RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

lunes, 29 de noviembre de 2010

DONDE HABITA EL OLVIDO

"Un comienzo no desaparece nunca, ni siquiera con un final".
Harry Mulisch. Escritor holandés


Como se iban olvidando, así se recordaban. Después del todo de una vida, así se abandonaban; a pedacitos de sí.

Con el áspero desuso de unos labios desnombrados, poblados por el otro en el silencio de la luna... Así se acobardaban cautelosas las miradas, cediendo al desamparo de aferrarse a la derrota. Paulatinos, desvividos por el vuelo cabizbajo de un latido ya prescrito caminaban desmembrados hacia nada, marchando entre sí sin alejarse demasiado.

Con el oficio de desatenderse por bálsamo avanzaban sin traslado, habitándose el olvido a arañazos con el mimo podrido del otro. Queriendo no quererse recordaban a menudo, demasiado, con el cielo en las costillas y un adiós en la almohada. Y transitando sin recorrido fueron cayendo en la renuncia, con los ojos desgastados de abandono, residiendo en la partida como si aún les fuera el amor al rescate.

Curtidos en la batalla, despoblaron sus idiomas para amarse de por vida en los adentros, donde a nadie más importa su querer. Sin dictámenes ni juicios, en el grito que por callado evidencia un amor eterno.

lunes, 15 de noviembre de 2010

BATIR DE ALAS

"Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes".

Jorge Bucay. Escritor y psicoterapeuta argentino.


Con un ojo abierto y el otro soñando. Sólo a contiendas se escribe el minuto adyacente, ese año venidero... El mañana no es sino este hoy colateral.

Nadando en la arrogancia de planearte modales, fui trajeándote el envite sin corbata. Y me escupías los días, las horas en que vivir y un matasellos tintado en carmín. Tú que dejaste impasible trepar mi globo a la panza del cielo, acechaste de soslayo vil el galope a mi infancia, bajo el humo de cartas y estos labios resecos de besos.

Yo te vi deshumanizarme la niñez aquel día en que el patio se me hizo de golpe pequeño y, cobarde en mi brusco crecer, renuncié de por vida al rincón de mi talla a carboncillo en la pared, abandonado hasta encallecerme de celos la mullida ternura. Y caminando fue camino aquel recodo de amapolas, ese en que guardo bien atada mi vida conmigo, antes de haber huido sin mi aquella mañana. Allá en el ancho mar de la memoria, donde flota la sospecha de un mañana ya pasado, ondean los propósitos caducos entre astillas desmembradas. Cada cálculo equívoco, cada pase de frenada, todo y nada en las alturas de un segundo más aún por descontar.

Toda cima de un presagio, todo esbozo intencionado aun por proyectar sigue nadando en tu reposo destino; a mí no me puedes engañar. Yo fui hasta ser, y desde entonces... Todo es quizás.