesada, la altiva talla de tu alma, esa que perfumó de locura anoche mi almohada. Y quiero avistar el cielo recien pintado de otra mañana en tu regazo, ese suave edredón de nube nacarada que te envuelve los latidos. Y quiero llevarte presuroso a mi playa calma, a la harina que lame su orilla, como sólo un hijo ansía mostrar las sencillas proezas, titánicas en labios de su fantasía. Y quiero anudarte a los vientos para que azoten el henchir de tu pareo y desmelenen tu blanca blusa con la furia de los siete mares, aquellos que me acunaron el crecer.

Hoy quiero deslizarme a tu sendero y olvidar al olvido en cualquier estrella fugaz que nos sobrevuele. Y desbordarle de cariño al universo el amor por las pequeñas cosas, con la sutil perfección armónica de un piano; llorar cada lágrima encajada en tu pupila con el dolor que te duela. Despedir a mi mismo dueño para sentirte plenamente fresca y danzarina en alas de mi voz, para abandonarnos río abajo a su corriente con el equipaje rebosando miedo a nada; para desprenderme de las miguitas de quicio que me impide albergar tu boca de besos. Hoy quiero temblarle a tu llegada, como el chiquillo que me renace dentro al amanecer de enero, con las manos ansiosas de deseo y el corazón encabritado; con la noche volcada, su luna derrapándote la espalda y el eco de otra vida en gritos de ésta ya gastada.

Y, al mirarnos dentro, pediré que te abandones al horizonte, allá donde bergantines libraron mil batallas y corsarios lloraron botines arrojados a las babas del mar. Porque a esa cuna de las estrellas lancé antaño mi botella y hoy, sin saberlo, susurraste a mi oído su mensaje.

CUANDO VUELVE EL AMOR

"A fuerza de hablar de amor, uno llega a enamorarse. Nada tan fácil. Esta es la pasión más natural del hombre".
Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.


¡Rápido, huyamos hacia el pasado presente que apacible descontaba días, que robaba labios caprichosos; que coleccionaba corazones de alquiler! ¡A prisa, se desboca la mente, zozobra la confortable rutina de ver pasar la vida en los ojos del mundo! ¡Vamos! ¡A las trincheras! ¡Se avecina el amor en estampida...!

Se le agotan los plazos de espera eterna a mis amantes aún encadenadas, respiran por fin sus hombres en casa. Tanto tiempo a oscuras, tanta ensoñación; tanto vaticinio tornado equívoco y aún no lo atisbo, pero lo sé. Lo sé porque anoche me tembló el pecho, porque me asoman los dientes en el espejo; porque Abril ya ni siquiera me asusta. El alma errante no se engalana, pero se ve guapa de nuevo y los parques se le llenan con los mismos niños que estaban, pero no veía. Sé que de golpe va a llegar galopando frenética la ola engulléndome la vida, destrozándome las penas, ahogándome las dudas que hasta ayer me atormentaban... Y no sé cómo pararla. De pronto, esta mañana no quería más lienzos que pintar, me sobraban los colores que se derraman y huelen a jazmín. Y noté ese amor, noté que se impregnó el aire a sabiendas de la eterna duda que alberga la certeza absoluta, pero ya no comparé porque me latió un bolero y quise por fin cantárselo a mi oído.

¿Sabe uno cuándo vuelve el amor? ¿Viene de golpe el aleteo de mariposas? ¿Y acaso importa...? Sálvese quien pueda. Nadie lo escucha, nada lo intuye, pero yo oteo en el horizonte el ensordecedor avanzar del cosmos hacia mi cuarto. Sé que llegará devorándome el ocre repaso de cartas marchitas, el perenne plomizo cielo de mi ventana. Ya no temo equivocarme porque no está en mí. No soy yo, es mi boca la que muerde felicidad y mis manos las que no paran ya quietas... Sé que llega, sé que estoy perdido porque cada vez la olvido menos... Y la olvido más.

SOÑAR EN VOZ ALTA

"Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista".
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.



Por soñar, una mañana soñé limpiar de polvo los rincones de la memoria, aquellos en que acumulaba peceras vacías y domadores de fieras aladas. Soñar es la obligación del ser humano. Escapar más allá del firmamento que nos cubre para oler los melocotones maduros, las virutas que murieron de pena en el pupitre.

Por soñar, yo avisté Alejandría desde el balcón de mi cuarto, vi en el talle de aquel cuerpo el vértigo de asomarme al universo y contemplé soberbio Minneapolis en este simple hormiguero. Yo vi la sonrisa de la vida balanceada en un columpio rojo, arder amantes en la quema de pecados y llorar a la luna en mi barquita de madera. Yo vi campanas en un mero rumor de cascabeles, la muerte en un abrazo vacío y a mis ojos, no les quedó más remedio que derramarse hasta las manos para contar en arañazos de tinta todo cuanto callaba el mundo.

Y así, soñando soñar me hice novio del poema; del paraje al que arriban sus alas las aves de paso. Y crecí de la mano del hermano mayor que nunca tuve, ese que en su Locura Ordinaria tejió prologando con mesura los patucos de mi niño, éste que tras los benditos malditos dolores del parto acaba por fin de llegar al mundo de los mortales, con la única ambición de posarse en ojos amigos. Ojos que lo mimen, que valoren el empeño de latir en las pupilas; que besen y expriman de la melaza a la taciturna tristeza las hojas de su corteza y ramaje.

Por soñar, esta mañana no sólo soñé desempolvar el retrato de la memoria... Cumplí mi sueño.

EL ENIGMA DE TU BOCA

"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió"
Joaquín Sabina. Maestro de maestros

Salta a tiempo, no huyas hoy de mí por dios, al menos no en este mero instante en que te pienso... Comparte corazón y aliento aunque ya ni lo merezca, aunque ya ames con locura y no recuerdes ni mi nombre. Auxíliame del recuerdo juvenil, ese que mata. Sálvame por este segundo en que atravieso fugaz la estela del reloj que un día hizo del pasado pasado. Ríe de nuevo conmigo a pesar de reprobártelo, tiembla en mi hombro mientras maldices serme grata; pero deja que me siente un segundo a tu lado en nuestra escalera; aquel sucio confín donde la noche invernal tornamos primavera.

Vuela, vuela hasta mí en este momento cobarde en que te he vuelto a echar de menos. Ven deprisa y sin remedio, desde cualquier lugar en el mundo en que te halles. Quema tu trabajo, déjate enmarañado el pelo y ven aprisa porque el velero es melancólico pero no entiende de zozobras; mantiene firme la vela a pesar del odio compartido amor. Sí, nunca supe mentirte, mato las horas sin recordarte siquiera. Beso templanzas en ojos de mujer, acumulo semanas enteras en brazos de cualquiera sí, pero lloro cuando veo enamorarse al nuevo mundo en los parques. Lloro en silencio, en cualquier iris almendrado de mejillas sonrojadas. Lloro en las pupilas del muchacho que aun llevo dentro, con la estupidez macabra de añorar todo cuanto jamás sucedió entre nosotros. Y pienso en tí como lo llevo haciendo esta media vida sin que tú siquiera lo intuyas, a la espera de olvidarte para siempre jamás; y cuando lo hago, se me hace tan vieja la casa... Vamos, hazlo por mí, por un detalle que antaño valorases de mi alma de caramelo, por la inocencia de aquel beso de zagales; por lo que más quieras. Salta.

Necesito olvidarte tanto que me asusta pensar pensarte hasta el otoño de mi vida. Me urge descifrar el enigma de tu boca; ese de labios comunes y lengua ordinaria. Si al menos fuese una boca de ángel hace tiempo que hubiese vislumbrado un retiro para este latido, pero fue lo corriente de tus pómulos, tu nariz de cualquiera... Esa sonrisa tan universal la que me desconcertó para siempre por vivir condenado a encontrarla en todas partes, y en ninguna.

LA VOZ DEL DESIERTO

"La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez".
Winston Churchill (1874-1965) Político británico.




El pequeño Iyad supo aquella tarde que hay rincones del universo a los que nunca vienen a morir los años. Su abuela Keira por fortuna fue una grata excepción, estaba muriendo bien, rodeada de los suyos, con el único modo de paz posible, la que mandaba en velero hacia las aguas del Bahr Al Mil ese longevo sueño en su Karbala natal; la paz consigo misma. Por suerte, se abandonó a la inconsciencia justo a tiempo para que sus pupilas no alcanzaran a ver saltar por los aires la casa de su infancia.

Su tío Hassan, aquel cincuentón parado, le hizo jurar aquel año que lucharía por la libertad y la democracia en su tierra, la última frontera hacia la hipócrita cordura entre hermanos de piel y sangre. Un mes antes de las ansiadas elecciones apenas ardieron los rastrojos de su débil corazón y el pequeño Iyad contempló en primera persona cómo desde el borde de la cama se le iba el único anclaje que aun lo sujetaba a la vida. Su pobre tío no supo morir. Llevaba una semana muriendo mal de neumonía, como un perro. Tantos años pisando las calles sin saber si regresaría a casa, y a última hora no supo fallecer del modo ejemplar que siempre soñó mostrarle a su sobrino. Murió entre lágrimas, desquiciado y malherido de pena. El aroma de la pálida inundó cada recoveco de la estancia y a la mañana siguiente sonaron de nuevo las sirenas en Bagdad.

Aquella tarde murió elegante, despacio, tan sutil que apenas pudo Iyad percatarse del manto de luciérnagas que en cuestión de minutos lo cubríó por completo. Le inundó el recuerdo de antaño, el de siempre, sus padres y aquel mercado. El suelo poblado de cáscaras, astillas y un diario con la guerra preventiva en llamas. Aquella tarde anunciaron un 62% de participación, esta vez los suníes obviaron el boicot para sumergirse en los comicios, y comentaban las ondas que el terror había sido por fin vencido. Pero Iyad ya había aprendido a huir de las falacias, la libertad nunca se posaría en su barrio y esta vez, no tembló al cruzar frente al convoy.

Al pequeño Iyad nunca le preocupó la muerte, porque cuando estuviera, él ya no estaría. Aprendió a vivir atado, zozobrando entre la arena pero por fortuna, cayó feliz de cumplir su promesa a Hassan; el suicidio siempre fue una muerte libre.

A LA MEDIA LUZ

Y no eres sólo la paz de tu alcoba, las zapatillas dormidas bajo el edredón; una factura friccionando la puerta... No eres tú la tristeza pendiendo del techo, porque sólo has aprendido a convivir con los miedos que te azotan en la cama. Cada cierto tiempo te convences de volver a sentirte dichosa por tenerle a tu lado, tan varonil en su condición de hombre de tu casa, con todos los buenos recuerdos que te has obligado a etiquetar como imborrables. Quién sabe, incluso hubo mañanas de ramos de flores, algún beso disfrazado de ternura en navidad, caricias en la ducha y el hombro que aquella tarde cobijándote la lluvia logró poner a prueba tu cordura; pero el reloj no deja de marcar las horas querida. Cada minuto siempre te ha durado sesenta segundos y es tan triste, tú lo sabes. Con lágrimas en el estómago vuelves a perderte agachándole la cabeza a un corazón marchito de latir. Llevas queriendo que vuelen media vida y sin embargo, ahí siguen los malditos segundos al compás de siempre, el del inconformismo perpetuo. No lo niegues, palpas la urgencia de gritar desde tu ventana y debes hacer algo antes de que llegue el día en que te asesine el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.

Y claro que lo quieres. Es inocente por no hablar tu mismo idioma, culpable de los malos humores pasajeros sí, pero esos se diluyen, ya lo sabes. Él es bueno, no tiene la culpa de mirar la noche sin reparar en las estrellas. Él no vendrá nunca a invitarte al silencio de oírte respirar, pero no puedes culparlo de nada, lo quieres a tu modo, o más bien, eso quieres creer. Y lo quieres creer, porque necesitas creerlo; porque la maleta rebosa de años cumplidos de la mano y sería una estupidez buscar la felicidad en otros mundos.

Antaño fuiste joven, ya no sirves para eso ¿O acaso sí? Sí, eso es lo peor… Saberlo con la más absoluta certeza es terriblemente desolador. Plantearte la pregunta es disecar la mariposa que os quedaba. Cerciorarte de que no es este el querer que llevas pretendiendo toda una maldita vida es admitir el aprobado raso ¿Para qué vivir entonces sino para jugarse el suspenso a cambio de una matrícula de honor?, ¿Acaso hay dignidad en contemplar la vida sin el ansia de devorarla? Tú no necesitas querer, tú necesitas palpar que adoras. Necesitas olvidar que admites en la madrugada llorar si el amor te faltara tan sólo un minuto; y te remuerdes cada palmo de piel buscando a tientas la salida. Pero no hay más, la salida no se busca, está ahí, frente a ti, esperando que la cruces para que la luz te ciegue de nuevo. Para abanicarte de nuevo con los peligros del mundo, con sus brutales caídas y sus trepidantes recompensas. No naciste para cambiar el mando de lugar y acicalarte en nochevieja.

La cobardía es el disfraz de la mentira y para vivir una mentira, sólo hace falta creerla.

VIVIR CONMIGO

"La poesía se escribe cuando ella quiere".
José Hierro (1922-2002) Poeta español.


Dios descuidó quitarnos la codicia de las manos y trepamos hasta el cielo para sentir la tristeza de tenerlo todo.

Por descuidar ofrecerme la voz del mundo, ya no pude dejar de oírla en todas partes. Olvidó demoler las estaciones, las cartas que lloran en los cajones; descarrilar aquel tren que antaño trajo la paz a mi vida. Olvidó llenarme la cartera para recordar que fui el pobre más feliz del reino, descolgar del cielo la luna para abandonar a tientas la esperanza de recuperar cada beso perdido en el camino. Olvidó enseñarme a vivir conmigo.

Olvidó olvidarme la infancia para siempre tener presente echarla de menos. Por descuidar imponerme un casamiento o mil amores que fugaces me encanasen los cabellos del alma, muero y nazco cada día al discernir en la contienda. Descuidó esquivarme la belleza más perecedera, atrapar al vuelo las maravillas que cada día despliega en estruendo la vida. Descuidó hacerme esperar siempre algo de todo para sufrir sólo justo lo necesario. No me hizo más opaco al dolor ajeno, más extraño al universo de las pequeñas cosas, menos soñador para lograr pasar sin dejar huella… Olvidó colgar mi antiguo retrato del espejo, desanudarme el pasado del presente y el presente del futuro para por una vez poder pisar en firme. Descuidó cubrirme de ignorancia para no temer al paso de los años y anestesiar al que hilvana mis letras para hacerle parir versos mundanos.

Sin embargo, susurrando, me hizo aprovechar la danza del viento para oír a las nubes y la raíz de aquel árbol para anclarme a la vida. Hoy también desgarraré el corazón de varas de mi paraguas para bailar bajo la lluvia, porque por suerte, seguimos jugando.

PALABRAS DE CARAMELO


"Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena".
Paulo Coelho. Escritor brasileño.


Pídele que no vuelva a sonreir así, como sólo lo hacen al abrirse las flores en primavera, o estarás jugándote la vida al todo o nada desde este triste balcón. Apresúrate, aun sigue durando un segundo cada segundo y debes cambiarlo… Corre, piensa una de esas torpes poesías que tantas veces guardaste en la mesilla ¿Sientes cómo el aire está apunto de quebrarse?.

No recuerdo esculpirte este rostro estúpido de un modo tan inoportuno, arriba maldita sea... ¿Qué podrías hacer si de pronto ahora ella te mirara? ¿Cómo ibas a evitar quererla por el resto de tus días? Amar es temblar de por vida ante la siguiente despedida, y tú te mueres por hacerlo. Sí, imagínalo, justo ahora, mientras recoge amapolas y las siembra en su divino regazo. Mientras despide a la floristera y se embarca en una nueva ensoñación diluyéndose entre el gentío... Si te regala una mirada en este preciso instante correría despavorido tu aplomo hacia ningún lugar. Matarías por mesarle el pelo tras la oreja y lo sabes, pero tú prefieres creer que no es ella. Prefieres pensar que es demasiado joven, demasiado alta o demasiado bella para ser ella, pero ¿Dónde andan metidos en este instante tus grandes problemas? Sí, esos de los que ni en sueños logras desprenderte... No hay migajas de tristeza en tus pupilas, es maravilloso... ¿Dónde ibas a robar la hipocresía suficiente para tornar recíproca su indiferente mirada? Vamos, bésala idiota.

Bésala maldito cobarde, a mi no puedes engañarme. Mira esa boca… No podrías atender a sus palabras porque andas absorto en el brillo de sus ojos, totalmente fuera de ti ¿Y pretendes creer que seguirás vivo cuando la pierdas de vista para siempre sin saber tan siquiera su nombre? Desesperado por cumplir digno tu papel en este estúpido teatro de modales protocolarios olvidaste lo primordial de la vida. Para perderla sólo necesitas haberla encontrado… Vamos, salta, leva tu alma al universo, dile en tu titubeante primera palabra que la amas como jamás amaste a nadie, fusila los preámbulos. Adelante, tírate y haz por una vez en la vida algo por ti. Basta de embustes, date la oportunidad de ser feliz o equivocarte en este instante en que se para la vida para bifurcarse en el tren que ya escapa y el que, sin mas dilación, has de tomar.

Sabes que ya estás perdido, te han gritado los dedos amigo mío, ya no hay vereda de regreso. Sujétate el corazón, que la vida te acaba de estallar en su sonrisa; y lo mejor es que lo sabes.

CORAZONES DE COMETA

"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo".

Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.



Aun me encuentro entre los vivos, quejumbroso entre los hijos de la tierra que malcrían corazones de cometa. Cometa que logra volar a ratos, una vez al mes o tras una tarde de tormenta; cuando el capricho del azar le da el permiso para ascender. Pero nunca lo hará libre, ella no vuela. Ella, se deja volar.

Yo vuelo. Vuelo por amar tanto a la vida como la flor odia la guerra. Me enamora verla beberme despacio, de un modo tan elegante que apenas surco el día ya me muerde la noche. Adoro sentir cómo me duele cuando le ensucia los labios a la suerte, cuando me deja desnudo ante el sol y una lágrima acaricia el contorno de mi sonrisa rota. A veces siento su crueldad tan pura, tan salvaje en su brutal imparcialidad ante los hombres que me restalla el pecho por sentirme vivo; tan vivo… La imagino nadando hacia mí, con el suave ondular de una pluma abanicada por las olas y me siento grande, poderoso al saberme el ingenio dormido, pero latente por siempre en mí.

Lo importante no es caminar poeta, sino saber que existen otros mundos a esa hora en que se relame la madrugada; cuando los pétalos se tornan ásperos y las estrellas se descuelgan ebrias del firmamento. Yo vivo a cuatro metros de la arena, confeccionado para propósitos altivos, inaudibles al oído del mortal. Nunca caminaré al trabajo sin importarme; perseguir un destino sin anhelarlo es arrancarle de cuajo los años a la vida. Galopa tiempo intratable, pronto me harás viejo y olvidaré por siempre la primavera, pero al girarme, ya nunca tendré vidriosas las pupilas. Estoy hecho para llorar el pasado divino y clavarle dentelladas a ese horizonte a donde todos van y nadie regresa. Hecho para asesinar por la espalda a la gris anhedonia que tiñe de llanto la chaqueta del viandante; para empaparme de la lluvia que todos rehuyan, de la nuca que nadie mime… Yo sólo le temo al olvido.

Y habrá un tiempo para los olvidados, para los corazones degollados. Y despertaré una mañana con la certeza acuciante de que existe esa muchacha que la noche más inesperada me devolverá la mirada del universo entero, y me agarrararé frenético por fin a la existencia como el pecado a la fe, y le juraré amor eterno a las golondrinas que me sobrevuelen, y habré de frotarme entonces tanto los ojos; tanto amigo mío... Necesitaré la lluvia para gozar del cielo azul y una mano que firme me acompañe en el camino a la locura. Adelante...

A TI PAPEL

"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando".
Pablo Picasso (1881-1973) Pintor español.


No pude callarlo, se me azoraba el sueño al recordarte triste. Porque sé que lo estás a pesar de ofrecerme siempre tu blanca sonrisa, a pesar de que nadie siquiera alcance a sospecharlo, ni tan siquiera tú que en mis manos juro volverás a florecer preñado de tinta. Porque eres el sustento de mis sueños, a veces nutre la demora. Las musas en crisis son una espiral sin recodos, y en su tormenta nadie sabe estar contento con nada porque por naturaleza tendemos a arañar ese pedacito más que creemos necesitar, pero es eso lo único que te sucede ésta noche hermano mío. En unas horas volveré por fin a vestirte de gala sólo para mí, porque sabes que yo no osaría regalarte por premura un arrullo de otros labios, unos versos de cuneta; un amor para salir del paso… Por desgracia, no soy así.

¿Sabes? Demasiados pocos nos detenemos ante la vida a reparar si un desierto puebla nuestro equipaje, o si por el contrario, resulta que la saca se nos desborda con tanto bagaje. Olvidaste meditar que cuanto sobresale no es más que lo que alcanzan a ver los ojos del recuerdo, pues todo un universo de profusas horas prodigiosamente felices nos acompaña allá donde fui lamiendo a carboncillo tu atávica piel de madera. Huye del amparo de creerte desdichado ante el atroz afán de superación pues, lejos de mediar entre un dios injusto y el término destino, nos colocará más al filo del abismo si cabe, desgarrándonos incautos a jirones la templanza que tanto abrigó siempre nuestra inspiración. Yo jamás te saldré presuroso al rescate, sería traición amando tanto el fuego lento.

Remansa la exigencia y vuelve a embarcarte en los ojos de una linda zagala, de ese sabio anciano que te observa en el confín del planeta. Libera las alas y vuela de nuevo, prominente o raso, pero vuela. Prueba a esconderte una vez más tras mis palabras, se que adoras el roce de las pupilas y aquí estarás a salvo, pues el viento del norte siempre pasa de largo por mi paraíso. Caliente al abrigo de mis letras, guarecido de las miserias que proyecten las bocas del mundo, deja que te arrope con mis dibujos a mano del mundo pues sólo escribo para ti, como siempre; y esta noche amigo mío volverás a soñar con alondras acurrucado en la cola de mi gatita de angora.

AL OTRO LADO DEL ESPEJO

"Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más"
Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.



La etimología del deseo es mirar a los astros, por eso adoro tanto coquetear contigo luna.

Prohibir implica desatar la lujuria. Somos fieles amantes de la negación, ella tiene la preponderancia para despertar a la fiera latente que todos albergamos a la derecha de nuestro buen obrar, de nuestro dialogante proceder. El gozo es la vulneración del tabú y cuando la bestia abre sus fauces con el vaivén de tus caderas la ciudad mengua, se merma el tumulto de los bares y la música se atenúa hasta volverse inaudible a los oídos del animal que regresa de tiempos inmemoriales con pecado en la saliva.

Es entonces cuando las gotas de sudor en tu espalda son lágrimas de santos ahogados en un mar de lascivia; el erotismo nos muerde la mirada y ciegos saltamos al otro lado del espejo, ese en el que la obscenidad nos cabalga trepidante las venas, ese en que amarnos o no ya es lo de menos. Allí, donde salvaje arde en llamas tu ropa y se te inflan las pupilas de frenesí por abandonarte al desenfreno, matarías por hacerme daño con tu arañazo de gata en celo. Ven sin miedo, sabes que me muero por temblar tras la contienda. Porque te encanta sentir cómo me recreo en el último botón, esa frontera que ya nadie te paladea. Vamos, grítale al alud tan fuerte que retumben los cimientos del cielo.

Allí, donde moran los corazones sucios y se suicidan los boleros quisiera yacer contigo esta noche amor, carnívoros hasta que el diablo nos de escobazos en el techo.

MENTIRAS PIADOSAS

Créeme. Quisiera echarte menos de más, pero no podemos agarrar las nubes, es el idioma de los suspiros ¿Sabes? Ayer robé otra rosa, y tampoco era para ti. Mañana tampoco lo será y morirá marchita en su derroche de fragancia sin que por ello fuese menos embriagador su perfume; simplemente, floreció en el momento equivocado. Si quieres puedo hacerte sentir mejor, te regalo otra caricia, pero no dejará de ser cierta mi palabra. Nada bello puede tener dueño, por eso debes aprender de los errores.

Lo intentan, pero no alcanzan a endulzarte mis labios. Sabes que dormitan cuando tus ojos les hablan de amor. Es la elegancia de un corazón tibio lo único que nos ata, yo nunca podría mentirte. No quieras naufragar en un engaño, podrías obligarme a ser piadoso, pero nunca a enamorarme. El mundo merece mucho más que unas manos disecadas, mira cómo vuelca al mar su cauce el río y volverás a creer en el milagro de estar viva.

Uno debe pasarse la vida en busca de la felicidad a sabiendas de que nunca llegará a besarla en los labios. El camino es lo que cuenta y sus trabas, las que uno quiera siempre padecer; si no me crees mírate dentro y escucha el grito. Hemos venido a este mundo a disfrutar de sus colores, a respirar; todo lo demás es puntuable por cada subjetivo baremo personal. Hay que morir y resucitar desnudos cada día niña, pero sólo el sabio consigue vislumbrarlo con total claridad. Yo también tengo frío, yo también me paso las noches rompiendo poemas ¿Sabes? Por desgracia nunca valdré lo que valga tu pena y no por ello debes dejar de sentirte dichosa. Eres demasiado preciosa en tu sola condición de persona, no dejes que nadie te robe la alegría porque sonreír, es el único modo de escapar del destino.

MADRE TIERRA

"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa".
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán.


Fue vuestra vida un ingenuo devenir de días, la eterna didáctica empírica de los dados sobre mi tablero del mundo, ese que os alimentó desde el principio de los tiempos. Fuisteis tan necios hijos míos… ¿Vosotros? Vosotros no podéis hacer ya nada, o más bien, nunca supisteis hacer nada. Bueno, mejor aún; no quisisteis hacer absolutamente nada cuando aún hubo esperanza. Aferrados a vuestro rol de misántropos granitos en tan magno desierto disteis cada noche de beber a vuestras sedientas conciencias, pero no habéis de confundiros; ni siendo tan estúpidos lograsteis engañarme. Lo sabíais, lo palpabais en vuestros desvelos. Esta canallada fue obra vuestra ¿Por qué anclasteis sino tras mi grito del suelo la mirada? ¿Cómo pudisteis dejarme morir de abandono malditos?

Fuisteis meros contempladores de las colosales crines de la existencia. Divisando apenas la punta del iceberg codiciasteis presurosos los galones, sin pararos siquiera a especular sobre vuestro verdadero papel en el mundo. Devorasteis cada latido de los mares, callasteis las golondrinas hasta tejer vértigo en sus alas… La infame codicia mató a la vida. Vosotros, que en la historia no alcanzasteis más que a huir de la palabra muerte, vinisteis a arrasar mis pulmones y desangrar mis fuentes. Malditos seáis canallas, meditantes de Alejandría y memorias incunables. Diletantes literarios ante la fe de mis montañas y sus piedras eruditas. Diletantes del saber, por deambular ciegos ante mis tesoros y caminar mis senderos clavando banderas. ¿Cómo íbais a mirar adelante sin echar la vista atrás? Y ahora, por fin me habeis hecho llorar insensatos, tanto... Tanto.

Malditos seáis por siempre entusiastas del poder. Malditos seáis por sainar vuestras ciudades, por devorar a tanto hermano… Llorad por la quietud, cuando ya no quede nada.

EL GUIÑO DE LA LUNA

"Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección".
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.





¿Y si al final resulta que no puedes vivir sin mí? ¿Adivinas la fatalidad? Sí, no sería tan extraño que de pronto te dieras cuenta de que pasaron los años y continúas sin saber caminar de ninguna otra mano… No hablo ya de andar, ni de acomodar a buen paso la cabeza en otro hombro que no fuese el mío; eso podrías obtenerlo de cualquiera. Yo te hablo de abrirle caminos al mundo.

¿Y si el paladar se te endulza una madrugada al recordarme sonriendo, pero lo callas por el bien…? ¿Sólo por el bien de los dos? Sería tan injusto alimentarse de amistades concertadas si nuestro sino fuese amarnos… Nunca trates de eludir el guiño de la luna cuando asome a tu balcón; yo siempre estuve predestinado a bajarte las estrellas.

¿Y si al final eres tú quien me deja pasar de largo? ¿Y si me enamoro de cualquiera por tu culpa? Sería un equívoco tan descorazonador como robarle todas las mañanas al mundo. Porque, aunque compartida, serías cómplice de cobardía al no haberte acercado esa noche en que ardías de deseo a mi oído, a decirme sin reparo que volviste a temblar arrecida de besos al saberte anhelante de ese… Sabes… Ese gesto tan mío, en la cara de cualquiera. ¿Por qué me dejarías escapar así, de un modo tan… Tan confuso, como si la vida fuera a repetirse? ¿Como si dejando volar libre el tiempo no fuésemos… No fuésemos nunca a envejecer?

Los pájaros se hacen los tontos querida, pero planean conquistar el mundo.

LA BURLA DE LOS SENTIDOS

La levedad de la existencia me sumerge a diario en la misma espiral, el mismo bucle eterno de horas enlazadas a un minutero sin eco de preguntas, sin una sola reflexión hacia la barbarie de seguir consumiendo alientos mirando a las musarañas. ¿Es larga o corta la vida? ¿Da verdadero tiempo a cansarse de vivirla, o agónicamente se nos escapará en un suspiro al final de los días?

Desde la delgada discrepancia que nos ofrecen opiniones contrapuestas, cada vez ando más convencido acerca de que el lenguaje de los milenios no nos ha enseñado nada en absoluto sobre el aprovechamiento propio de la existencia. Ella como tal, en rara ocasión es tomada por la humanidad como el verdadero presente que en sí misma ya supone y, por tanto, acrecentamos la idea de limitarla a un progresivo desvanecimiento de luz, a una opacidad gradual y paulatina a medida que los años van ajando nuestras juventudes, inermes frente a la tempestad que nos suscita adivinar la vejez a la vuelta de la esquina.

La cruel burla de los sentidos es la clave de toda cuestión amigos. Qué sino nos haría deleitarnos en su paladeo cuando tenemos el alma sutil y pecadora; para al día siguiente consumirnos entre oraciones cuando un minuto ya se nos dilata, hasta consumir en su expansión toda una eternidad (Prueben a meditar tal paralelismo embriagados y luego, una plomiza mañana de resaca. Muera el dogma de fe…). Su antagonismo no pasa por el balcón del vecino, sino por la propia azotea, créanme. Nos pasamos toda una supervivencia al completo deshojando margaritas con pétalos de trabajo, de novias, de hijos… Pero al final del camino, uno no puede ser tan inmoral como para exponer su bagaje y contemplar sólo huellas andadas en el camino. Debemos aprender a exprimir la vida hasta que grite, hasta que seamos merecedores de la propia condición del ser humano.

Tenemos la obligación de hacer que el tiempo vuele frenético, apasionado; furioso consigo mismo por no alcanzar a ser más veloz aún. Sólo así podremos serle infiel a la uniformidad del calendario. Sólo así, lograremos abrigar la idea de sentirnos brutal y plenamente vivos.

LA VIEJA ESCUELA

"La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia".
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.


Hoy anduve como cada día la playa de invierno de mi pueblo, el cielo cubierto auguraba un peor pronóstico que el finalmente acontecido. Volví a contemplar los acantilados lamidos a olas y las rocas despojadas de arena por los temporales que nos azotaron estas pasadas semanas. La playa sin arena, la que luego ningún turista verá en verano porque los cargueros le remolcarán el sustento para volver a presumir de bandera azul. El cielo volvió a explotar, ardiendo a llamaradas violáceas mientras el horizonte se fundía poco a poco hasta volver a contemplar un infinito azabache totalmente homogéneo.

Subí la cuesta y mis pasos me llevaron hasta el Fernández Pózar, mi colegio de toda la vida. Hacía 15 años desde la última vez que lo pisé, mochila al hombro, hacia un futuro por deshojar. La nostalgia me arrojó contra su puerta y sin remisión, empujé la verja. Es tan complicado contar cómo se te llenan los ojos de días pasados, cómo te duelen… Me detuve un segundo a observar la pista donde me hice mayor, vacía y oscura en la noche, donde tiraba el Albal del bocata cada recreo, donde me escondía de los matones, donde uno nunca tenía tiempo para las niñas porque prefería jugar al fútbol con los colegas. Entré y vi la conserjería de siempre, la biblioteca había cambiado de ubicación. Al fondo el infierno, sin director en el despacho. Vi el hall donde cada año me encargaban siempre pintar los carteles gigantes de las fiestas con témperas de colores porque gané el concurso de cómics. Subí las escaleras con miedo a tocar la barandilla por si el niño que llevo dentro empezaba a llorar, encendí la luz y caminé despacio por todas y cada una de las clases. Los pasillos gritaban silencio, eran demasiado cortos, demasiado bajos; nada cuadraba con las proporciones del recuerdo. Entré en mi aula de 3º, y allí estaba todo. Los pupitres en filas de dos, las perchas, el cuadro de los reyes y el mapa de Andalucía. Pero no estaba Don Juán ni esperaba la campana.

Bajé una de las sillas y con la indecisión de haber soñado tantas veces ese instante, me senté a ver pasar veinte años frente a mis pupilas. Yo inauguré aquel colegio… Fue desbordante observar las paredes de antaño, mirar esa pizarra que cada mañana durante siete horas en otro tiempo era el centro de mi vida, tratar de abstraerme y ser rescatado del presente; verlo todo tan pequeño… Tan, tan pequeño.

Deambulé por el resto, dediqué un guiño paterno a las ventanas donde comencé a soñar con mi futuro, toqué el dibujo de Mafalda en el servicio de las niñas y encendí el gimnasio, que ahora era salón de actos, a pesar de conservar fuera la enorme colchoneta verde y gorda de siempre, la que ansiosa me esperaba tras el potro. Abandoné la sala con la infancia atada a los tobillos y al salir, no tuve valor para despedirme de la fuente del patio.

La escuela sin niños ni maestros se ve pequeña, sabe a tierra en las rodillas, huele a los mejores años del hombre y suena a serie de mediodía. Necesitaba contarlo en caliente, con la imagen aún latente en las pupilas, sin artificio ni retórica engalanada.

Necesitaba volver algún día… Y hoy me hice un poco más viejo.

CARILINDA

"Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz."

George Sand (1804-1876) Escritora francesa.



Carilinda de ojos marinos y piel de nube, embarcaste en mi vida sin saberlo, sin presentir que de ti quedara prendido aquella mañana, cualquiera de cualquier insustancial domingo.

Tú que subiste con absoluta inconsciencia al velero de mis hazañas, plantaste sin querer en mí ese amor tan fértil como un cielo cubierto de cigüeñas. Tan feliz fue el halo de calor que vino desde Babia, desde los confines del ensimismamiento mismo, que aún conservo a boca llena todas las palomas que en la plaza me regalaron su compañía la noche en que dijiste no.

Carilinda con tez de luna y alondras en el ombligo, volarán presurosas las mañanas de mi vida hasta volver a malcriarme de la mano de tu olvido, tú que siembras sin saberlo cada día otro jardín de mariposas en mi flaco transitar de horas. Sabedor de tu inalcanzable posición de diosa de los mortales, el conformismo de cortar claveles a tus trabas me bastó para alimentarme cada día a la espera de mi próxima vida, esa en que acariciarás mi alma con la mesura de un piano. Los halagos compartidos nunca hablarán de amor en tus labios, pero yo sabré esperar, sabes que lo haré a sabiendas de lo imposible.

Todos los pasillos son tristes porque nadie se queda, el mundo pasa siempre de largo por ellos cegado hacia un destino demasiado inmediato; pero no olvides querida revisar cada recoveco, reparar en lo que nadie repare, mirar hacia donde nadie mire, o tu vida sólo habrá sido la vida de cualquiera. Allí, en ese rinconcito del latido paciente, acurrucado entre el deseo y el reloj, reposará siempre mi ramo de rosas, Casiopea... Y el sueño que tú me pidas.

HAY UN DÍA

"Hay un día, ya veras, que es la hostia. Ese día todo es bueno. Ves a la gente que quieres ver, comes la comida que más te gusta y todo lo que te pasa ese día es lo que quieres que te pase. Si pones la radio la música que sale es tu favorita, si vas a la tele ese día a un concurso lo ganas todo, fíjate bien lo que te digo, todo. Pasa sólo una vez en la vida, por eso hay que estar muy atenta no sea que se te pase. Es como un desvío, como cuando vas por la carretera y hay un desvío, pero a lo mejor vas hablando por el móvil o lo que sea y se te pasa y te jodiste porque ya no puedes volver atrás. Pues ese día es lo mismo, un desvío, y es muy importante porque puedes elegir por donde va a ir, si por ese camino que es nuevo o no. Por eso tenemos que estar muy atentas, muy atentas porque hay muy pocas cosas buenas y si encima se te pasan porque estás hablando por el móvil o pensando en otra cosa sería una mierda, una mierda completa."

Princesas

EN EL NOMBRE DEL PADRE

"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir".
Albert Einstein (1879-1955).


Desplegó sus fauces el mundo y la vida se precipitó al vacío, tembló hasta el mismo cielo, pero no calló ni un ángel…

En 7,3 grados caben demasiados lamentos para acotarlos a simples cifras, sería tan frívolo que por caber, cabría hasta el infierno. Y fue el Caribe, irónico destino vacacional para una tierra sin palmeras ni hamacas, con las escuelas y hospitales que obvian siempre los catálogos de viaje para engrandecer aun más el aura de místico paraíso terrenal que nos evoca Puerto Príncipe.

Volvió a ser un condado de moscas, como siempre ocurre con toda tragedia de este puerco mundo. Volvió a ser certera la fatalidad con la diana de la pobreza más extrema y desgarradora. Volvimos a ver negritos desenterrando mamás de los escombros, no vi temblar a los occidentales que promulgamos Apocalipsis un 11 de Septiembre, yo sólo vi a los mendigos de siempre recoger sus miserias entre polvo de tiza. Volvió a ser de madrugada, cuando la vida calla entre sábanas por un segundo el espanto de sobrevivir otro día más.

Y volvió a ser un siervo eclesiástico, esta vez Munilla. Reconocido incitador al odio hacia gays y lesbianas, el recién nombrado obispo de San Sebastián, que comenzó por aconsejar a los políticos proabortistas que no acudiesen a las iglesias a comulgar porque tal sacramento es incompatible con "desproteger la vida de los inocentes"; quien remangó su sotana y al ser preguntado acerca de la responsabilidad de su Dios benefactor como creador de la obra divina (digo yo, que al igual que no se exime de responsabilidad al cocinero que envenena mi sopa… ¿En qué quedamos? ¿Cuándo hace el mundo y cuando no, a ver…?), comedido y pausado despachó impasible que “existen males mayores”. Para Munilla mucho peor que las muertes, el dolor y el caos instalado en sus devotos, donde los muertos rozan ya los 100.000 (reflexionen acerca de la brutalidad de los ceros) es "nuestra pobre situación espiritual y nuestra concepción materialista de la vida".

“El nuestro es un mal más grande que el que esos inocentes están sufriendo” concluye nuestro amigo. No, no existe umbral para tergiversar, es textual. Tampoco alcanzo calificativo conciso para rematar tan magna desfachatez (aunque en esto último podría tener disfraz un adjetivo bastante locuaz). Dejo mis palabras en vuestras manos una vez más, en vuestros ojos, en todas y cada una de las conciencias de este mundo. La mayor catástrofe en toda la historia de Latinoamérica... Con esto entre los dientes me fue imposible cultivar poesía, me mordí la lengua y se envenenó mi pluma.

Que Dios nos coja confesados

CINTURA DE BOLERO

"La melancolía es la felicidad de estar triste".
Victor Hugo (1802-1885). Novelista francés.


Melancolía tuvo nostalgia de la luna... Y cegó de por vida al poeta.

Melancolía estaba sola, fumando cigarrillos de chocolate en Nunca Jamás. Conservaba su tacto de pétalo en mi memoria, el almíbar de un recuerdo constante, imborrable, inquebrantable. Melancolía estuvo sola y el mundo la miró de soslayo por temor a caer preso de su magnetismo. Todos calibramos el riesgo a invertir en cada bocanada de perfume añejo, nadie está libre de entallarse los dedos con su aura de jazmines y caer mecido en su cuna de ensoñaciones.

Melancolía respiraba pompas de jabón grises, ingrávidas y etéreas flotando en los recovecos de la memoria. Pompas rellenas de casitas nevadas y baúles enmohecidos, recuerdos de carga liviana, pero peso abrumador. Pecadora, con tez de cisne y cintura de bolero, preciosa vestía de plata fina sus enseres, engullendo con voracidad la primavera de los hombres. Bailando tangos alargó su sombra hasta envolver al mundo, tiñendo de sepia la falta de amor; barriendo las barras de los bares con su seductora cortina de humo.

Una mañana desperté entre sus sábanas y por fin comprendí que nunca debiera confundir besos y caricias. Acariciarla me tendió otro puente de retorno. Besarla habría logrado que mi olvido no hiciera más que recordarla.

EL TIEMPO, TODO LOCURA

- Jamás me avisaste y lo sabes. Jamás tuviste golondrinas en los ojos caminando junto a mí, y sabes que siempre supe mirar dentro de tus pupilas. A mi no me puedes engañar, y menos de un modo tan caduco. ¿No alcanzas a entender lo que esto supone para mí…? No hay mayor dolor que el de un tiempo perdido sin sinceridad.

- No digas eso. Yo no podía, no… ¿debía? No se, las cosas han cambiado tanto… Éramos poco más que un par de alocados adolescentes. No entiendo porque te debe preocupar eso a día de hoy. Además, yo le dí tan poca importancia a mi secreto que hasta hoy no caí en la cuenta de regalártelo, poco más que de un modo anecdótico. ¿Cómo iba yo a pensar que te apenaría tanto el…?

- No sigas hablando, o al menos, evita apuñalarme por detrás. Ni siquiera tuve oportunidad de adivinarlo. No tuve ocasión de intuir ese hilo de esperanza en tu mirada, ni tú la soledad del rastro de miguitas de pan que me llevaba cada día hasta tu puerta para cazarte a la salida, planeando otra nueva excusa que darle a tu sorprendido rostro. ¿Sabes? Desde aquel verano tengo un empacho de rosas en la garganta, pero eso tu jamás quisiste verlo. Yo sólo fui el amigo perfecto. Estoy… abotargado de piropos que regalarte, de poemas arrugados y sollozantes en la papelera desde que llegaste aquella noche a mi vida como un ciclón. Como una de esas tempestades bíblicas, me arrasaste por dentro sin preguntar, sin pedir siquiera permiso para embelesarme de un modo tan sutilmente voluntario. ¿Cómo iba yo a saber…? ¿Cómo iba yo a sospechar que uno de tus pestañeos se había posado en mí aquel entonces? No puede ser verdad. Por dios, que no lo sea. Soñé ya tantas veces palabras como éstas, que ahora no me…

- No… No puedo creer que me estés hablando así. Sabes de sobra lo importante que eres para mí. Yo no pretendía dañarte, sólo quise serte sincera, por más demora que la timidez me haya obligado a sopesar todo este tiempo. Sólo te…

- Borraste ese reducto en que guardaba a pedacitos la autoestima, conseguiste arañarme en el alma sólo con el perfil de tu sonrisa, esa que compartías con el mundo. Me anulaste, me anuló hasta tu perfume, llegué a olerlo en todas partes… ¿Y dices que no debería importarme porque haya pasado un mísero puñado de años vacíos por delante de mi vida? ¿Qué habría sido de mí si me hubieras dejado treparte la cintura? Hubiera matado por ti.

- No digas eso, no es justo. Quizás, aunque en su momento hubiera encontrado las fuerzas para confesarme, sólo hubieras sido un mero antojo. Nadie puede asegurarte que…

- No te engañes. Sabes que de haberlo sido, me habrías salvado. Un antojo no es efímero ni perecedero amiga mía. Un antojo es la cicatriz que deja el deseo.

A PRUEBA

"A veces cuando algo sucede, pensamos que no debería haber ocurrido así. Por eso sentimos, cuando muere un ser querido, cuando perdemos unas elecciones, cuando sufrimos cualquier derrota, que todo ha terminado. Y no es verdad. Ése es el principio siempre. Porque la grandeza se alcanza, no cuando todo va bien, sino cuando la vida te pone a prueba. Cuando tienes un gran tropiezo, cuando te decepcionan, cuando la tristeza te invade. Porque solamente estando en lo más profundo del valle, puede saberse lo magnífico que es estar en la cima de una montaña."

Nixon

ABANDONARNOS

Si vas a irte hazlo, pero por favor, hazlo con delicadeza.

Hazlo como vimos alejarse aquella cometa en el cielo azul, pendiendo fantasía y felicidad de tan delicado y fino hilo. Aléjate con la sutileza de palabras calibradas, pero mide la ración de cariño que inviertes en cada una de ellas, porque podrías matarme de pena si palpo el abandono. Piensa que me quedo solo, porque no aspirar a tenerte por completo cada mañana me borra la sonrisa del rostro para el resto de la vida. Necesito seguir aferrado a la idea de conquistarte, es vital para mí y tú no te das cuenta. Abre los ojos, maldita sea.

No intentes salir de mi vida de un modo tan desgarrador, por el simple hecho cobarde de adivinarle trabas al horizonte; porque no podrías irte aunque lo intentases. No lo digo ya por mí, que quedaría deambulando como tantos otros deambulan por las calles mudas, sino por ti, porque sabes que no soportaré esperar ese día en que te arrepientas y yo ya esté lejos, tan lejos de ti, que no pueda regresar a rescatarte. Será demasiado tarde amor. No puedes irte así...

No puedes porque nunca llegaste a ver un atardecer frente al rompeolas sentada en mis rodillas; porque sólo fuimos planes de futuro en nuestros utópicos paraísos mentales. No te vayas. Al menos no de puntillas, porque preferiría entonces que lo hicieras a pedradas contra los cristales en que un día te adiviné. Ódiame, grítamelo en la cara, pero no te vayas tan poco a poco, danzando éste maldito vals… No podemos abandonarnos de un modo tan descorazonador como éste querida. Así, entre sonrisas distanciadas, huyéndonos como el deslizar de una pluma desde el cielo. Viendo cómo nievan tus llamadas.

No es justo amor, yo ni siquiera tuve la oportunidad de bajarte una nube, sólo me diste margen para soñar nuestro primer y único baile. Yo no puedo llegar tarde a tu vida, necesito que lo comprendas porque sin ti… Sin ti todo estará perdido. ¿Para qué van a seguir ahí las estrellas, dímelo? ¿Para qué, maldita sea? No sabes qué quieres pero sin duda sí lo que no quieres. Tú no quieres perderme, te lo dice tu almohada y lo sabes. Sabes que algún día pisarás mis cristales de bohemia… Lo harás el día más inesperado, al vagar un atardecer por la blanda arena que lame el mar, y ya no estaré allí cuando te gires… Ya no estaré.

ESTRELLAS DE ORIENTE

"En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él, y le hará mucha falta."
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.


Hoy fue noche de reyes, el cielo por fin clareó y en mi pueblo todos salieron a emborracharse después de llenarse los paraguas de caramelos con la cabalgata de tractores. Hoy fue noche de reyes y cené melancolía con mi madre y mi hermano, juntitos al abrigo del brasero, procurando no mirarnos en exceso para obviar el recuerdo postrero de pasillos empapelados y zapatitos en la chimenea. Hoy me mordí la lengua ante el mundo que sonríe, salí a la calle y disfruté en los ojos de los enanos, porque sigo cumpliendo años y el niño no crece más allá de mi pecho, henchido ante el nerviosismo de irse a la cama con el duende que nos ata a la vida prendido de los tobillos. Malditas las ganas de asesinar al destino cobarde que me arrancó de cuajo al zagal que yo era... La magia que guardaban mis ojos cuando huían del sueño esperando observar por el resquicio de puerta el manto azul de Baltasar acomodándole el barreño que dejé lleno de agua a su camello, podrido de kilómetros desde un desierto resplandeciente iluminado por una ingrávida estrella fugaz de oriente.

Hoy fue noche de reyes y no abogué por la tristeza que suscita la añoranza, simplemente obvié la marca en el calendario otorgándole su monótona categoría de martes, con su haz de viento y plástico arremolinando las callejuelas. Reparé en la frivolidad del presente, en su devenir de calles atestadas de manos derramando billetes en el mostrador de las perfumerías, como la felicidad embarrada y grisácea del christmas de un preso. Fue la búsqueda frustrada de mis raíces en propiedad, el paseo que hice ayer tarde por los parques a los que ya no acuden mis amigos, por los rincones que para mí siguen desbordando magia sin resignarme a su abandono en forma de carritos y mujeres que hace años ya me cercenaron la alegría.

Hoy fue noche de reyes, aún suscita nerviosismo el sueño de los niños que restan las horas por despertar. Niños que como yo jugábamos en campos de amapolas y trigo, sin mirarle el pedigrí a los renos de papá Noel. Jugábamos entre faldones de camilla sirviendo copitas de anís para colmar la sed de sus majestades, ahí, bajo el río de papel Albal y los lentiscos del portal, justo a la derecha de un árbol saturado de luces intermitentes, ahí me dejaba yo la vida, ahí temía yo el carbón; ahí dejaba yo mi carta y amanecía plagada de regalos, siempre todos los que había pedido, sin excepción, a la verita del barreño azul con agüita para los camellos.

Hoy fue noche de reyes y envidio con nostalgia un pasado que hace demasiado poco me huyó de lejos. Pero conservo de por vida el tacto de la puerta de mi cuarto al despertar, con el corazón restallante al saltar de la cama; pegando el ojo al picaporte por miedo a pillarlos… A veces, sólo a veces; el ser humano es maravilloso.

PECES DE CIUDAD

"Es horrible temer el sitio que una vez amaste. Ver una esquina que antes conocías perfectamente y tener miedo de su sombra, no atreverte a subir unos escalones familiares. Nunca he sabido lo que es vivir con miedo, tener miedo de volver a casa sola, miedo de encontrar polvo blanco en el buzón, a la oscuridad y a la noche.

Tener miedo a la gente... Siempre he creido que el miedo era cosa de los demás, la gente mas débil, nunca lo había sentido. Hasta que ocurrió, y cuando te alcanza sabes que siempre ha estado ahí, al acecho, bajo la superficie de todo cuanto amabas y se te eriza el bello, se te encoge el corazón y ves caminar a la persona que una vez fuiste y te preguntas si volverás a ser esa persona."

La extraña que hay en ti

COGERTE LA MANO

- Ahora que por fin no es primavera, ni hace un día radiante de esos veraniegos que tanto suele gustarle a la gente, quería hacerte una pregunta sin importancia.

- Hombre, pues para no tener importancia, ahórrate el formularla. Malgastar palabras, con la magnitud que puede llegar a alcanzar el orden de sus letras, sería algo torpe por tu parte, ¿no crees?

- Bueno, quizá tengas razón, pero eso en ti, no sería una novedad. El caso, es que llevo demasiado tiempo buscando la razón por la cual me sigo poniendo nervioso cuando sonríes. No sé, supongo que suena algo cursi, pero esa pregunta que quiero hacerte me está llenando los carrillos mientras hablo, y estoy empezando a atragantarme con demasiada frecuencia…

- No entiendo nada, gracias por eso de la sonrisa aunque no depende de mí, ya sabes que yo sólo…

- ¿Quieres casarte conmigo?

- … ¿Perdón?

- La pregunta sin importancia era que si quieres casarte conmigo.

- Pero… Y… ¿Cómo me sueltas esto así, de un modo tan…?

- ¿Impersonal? No cariño, no te confundas. Lo digo por advertirte, por el simple y mero hecho de que una respuesta afirmativa acarrearía despertarte cada mañana conmigo, convivir con mis manías y acostumbrarte sin más remedio a ellas.

- Pero si ni siquiera nos… ¿Conocemos? Es una locura preciosa, pero ya sabes que la…

- Claro que nos conocemos, nos conocemos desde hace ya varias vidas, no estaba en nuestra mano y el destino aquella vez nos separó. Lo digo porque si dices que sí, nunca una sola palabra habrá sido tan importante en tu vida, que sería ya la mía, y quiero que seas al menos consecuente. Has de saber que deberás desterrar la soledad de tu cepillo de dientes si finalmente accedes, decorar la casa a tu antojo porque, al igual que en las comidas, soy mucho más que llevadero, y anclar en el pasado el silencio de la casa, porque eso sí, soy muy ruidoso. No ruidoso de portazos, tienes mi palabra de que en la noche soy un gato, uno de esos ladrones de guante blanco que tanto os gustan a las chicas. Digo ruidoso musical, te pasarás el día entero con el constante tarareo de canciones y la mesa llena de discos, incluso a veces; me emociona tanto una estrofa que rompo a gritarla y… Bueno, ya sabes, soy bastante visceral.

- Pero, no me puedo creer que tú… Bueno, la verdad; estés haciendo esto así, de una manera tan superficial. Creía conocerte tanto que…

- Querida, París vendrá después, después ya vendrán las adulaciones y las poesías. Ya sabes, toda esa parafernalia de las flores y las pasiones desenfrenadas que tanto nos gustan a los artistas. Ahora, de momento, valdrá mucho más que todo el triste oro de éste mundo una mirada sincera de aprobación, no te pido ni si quiera un beso que lo consume, porque sería demasiada responsabilidad para un primerizo. Yo sólo quería cogerte la mano y, cómo ahora, volver a sorprenderte. El día que no lo consiga, nos dedicaremos sólo a amarnos.

CON LA PUNTA DE LOS DEDOS

"Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello."
Henry F. Amiel (1821-1881) Escritor suizo.


Hoy pude abrir mis ojos al despertar y levantar sobre un mullido colchón abrigado de sábanas limpias. Pude reposar el peso de mi cuerpo sobre un par de rodillas que flexionaron a mi antojo para llevarme a la ducha. Allí el agua era mesuradamente tibia y el calefactor barrió cualquier atisbo de frescor al salir de ella. Me tuve enfrente cara a cara conmigo mismo para con mi último modelo de maquinilla seccionarme el asomo de barba, tuve un peine para el desenredo y ropa impoluta sobre la silla. Pude apagar el interruptor porque ya antes mecanicé la cotidianeidad de encender la luz para todo, reparé un segundo en la magia del urbanismo que tanto nos acomoda la existencia y fui condescendiente con las cavernas y la nación sioux. Luego, me avergoncé de tirar de archivo viviendo tan sólo a dos pasos de la nada que cruza el estrecho.

Me dirigí a una nevera con sus perfectos refrigerios y pude elegir envase, por tamaño y color, en forma de sabroso y nutritivo desayuno a la par que giró la lavadora y me volví a conectar con el mundo en las noticias de la tele. Pude gozar de la grandiosidad de contemplar los caños de agua en la ventana desde el sofá, bajo un techo seguro. Pude enjuagar los restos bajo un chorro de agua caliente que, de haber querido, jamás dejaría de fluir. Majestuoso el hecho de tener la gallina de los huevos de oro en tu propia casa, agua para mí, toda cuanta me apetezca derrochar sin dar más pasos que los que separan cocina y salón.

Pude cerrar bajo doble llave mis pertenencias y conducir mi yo a la calle, antes también pude escribir algunos renglones más de mi próxima novela para disfrute de mi propio paladar. Pude gozar del viento en la cara, azotándome la monotonía y desgarrándome las ansias de alzar el vuelo de éste mundo. Pude reír con los amigos, ver el mar y fumarme un cigarrito en la orilla. Pude oír el arrullo del levante, barruntando temporales desde la línea del horizonte acercándose poco a poco, con la parsimonia de quien ve venir irrevocable el espectáculo de cielos iluminados. Pude volver al nido, al abrigo de los míos, pude sonreírle a boca llena a la vida por hacerme sentir una vez más parte del mundo, por intuir ese universo de estrellas que me empequeñecen la soberbia. Por dejarme leer un ratito más; por dejarme disfrutar ésta bocanada de aire, sin añorar unos labios que no llegan.