RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

lunes, 28 de febrero de 2011

LOS OJOS DE NADIE

"El hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer".

Antonio Machado 1875-1939 Poeta y prosista español




Yo te busco amor en la boca de nadie, como ama el poeta la palabra cierta, hábil en el trapecio del renglón, diestro en el verso que silencian tus andares... Como el leve surco de aire que divide nuestros cuerpos yo te amo.

En los ojos de nadie yo te miro amor, al destierro de un mirar en vano, allá donde mintieron las mentiras de un bolero y se desploman madrugadas de humo y carmín. Desde el vicio que tornaste amanecer a esta voz de un solo bando yo te adoro, como adoran las heridas serle faro a cada vida. Feliz por cantarte a los pies de la luna, allá en lo limpio de extrañarnos las manos, de enseñarnos gradual el alma en un lento proceder de días, sucesivo y creciente como un campo de amapolas en los besos de nadie, hasta restallarle todas las primaveras al mundo.

Ahí, en la muerte de la sucia duda danza el dios verdadero que todos buscan, en la sed que al fin calma de por vida bajo el alma descalza, ahora que sonrío por saberle el tú a mi yo en nosotros, como si nadie pudiese ya morir en un día tan bello...

De la mano de nadie te camino la espera amor, ahora que tu ausencia me cabe en el pecho, firme en la promesa de doblarle la sombra a la luz de mis mañanas. Ahí, justo en ese viento que te anida la ropa quiero encontrarme de por vida en nadie más que tú.

miércoles, 23 de febrero de 2011

SOBRE LA ARENA

"Hay pecados cuya fascinación está más en el recuerdo que en la comisión de ellos".

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.



Derrapaba el aire cálido sobre el cascarón de nuez que mecía las barquillas. Frágiles espigas lentas, apenas gotas del paraje cristalino que los encumbraba. Sombras no más, acunadas sobre el trapecio curvo de un horizonte en que anclarse, para siempre, sin saberse aún suyos en lo eterno.

Premiosos, ingrávidos afilaban el último cigarrillo como la tarde a su bocanada de nubes añiles, engalanadas de turquesa a caladas de un Sol que se descolgaba para dejarlos ahí por siempre, inamovibles en el plasmar de su recuerdo, justo en la grandeza juvenil que los empinaba. Fijos en lo perpetuo de la brisa, del lamer de las orillas; involuntarios y perennes a merced de un universo rendido a sus pasiones.

Y se mordieron las bocas que más tarde escupirían, y no hubo piedad para el miedo a perderse, para un asomo de duda... Exiliados a la piel del otro se derramaron el alma ante la luna sin saberse irrepetible la emoción de aquel momento.

Y él la miró de frente y supo suyas las mareas, pero olvidó olvidarle un mañana en que desconocerse, en que despistarle las nostalgias a un pasado ya pasado, inimitable en otros ojos aun próximos a aquellos tan interminables... Y ella quiso querer tanto que murió en la inmensidad del cielo inmenso, en la holgura del recuerdo holgado... En la eternidad de un beso eternamente eterno sobre la arena.

Y fondeó a esa noche cada mano venidera, cada paso sin su estela, como mueren las alondras de abandono por temerse moribundas al saber del vuelo alzado.

lunes, 14 de febrero de 2011

EL OMBLIGO DE LA LUNA

"La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas".

Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.


La amistad nos salva amigo mío, como amuleto en que hallar auxilio por encima de hechos, de acciones y sucesos.

Así, fraguada lenta a la llama de la historia que fuimos desmembrando, que nos vamos redactando a carboncillo en un rincón de la memoria, justo detrás de las miradas... Ahí me siento a esperarte, como siempre en nuestro escalón, anhelando el reencuentro.

Porque así guarece en mis días tu sombra la distancia, fuerte en la grandeza de sabernos uno a pesar del mundo, de lo profundo de los mares al ombligo de la luna. Porque un corazón honrado es tan tenaz como afilado, leal a los pasos que nos guarde el camino. Porque tan sólida simpleza nos hizo gigantes, como dos gotas de agua en la inmensidad del oleaje, robustas frente al tiempo y el vals de los viandantes.

Sabernos fieles en lo honesto del idioma compartido, en lo noble del abrazo reflejo... ¿Es que acaso puede haber algo más grande? El apego verdadero no se merca con dinero, está enraizado a los sueños que se rozan con la punta de los dedos, esos que valen la fortuna de tenernos.

La amistad huye de galones, acierta el presagio y recela de compadres para sabia prender de viento las alas del hermano. Tan cierta es mi dicha callada como sincera la suerte de haberte encontrado para cubrirme la espalda, para bebernos las faldas y en los vendavales de la vida, con el latido hecho astillas, sabernos siempre el otro.

Un amigo escupe orgullo a los dioses por saberse tal, con el instante sostenido que nos pende de la boca una sonrisa encajada entre los dientes.

APS

viernes, 4 de febrero de 2011

FRÁGILES

"El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad".

Marcel Proust (1871-1922) Escritor francés.


Con los ojos reposados en la piel del otro se aguardaban cautos el derrumbe, un estallido de desamor que les trocara de boca, esa bendita desventura del herido en la contienda que nunca les llegaba... Lograr el fin de amarse en la aversión de los terceros.

Sabían que se habían encontrado, que eran al fin, como si la prisa por hallarse en gestos se les hubiera pausado, dilatados hasta el próximo silencio en que morderse las miradas. Con el pecho de puntillas, compasivo en la cautela que disipa conjeturas. Agarrados al milagro de dolerse en carne ajena se buscaban en el otro, al destierro de la urgencia, sorteando las sospechas de un acecho progresivo.

Y se perseguían en la avalancha que les trepaba la nuca al cruzarse de nuevo, pintándole barreras de acuarela a ese conato de amistad desbordada a sueños, a vendavales de besos azotándoles la lengua al despedirse en otras manos, por ese miedo a equivocarse, por ese acierto insípido de esperar el primer paso. Y se aguardaban en la nada impuesta que incendiaba aquellos párpados, en el cariño prudente y las ansias por verse a cada instante. A sabiendas del mañana demorado en la retaguardia de la luna, bajo esa herida cotidiana que les callaba las certezas y escupía soledades.

Y se guardaban las distancias de quererse hasta el olvido mientras se les iba la vida en el recato, en la reserva del sendero en que juntarse ese día cualquiera que nunca les llegaba... En los poemas que impostores dan remite al desamparo de saberse siempre frágiles.