RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

domingo, 26 de febrero de 2012

LA PIEL DEL HURACÁN


"El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados".

Jean Paul (1763-1825) Escritor alemán.

A veces me sonríe la memoria, se me estampa de bruces en plena boca y no puedo más que amarla, gozar de su dulce confitura de inocencia para despeñarme luego barranco abajo cuando abro los ojos.

El universo a veces cabe en el vacío de una blusa reencontrada, de un ciprés herido antaño por un filo de navaja... Cabe la palabra vida en dos pupilas de niño. Pero también cabe la tristeza del mundo en el callejón donde te perdí, a pesar de haberlo relamido la lluvia hasta limarme tu recuerdo, a pesar de habernos olvidado de todo como si el cosmos aún siguiera en pie, como si nada hubiera estallado en mil pedazos aquel día... Caben la noche y sus estrellas en esa esquina del pueblo.

A veces me desvisto de nostalgia para removerme los adentros sin jugarme la vida, para intentar frenar los días hasta volverlos del revés; avanzar hacia el pasado para verte de nuevo como si nada, en plena estúpida cotidianeidad, como antes convivimos, sin halagos ni razones. Y me levanto y sonrío sin sentirme culpable por sonreir sin ti, y trato de avanzar sin girar demasiado la cabeza, como siempre habías querido, por si regresara hoy la nube negra que me curva; que me comba hasta arquearme, hasta dar con los pies en el techo mientras siento el hueco dentro... Justo frente al horizonte inerte de aquella mañana.

A veces me sonríe la memoria... Otras busco anclar los pies al suelo. Es cuestión de raíz, del principio vital de un dolor más allá del dolor; cuando por insoportable se acaba tornando recuerdo en un último esfuerzo por seguir agarrándome a la vida, al sentido de querer; al presente que aún nos cuadra a pesar de las ausencias.

Te echo de menos como se echan de menos las cosas a las que sigues atado a pesar de haberte abandonado, de por vida. Como cuando por más que el mundo te remienda con victorias y laureles, sabes que ya no, que te ha arañado dentro la piel del huracán. Te echo de menos y lo hago sin palabras, en lo injusto de lo ilícito, en lo inaceptable de aceptarlo por el resto de mis días... Como sólo algunos pueden... Como sólo duele el dolor de no evocarte porque todo, absolutamente todo en esta vida, ya te alude.

miércoles, 15 de febrero de 2012

EL FILO DE LA AURORA

"No hay amor sin temor de ofender o perder lo que se ama".

Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.


La amaba prendido de su fragua mientras se deslizaba frase abajo. Era cuestión de tiempo descarnarse ante su sombra, estamparse de boca contra su recuerdo... Sólo cuestión de tiempo.

Lo sabía desde antaño, tan callado hacia uno mismo... La amaba. Él la amaba a pesar de lo perdido, de lo sufrido y gastado en aquellos ojos de linda zagala. La quería sin más, con la inmensidad que supone doblegarse ante un latido y no había ya dique que lo refrenara. Porque al cruzar de acera no obviaba perseguir su huella; aquel rastro transitado de su mano tiempo atrás. Se miraba adentro y era incapaz de avistar la tormenta, de divisar apenas sí la tarde en que rasgaron sus caricias con el filo de la aurora... Porque era lenta, tan pausada su indiferencia ante la pérdida, que se había envenenado de anhelo, de codicia infinita ante su boca.

Porque sólo cuando acaba puede añorarse lo vivido, él la amaba. La amaba y necesitaba ceñirse a su cintura; vociferarle su descuido de rodillas ante el mundo para seguir vivo al menos, como gritan los poemas que se escriben con los ojos. La amaba en el dolor de su equipaje, en el idiota que fue al contemplarla marchar sin detener el giro del cosmos... Como un tango hecho astillas entre amantes desolados.

Acababa de verlo en la cuneta, claro y firme al borde del precipicio en que se amaron... era ella. Ella siempre, maldita bendita ella al fin y no lo había advertido hasta éste ahora en que un confín de alusiones los había despoblado para siempre. Y sintió el vértigo rozarle las costillas, ese segundo eterno en que zozobra y vanidad se entrelazan para desertificar el presente. Porque la había perdido como se pierde la luna al descolgarse del techo del cielo, cuando al devenir de la noche próxima... vuelve para no regresar.




lunes, 6 de febrero de 2012

A LOS PIES DE LA LUNA


"En el majestuoso conjunto de la creacion, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espiritu y dé vuelo desusado a mi fantasia como la luz apacible y desmayada de la luna".

Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) Poeta español.

Siempre quiso uno parir la letra exacta, la melodía perfecta... Ese modo de mirarse lo adentros. Siempre trata uno de alcanzarse en la carrera hacia lo preciso, lo concienzudamente cierto siendo fiel a uno mismo... Yo alumbré una canción.


Una canción para el amor sufrido, para el sentir más desgarrado... Una canción que me arde dentro, sólo para los soñadores terrenales que, como yo, curten su corazoncito a base de arañazos. Espero que la disfrutéis tanto al menos como yo lo hago al desplomarme en su caricia (La señorita con la que tengo el gusto de compartir melodía es Lupe "La Perla", compañera y amiga de andanzas musicales en El Desván del Duende. No os perdais nuestro tercer disco "Besos de Cabra", dentro del cual reposa este tema):


"Una madrugada naufragamos en el patio del olivo que daba sombra sobre la pared
Me dio al amanecer vértigo de sus manos y un revuelo de palomas en el corazón.
El brillo de los amores nuevos no le duraba llegó como si todo supiera a casi nada
Y apenas la vida me dejó colgando de su boca, apenas mi universo en sus andares se llevó.

Te llevaré enterrada entre mis ropas donde lloran las gaviotas siete mares
Que se me olvida caminar sin tus andares, feliz tan solo por cantarte a los pies de la luna,
Y al lamer de las orillas bajo un sol que nos mordiera las miradas...
¿Y cómo me iba yo a morir un día tan bello? Vendavales de besos nos azotan las miradas.

Llevo tras de ti cien vidas, cien vidas y una tarde de invierno... No sabes niña cuanto te he echado de menos dentro de este corazón que no se cansa de esperarte. Yo por querer quisiera darte...

Donde nos quedó la voz, donde apenas un suspiro sólo canta la primavera que me estalla en la garganta
Dormido cuando el universo marchó en tu caminar.
Y el espejo de tu sombra del cristal con que la mires soy si quieres
y late dentro un campo entero de amapolas.

Caminas y se ensancha el parque... Se ensancha el parque".