RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

jueves, 28 de abril de 2011

LOS SUEÑOS MENGUANTES

"A menudo los labios más urgentes no tienen prisa dos besos después".

Joaquín Sabina. Cantautor y poeta español.


Lo descubrió al cruzarse consigo mismo en el espejo. No había ya hueco para una duda;
había partido de sí lejos, más lejos aún de un confín cualquiera abarcable, siquiera imaginable en su pasado, aquel ya vivido tan de lejos. Había marchado de sí, era su cuerpo en otra vida ya distinta, tan diferente a la habitada hasta ese instante. Sin permuta, sin un cambio palpable había huido tras su propio nombre. Apenas un reflejo de apellido que lo atara a esta tierra, al planeta que aún pisaba entumecido sin la burla de sus propios ojos.

Ya no había voz, ni un flanco a defender, siquiera un ala que le brotase del costado malherido, desangrado de vivir por estar vivo... Ya no había ser y con el pecho descosido escupió flores, con la sola pericia del poeta, hasta vomitar cien primaveras. Cien zarpazos en sus manos desconchadas, diestras antaño en procurar sombras chinescas a la tristeza del triste, en ocasionar algún beso que de súbito se le colara en la boca... Huecas, podridas ya de entrega.

Y no quiso ser feliz nunca más. Acababa de decidirlo como sólo se decide morir de golpe una noche como aquella, vacía de vida. Por eso se arrancó el anzuelo que le anclaba la garganta, por eso confesó mares los charcos que surcaran sus barquitos de papel. Por eso se desocupó el adentro con diez borrones de maneras y un trasquilón de labios en el alma. Barrió de sí el almendro donde la esperaba, descargó hasta el verso apaleado de crecerse en los otoños...

Pero no vertió la luna. Olvidó volcarla de sueños menguantes, de noches acunadas a su lomo y aquella canción perdida en el pozo del tiempo. No supo qué hacer con el silencio que la poblaba, con su presencia eterna en el techo del mundo. Guardaba sin quererlo su mirada en una copa y no sostuvo el ansia de beberla de nuevo, hasta apurar la dicha de sentirla dentro una última vez.

Olvidó desinflarla y guardarla en un bolsillo, deshabitarla por siempre jamás y aquella, esa misma madrugada, no pudo más que volver a echar de menos los ojos que lo aguardaban detrás de sus pupilas.




viernes, 22 de abril de 2011

EL NEGOCIO DEL MIEDO

"Es conocido cómo nos ha servido la fábula de Cristo”.

Papa Leo X


No es ya el tesoro del Vaticano, colocado justo tras el de los EEUU, como el segundo más grande del mundo. Paseo por mi pueblo y no me importa que la iglesia cristiana juegue al póker con brutales reservas financieras en Wallstreet (mucho más de 100 mil millones de euros) o que el papado sea hoy el consorcio económico-religioso más grande del mundo. Yo me fijo en el incienso que se cuela en la cocina sin reparar en que la iglesia sea el mayor terrateniente del mundo occidental en pleno siglo XXI, como si nada hubiera servido nunca para nada.

En Alemania sus tierras corresponden al tamaño de Bremen, Hamburgo, Berlín y Munich juntos. En el caso de España, Argentina y Portugal, el 20 % de toda la campiña. Yo, yo miro en la portada del diario la fachada del INEM.

Es el miedo, ese "y si...", ese "no vaya a ser que...". No se trata de que en relación a la inmensa cantidad de propiedades del Vaticano ya no se pueda hablar de inmuebles en forma individual, sino de ciudades o barrios enteros. Que un tercio de todos los inmuebles de Roma estén en pleno 2011 en poder del Vaticano, que tantas personas (personas, sí) fueran forzosamente desalojadas y puestas en la calle, aunque el Banco Vaticano de forma beata haya prometido otra cosa. Es ese miedo a la muerte, al otro lado, a las calderas y los edenes infinitos ¿Qué tienen que ver juntos, fe y 160.000 millones en propiedades inmuebles? ¿Qué tiene que ver Jesús con las viviendas más caras de Roma? ¿Pero, cómo demonios llegó el Vaticano a tener este inmenso patrimonio?

La trata de personas y la esclavitud, aumentaron la riqueza de la iglesia, de la cual aún hoy sobrevive cobijada bajo sotanas pecaminosas, tan lamentables... La iglesia apoyó desde un pricipio la esclavitud, y la agudizó en muchos aspectos, como el papa Nicolás V, quien legitimó el comercio de esclavos en su bula “Divino amore communiti” (por amor divino a la comunidad... me ahorro la sorna). Por esto el comercio de esclavos fué legal y no causó ningún escrúpulo en los participantes. Los papas poseían esclavos... Yo me asomo al balcón, se oyen cornetas. Quizá por aquello de ser el raro de clase que no hizo la comunión me dio siempre cierta grima... Un esclavo era considerado como ganado. La iglesia trataba a los esclavos como un “bien de la iglesia” y esto valía como no vendible. Tasaban el valor de los bienes eclesiásticos no según el dinero, sino según los esclavos. Si, a pesar de todo se les liberaba, éstos debían recompensar a la iglesia con su patrimonio.

La iglesia les prohibió a los esclavos hacer testamentos. A su muerte, sus ahorros iban a la iglesia. Un obispo sólo podía liberar a un esclavo, si éste ofrecía a dos en su reemplazo... Niños ilegítimos de sacerdotes fueron hechos esclavos eclesiásticos de por vida, esto también valía para niños abandonados. Así, el “santo” Martín de Tours, hoy representado en muchas iglesias, poseía 20.000 esclavos. También los conventos tenían esclavos y el primer barco de transporte de esclavos inglés se llamaba (adivina) “Jesús”. Jesús, el del barco, predicó el amor al prójimo; yo me preguntó si esto sería compatible.

Para rentabilizar aún más si cabe, se formó otra manera de tenencia de esclavos, la servidumbre. Los sirvientes de hecho, estaban igualados a los esclavos. No podían abandonar su país y estaban totalmente sometidos a los grandes terratenientes, por ejemplo a un convento. Fueron extorsionados y vilipendiados mediante la entrega de intereses usureros. Yo estiro la ropa en la cama y busco el tapón de la colonia. En el balcón de enfrente atrona una saeta y recuerdo la santificación. Sólo por los 464 procesos de santificación de Juan Pablo II se han ingresado en las arcas vaticanas aproximadamente 116 millones de euros. Aprieto los cordones y sacudo los bajos del pantalón pensando en la pensión de viudedad de mi madre, mientras se me hace especialmente detestable el tráfico de indulgencias, cuando personas son inducidas al asesinato y matanza para llegar más rápidamente al cielo. ¿Pero en qué podrido mundo vivimos? Así Martín Lutero, le prometió a cada soldado que en la guerra contra los campesinos sublevados, mataba un campesino y que a su vez moría, un lugar en el cielo (no olvidemos la tan recurrente promesa del Islam a los terroristas suicidas que tanto gusta predicar luego como simil del fanatismo extremo a este occidente nuestro).

En sudamérica, para adquirir todo el oro, los indígenas fueron ferozmente torturados. Incluso estaba establecido el procedimiento de cómo debía realizarse la conversión de los paganos al catolicismo: “Los indígenas, a quienes les acaece tanta gracia y donación, por su parte deben demostrar sumisión y buena voluntad, entregar voluntariamente una gran cantidad de oro, piedras preciosas, plata y otras cosas que posean a su majestad el rey y al gobernador. De otra manera podrían ponerse, Dios nuestro señor y sus altezas, muy inclementes". En el año 1500, dentro de los límites actuales de México vivían 25 millones de indígenas, cien años después sólo un millón.

El total de oro incautado en la conquista de América corresponde a unos 450 millones de euros; recuerdo aún el escalofrío que me recorrió cuando admirando el altar de la catedral de Sevilla, de 20 toneladas de oro laminado, pensé en la sangre derramada por aquellos indígenas. Hasta el más conspicuo obispo del imperio enviaba a sus siervos con la intención de recoger su parte del botín. Jesuitas y franciscanos, esos que aún hoy aleccionan al cobijo de las aulas, promovían los matrimonios entre indígenas y negros, para declarar a sus descendientes como siervos. Así, mientras la población común generación tras generación decaía en la mugre y la miseria, el clero se hacía omnipotente e inmensamente rico, como el resto de los traficantes de esclavos y señores, que remataban a los indios para el financiamiento de las “casas de Dios”. En 1495 el papa Alejandro VI promulgó la bula Intercaetra: ”… hay que someter a los pueblos bárbaros y llevarlos al verdadero credo.”, todo un manifiesto de igualdad mientras supervisaba la entrega de certificados para la cacería, que les fué extendido a los europeos para el robo y saqueo.

Intimidación y terror llegaron a ser la base de los primeros encuentros con los nativos. Así para empezar, se realizaba en cada pueblo una matanza para que temblaran de miedo al escuchar el nombre “Cristo”, como frente a un verdadero diablo. Los católicos, esos mismos que ahora lloran en mi pantalla por la lluvia que impide pasear a la Macarena, les cortaban a los indígenas las narices y las manos y con esto alimentaban a sus perros. Fué el genocidio “más grande de todos los tiempos”, pero eso ya qué importa, eran otros tiempos, ahora toca vestirse de domingo. Los templos de los indios ya fueron rápidamente reemplazados por iglesias (sólo en México 12.000) y del total de la población indígena que habitaba esta parte de la tierra en tiempos de Colón, el 90 % murió en el holocausto.

Eran otros tiempos, de inquisición y caza de brujas. Hoy apenas nos sonrojan las violaciones episcopales a monaguillos y demás, afortunadamente dan buen juego mediático, algo es algo... pero nadie podrá callar que una de las maneras más infames del Vaticano para amontonar dinero sangriento fué el robo con asesinato de disidentes.

La inquisición fué una justicia de robo y linchamiento en el nombre de la “fe” correcta. La base para la tortura y asesinato de miles de mujeres en Europa, fué la aprobación en 1487, del «Malleus maleficarum», o «Martillo de brujas», por parte del papa. La verdadera cara de la inquisición la muestran las ordenanzas del papa Inocencio III, quien decretó “Confiscar los bienes del hereje, enajenarlos y desheredar a los hijos de los herejes.” Para que fluyera más rápido el dinero ensangrentado y obtener "confesiones incriminatorias" las víctimas fueron torturadas brutalmente.

El papa Alejandro III ordenó en el concilio de Tours en 1136, a los príncipes y gobernantes encarcelar a los herejes y confiscarles sus bienes. Esos bienes de los asesinados fueron incautados. Hoy lo llamaríamos: Robo con asesinato. Si alguien era acusado por las autoridades de la inquisición y se le detenía, entonces se presentaban de inmediato los funcionarios en su casa y todos sus bienes se inventariaban. A su familia se la echaba a la calle, independientemente del final del proceso, y eventualmente, morían de hambre. Todos los bienes robados a los disidentes (herejes) asesinados, iban a parar al Vaticano pero, aquello es sólo historia... ¿O realmente nos hacemos complices cada mes de Abril bajo la mantilla? Especialmente perverso era que también los muertos podían ser acusados de herejía. Con esto los bienes del fallecido podían ser incautados a los herederos, en forma posterior. De esta manera se enviaba a familias completas a una miseria indescriptible, robándoselo todo.

Buscamos refugio en el balanceo, en el encuentro de dos figuras talladas por manos humanas, pecadoras. Buscamos y perdonamos, olvidamos y, en la mayoría de los casos, simplemente ignoramos y aplaudimos.

Cada acción de las brutales torturas y la alimentación de los torturadores, también las debían pagar entonces las víctimas o sus parientes. Que nadie olvide: Este dinero ensangrentado apropiado mediante robos con asesinato, es aún hoy día parte de la fortuna de las iglesias, incrementada con los intereses de éstos, en miles de millones de euros. Los asesinos en serie, que han enviado a cientos de mujeres, hombres, ancianos y niños a una brutal muerte; reciben estatuas y más estatuas y se nombran fuentes y calles en su memoria, pero para las víctimas, ni siquiera existe una mísera placa conmemorativa.

Para aumentar los bienes raíces, monjes y otros hombres de la iglesia, a menudo falsificaban documentos. Hubo monjes que habían aprendido el arte de falsificar y recorrían el país de convento en convento, para ejercer su oficio. En su lecho de muerte, el monje Gueron reconoció que había recorrido toda Francia para confeccionar falsos documentos para monasterios e iglesias. Ya en el siglo IV, el fraude en las herencias por el entonces papa Dámaso, fué tan terrible que incluso tuvo que intervenir el emperador. La iglesia reclamaba exclusivamente para si, el derecho de confirmar judicialmente un testamento. Las herencias testamentarias valían, según la iglesia, como un medio fiable para reducir el tiempo en el purgatorio. Así el miedo a los eternos castigos infernales hacía que las personas enfermasen si no aportaban a la iglesia un buen montón de dinero. Así hasta hoy, inclusive, obvio.

Sin miramientos el padre de la iglesia Salvian predicaba en el siglo V: ”Aquel que deja su fortuna a sus hijos, en vez de entregarla a la iglesia, actúa en contra de la voluntad de Dios y en contra de su ventaja. Mientras cuida por el bienestar terrenal de sus hijos, defrauda su propio bienestar en el cielo". San Basilio lo formulaba de la siguiente manera: “Preveer para sus hijos, es sólo un pretexto de los codiciosos". El engaño de las herencias por parte de curas, es conocido hasta la actualidad. Especialmente personas mayores son afectadas por esto. Adultos mayores sólos en hogares de ancianos, son especialmente accesibles al consuelo de los sacerdotes, quienes a pesar de los siglos, no parecen terminar de resignarse a promulgar una doctrina cristiana, más bien usurera.

Un importante rol en los ingresos de la iglesia, también lo jugó el diezmo. En la Edad Media, todos los propietarios de tierras estaban obligados a entregar una décima parte de su producción o sus ingresos, a la iglesia local. El que no pagaba se arriesgaba a una condena y excomunión de los curas. Así los curas salían “armados y recaudaban las deudas sin conmiseración”, mientras que predicaban con hipocresía, contra los intereses y usuras. El papa Pío V les daba a los incautadores las siguientes instrucciones: “Un hombre común que no puede pagar su multa en dinero, deberá permanecer durante un día con las manos atadas a la espalda, frente a la puerta de la iglesia, a la segunda vez, será flagelado por las calles. A la tercera vez, le será perforada la lengua y enviado a las galeras".

El papa Alejandro VI simplemente dejó libre a asesinos, contra una pequeña contribución, naturalmente. Él decía: “El señor no quiere la muerte del pecador, sino que pague y que viva.” Con un promedio aproximado de 14 asesinatos diarios en Roma, era una negocio muy rentable. Este mismo papa más tarde le permitió a un noble cometer incesto con su hermana previo pago de un impuesto de 24.000 piezas de oro. Así mismo, el papa Bonifacio IX mediante la venta de cargos llenaba las arcas vacías del Vaticano. Además gestionaba el tráfico de indulgencias e impuso tributaciones sobre la canonización de santos, o la extensión de certificados de autenticidad por reliquias recientemente descubiertas como por ejemplo, el prepucio de Jesús (Si María Magdalena levantase la cabeza... ironías de la vida).

También con las cruzadas los conventos tuvieron enormes ganancias, porque tomaban las tierras de los cruzados como prenda, que en caso de muerte, pasaban a manos de estos. Hubo papas y obispos, que se enriquecieron mediante la prostitución y para esto mantenían prostíbulos propios. Así, para poder financiar una guerra contra los turcos, el papa Sixto IV (1471-1484) construyó en Roma un elegante prostíbulo para ambos sexos y en tiempos del papa Clemente VI (1342-1352), las prostitutas eran tan numerosas, que el mismo papa les impuso un impuesto. Él compró un hermoso, nuevo y atractivo prostíbulo “en nombre de nuestro señor Jesucristo".

Poligamia, sodomía, incesto, asesinatos... fueron los vicios menores de nuestra bendita madre iglesia. Miro a los ojos de mi abuela, al corazón de la calle y siento tristeza. Impotencia y pena. Rabia, tanta que me da vergüenza seguir sin hacer nada. No es Jesús y su existir, no es el ser de un dios dudoso que pueda o no habitar en todos. Eso ni me importa, cada cual es libre de creer; de idiotizar su fe.

Es este convenir, este implicar, esta cobardía de rezar por si... Es esta manera de callar a oídos del universo.

FUENTES:

1) “Oggi” Nº 42/1952

2) Deschner, Karlheinz, Düsseldorf 1983

3) Lo Bello Nino, Vatikan im Zwielicht

4) Hermann Horst, Die Kirche und unser Geld, Hamburg 1990

5) Ojetti Paolo en “L´Europeo” N° 1/1977

6) Max Parisi en “La Paduana”, 21.6.1998

7) Deschner, Karlheinz, Historia criminal del cristianismo, tomo 3, Reinbek 1990

8) Weber Hartwig, Die Opfer des Kolumbus – 500 Jahre Gewalt und Hoffnung (Las víctimas de Colón – 500 años de violencia y esperanza), Strukum 1986

9) Von Othegraven Friedhelm, Litanei des Weißen Mannes (Letanía del hombre blanco), Strukum 1986

10) Hermann Horst, Kirchenfürsten (Príncipes de la iglesia), Hamburgo 1992

11) Rosner Enrique, Misionero y mosquetes

12) Döbler Hannsferdinand, Hexenwahn (Brujo manía), Munich 1977

13) Durant Will, Historia Cultural de la Humanidad, tomo 6, Munich 1978

14) Wolf Hans-Jürgen, Neuer Pfaffenspiegel, Herrsching 1990

15) Seifert Petra, Geheime Schriften mittelalterlicher Sekten (Escritos secretos de sectas del
medioevo), De las actas de la inquisición, Augsburgo 1997

16) Schmitz Emil-Heinz, Die Kirche und das liebe Geld (La iglesia y el amado dinero), Münster
1998

17) Kammeier Wilhelm, Die Fälschung der deutschen Geschichte (La falsificación de la historia
de Alemania), Wobbenbüll 1979

18) Rill Bernd, Inquisition und ihre Ketzer (La inquisición y sus herejes), Puchheim 1982

19) Cawthorne Nigel, Das Sexleben der Päpste – Die Skandalchronik des Vatikans (La vida
sexual de los papas – La crónica escandalosa del Vaticano), Colonia 1999

20) Hutchison Robert, Die heilige Mafia des Papstes (La santa mafia del Papa), Munich 1998

21) Ledl Leopold, Im Auftrag des Vatikans (Por encargo del Vaticano), Viena 1989

22) “Im Namen des Papstes” (En el nombre del Papa), misteriosos crímenes. La huella lleva
indica al Vaticano (ARD, 8.12.1991)

23) Discepoli di Veritá, Ihr habt getötet – der Machtkampf der Logen im Vatikan (Bugie Di
Sangue In Vaticano), Berlín 2003

24) Rahn Otto, Kreuzzug gegen den Gral (Cruzada contra el Grial), energía 1995

25) Museo de torturas de Rüdesheim

26) Deschner Karlheinz, Und abermals krähte der Hahn (Y de nuevo cantó el gallo), Reinbek 1972

27) Lea Henry Charles, Historia de la Inquisición, tomo 1, Aalen 1980

28) Kamen Henry, La Inquisición española, Munich 1965

29) Von Werdenberg Gottfried, Visión 2004

30) Ver también www.theologe.de/martin-lutero_jesus-de-nazareth.htm

31) Deschner/Hermann, Der Antikatechismus, Hamburgo 1991

32) Guarino Mario, Mercanti del Vaticano, Kaos editione, Milano 1998

33) Frerk Carsten, Finanzen und Vermögen der Kirchen, Aschaffenburg 2002

34) Mynarek Hubertus, Die neue Inquisition, Sektenjagd in Deutschland, Marktheidenfeld 1999 http://www.das-weisse-pferd.com/99_11/neue_inquisition.html

35) GEO-EPOCHE Nº 10/2003, Die Macht der Päpste

lunes, 11 de abril de 2011

PEQUEÑO GRAN AMOR

"Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro".

Graham Greene (1904-1991) Novelista británico.



- Vaya... Menuda sorpresa ¿no? De no haber sellado la cita con tu firma jamás te hubiera reconocido. Estamos tan... tan cambiados. Bueno, a decir verdad, de haber reparado en tus ojos... sigue ahí ese brillo tan tuyo. Yo, bueno, ya ves la maternidad y sus...

- Lo sé. Más bien, siempre supe de ti. De tus días, más bien de mis noches... Te he seguido de espaldas al mundo.

- Qué bonito, podía ser cierto ¿no? Tú y tu astucia en la punta de la lengua... Pero... pero, no puede ser cierto. Marché hace tanto que... ¿Cómo lograste mi dirección? ¿Te casaste al fin con aquella novia tuya? Han pasado...

- Pasaron cien lunas niña. Cien lunas y una noche de boda hueca de tí. No confundas, fui feliz; lo soy hoy en el amor que me profesa. Y sigo obstinado en mis acordes, aunque ya nadie pide voz ni sueña con palomas, pero hay cosas que nunca cambian en la vida. Le debo... Me debía este instante en que mirarte. Sin pretensiones, rezagado del intento... Te debía este pañuelo sí, se lo robé a tu olvido la mañana de entonces. Y lo guardé junto a tus labios, por primarios y vitales; porque me desalojaron la infancia con el miedo a perderlos.

- Vaya... Me dejas sin palabras. Te confieso que me emociona palpar lo increíble de esta historia. Siempre pensé que lo nuestro fue sólo una...

- No fue una. Fue la historia. Lo sabe el mundo, porque todo ser tiene derecho a tener al menos una en la vida y aquella fue la nuestra; la nuestra por diminuta y juvenil. Por insulsa fue la nuestra, porque no sabías besar y yo te abracé estrecha como el parque al amor ¿Es que acaso no lo ves? Todo luego ya siempre nació orientado, viciado de retoques. Cada boca, cada mano ya instruida... La verdadera belleza del poema está en la raiz, no en su mensaje, pero eso el cielo lo calla por miedo al amor eterno ¿Sabes? Todo cobró sentido aquella primavera, cuando nos quisimos sin saber querernos, como niños al acecho del destello, del centelleo que luego se nos colgó del pecho para siempre.

- No... No se qué decir. Creo que es lo más bonito que...

- No digas nada. Sólo debías saber que estás aquí; que siempre lo estuviste... que todos tenemos un pequeño gran amor que olvidamos en el alma al arrinconar su simpleza y yo, en cambio, lo aprecio tanto que necesito obviarlo por miedo a que me estalle en el pecho. Pronto marcharemos, como todos querida... Y tenías que saberlo, sólo eso. Saberlo.