RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

martes, 29 de junio de 2010

DORMIR CONTIGO

"El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien".
Milan Kundera. Novelista y ensayista checo.



Miro y callo. Ensimismado en el deleite que nos cede la proximidad al roce, suspendido en el aliento que emana de tu piel, tersa cual fina pluma de alondra.

Miro y silencio los dedos. Silencio el ardor de estos dientes hambrientos de curvas, abocados al dispendio de lenguas bruscas, sedientas de cuerpo y saliva. Y lo hago al disimulo de mi mismo, eludiendo la sugestión de tu hechizo de hembra carnal, parida de los dioses para fascinar al aire; a cada viento que te roce mientras dormitas la lascivia que nos une. Miro y tiemblo ante tu espalda, sorteando cada traba que ofuscaba mi presente para terminar feliz en ti, con los ojos dilatados para abarcar apenas los confines de esta bendita ventura.

Miro, miro el acabado de tus piernas y dichoso sonrío a la luna. Tú imperceptible respiras, sabedora en sueños del cautivo proceder de este latido que desborda los siete mares a tu paso y le vuelca los cielos manchados de azabache a un mero susurro de tu boca. Sonrío, duermes y con el corazón henchido degusto la belleza refinada de una flor en el océano de tus párpados, como paladea la penumbra tu tez infantil de gata linda hasta vestirla de luz al alba, perfecta a los ojos de la vida.

Contemplarte amor... Contemplarte en la noche es besar la fortuna de saberse único.

miércoles, 23 de junio de 2010

ROMPEOLAS

"Algunas cosas del pasado desaparecieron pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar".
Mario Benedetti (1920-2009) Escritor y poeta uruguayo.



Era tu rostro, a pesar de que todo se nos haya escapado hace tiempo. Sí, era tu rostro juvenil, lozano ante un futuro que se nos antojaba demasiado distante, desmesuradamente remoto como para acabar vistiendo de vetustas costumbres al fin, ya ves, a éste lacerante presente nuestro. Hoy te imagino gris, feliz con quien te haya sabido querer, pero gris y mayor, apenas con los carrillos aún sonrojados por el frío de los días que te volaron de la vida.

Sí, era esa estampa de playa contigo; las toallas rebozadas las que me han hecho ser así, fiel amante del pasado, taciturno ante las lunas que me vieron florecer. No sé que fue de ti, apenas sí me importas acaso hoy por hacerlo tanto entonces, pero danzas aquí adentro sin saberlo, ninguno de ambos, cada vez que cruzo la brisa en soledad. A años luz de los amigos desviados en la cuneta, casados ya con Dios y el arca del banquero... Danzas entre el frescor de la orilla y el beso salado, justo donde resbalaban mis muñecas al alzarte en el agua borrachas de bronceador. Me enredas sin quererlo por ser la primera lluvia, el silencio en la partida y el puñal en el costado. Me cabrioleas la asunción de querer hacerme hombre en la estúpida diadema que perdiste, ridícula y trivial, pero la conservo como un idiota advenedizo de pretéritos logros.

Sí, era tu pelo revuelto en los dedos del aire el que me deja hoy tan descalzo al pensarte, el que me anuda el vértigo al alma por asomarme al balcón de mi infancia, esa en la que siempre todos sonreíamos y era un verano perenne el que nos tostaba. Eran aquellos labios de aprendiz los que hoy se derrumban en una bolsa de palomitas, los que evocarán de por vida toda vida vivida; remiendos para un ayer que disfraza sus carencias mostrándose ante mis madurantes ojos tan inconmensurablemente radiante como doliente en su letanía de perfumes añejos.

Hoy... Hoy vi sólo arena en la arena que antaño hollaron tus pisadas.

sábado, 19 de junio de 2010

ÁBREME EL PECHO Y REGISTRA

"La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las hogueras".
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.


Exhausto se preguntaba, cuestionándole la desmesura en la entrega a su reseco corazón, cómo hacer para no ser ya nadie en particular.

Un nadie vacuo de miras, apenas la nada envuelta en su maltrecho pellejo; esencia volátil desvinculada del apego de contemplar siquiera futuras bocas de canela que también terminarían escupiendo el maldito te quiero de siempre. Hasta esa orilla del entendimiento interior tuvo que jugarse el encalle cuando la vio marchante a lomos del tacón, gimoteante entre naranjos, quejumbrosa en su condición de asesina de sueños; pero caminante. Como una mera diletante de aventuras de pareja, la carencia de ese compromiso propio por girar el rostro le mordió por siempre las lindezas al amor, y a ella, la inocencia por privarlo de mirarle una vez más y consolarle a pañoladas un quemazón que lo asolara de por vida. Él no la juzgaba, como los artistas que creen en dos ideas contrapuestas a la vez. Él sólo sabía quererla en la masacre... Y seguía caminando, en la estampida de recuerdos opresores que anegaban cada huella de su huida hacia el olvido, de su trono en la memoria.

Y ya nunca cuadraría el giro del mundo en su paraje sin rastro. Todos vivimos un tiempo y morimos siempre antes de lo planeado; todos somos enfermos terminales y la única incógnita a despejar es la velocidad con que morimos... Pero él acababa de hacerlo en un invierno de pestañas, en aquella mano huérfana de dedos. Y con ella, sin saberlo, marcharían también las palomas disecadas para, en estrépito, alzar al vuelo la vida.

martes, 8 de junio de 2010

PRESAGIO

"En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca".
Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español



- Ahora que los charcos no rezuman melancolía, que el otoño se marchó sin dejar rastro y todo huele a nuevo. Ahora que por fin te quiero como se debe querer pasados los preámbulos, necesitaba advertirte mi vida.

- Vaya, hoy no esperaré al embrujo del poema escrito, parece que solito revuela hacia mi oído... Cuéntame cariño.

- No, no se trata de eso, verás. Habrá algún día niña, porque siempre lo hay, al menos en mi vida, en que las conjeturas se tornarán irrevocable presente. Quiero decir, habrá un día en el que notarás que todo de pronto deja de girar. Que la calle enmudece al igual que tu vida y, en un acto reflejo, involuntario a tus desquiciadas ansias de pararlo, te alejarás de mí.

- Pero... ¿Me puedes explicar por qué demonios me sueltas ahora esta sarta de estupideces? ¿Es que acaso te he dado yo algún...?

- No, no, no... Te alejarás de mí. Sí, reina, lo harás... Por favor, escúchame. Necesito decírtelo ahora que nuestro mundo fluye en calma, porque va a llegar, por más que apriete tu mano a mi pecho, aunque le juremos nuestro amor eterno al protocolario sacerdote y luego te bese como tanto te gusta, desgastándote la soledad a punta de piropo... Llegará. Y es en ese día, cuando todo se nos rompa, en ese preciso instante en el que todo mi universo interior quede desahuciado a proyectos opacos; obligado a cesar su inconsciente e insaciable sed de amarte a todas horas; cuando sin darte siquiera cuenta te habrás marchado, y con ello, habrás desalojado del mecánico proceder de nuestros días el anzuelo que nos hizo ser. Y eso... Eso... Sería tan triste callarlo amor cuando nos barra como ignorar lo vivido.

- Pero no puedo creer...

- No, amor. Abrázame ahora. Aprovecha y bésame como lo has hecho hasta este preciso instante en que te aviso. Pero cuando todo se te quiebre ahí adentro, cuando te lata sólo por seguir viva y me mires como al resto de los hombres... Sí, cuando estalle la luna y tu paso ya no quiera aminorar el mío, recuerda este presagio. Porque nadie en este mundo podrá jamás quererte tanto como yo.

domingo, 6 de junio de 2010

CONIL

"He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mi".
Isaac Newton (1642-1727) Matemático y físico británico.


De vida corta, casa baja y renglón torcido. Así hube de amar tanto por ser grande la vida y dejarme deambularlo cuesta abajo, junto a cubos de lejía arrojados sin escrúpulos por batas rosas con rulos, absorto en la apabullante cotidianidad de un vociferio vecinal suspendido en las ventanas, cuando el pueblo era pueblo, mío; tan nostalgicamente nuestro que aun no había una sola bandera clavada en el paraíso.

Así hube de cursar mi sino para templar su arrojo, como aquello que un día fuimos, pandilleros propiedad de las aceras, defraudando corazones sin consuelo. Con la sílaba "zetada" de mi nación de pescadores, los que faenaron en altamar cuando Dios dormitaba en calma.

Nación de patio tupido en flor y aroma a fresca sardina, con resaca de besos en una cicatriz de acantilado y mil olas relamiendo mi castillito de arena. Nación bendita que pocos conocimos, de añeja arena fértil preñada de coquinas, de tez morena y plazuela encalada rebosante de chiquillos, bañada por las tascas rezumantes de tertulia y prosa de alcantarilla. Así hube de quererte vieja tierra apuñalada por el Sol, y a tu gente en su cultura de levantes y ponientes por su esencia verbenera, aquella que me encabritó las venas cual truhán de alma salada. Callejero de las coplas bajo un manto de pinares, así fui y así seré por el poso de la luna en mi memoria; con el cielo que destiñe en mis adentros cuando el faro se ilumina.

Así hube de adorar al viento que nos hizo libres, a golpe de ojos límpidos pintados de gaviotas, desmenuzando zanjas en una hijuela con sabor a vinagrillas hasta avistarle el deceso a la infancia en un revuelo de faldas.

miércoles, 2 de junio de 2010

LA ACUARELA DEL MAR

"El recuerdo es el perfume del alma".
George Sand (1804-1876) Escritora francesa.


El oficio de olvidarte en cualquier rincón de mi presente apenas sí me reporta un flirteo con la imprudencia de evocarte de cerca, mucho más cerca, justo donde aún aprieto los párpados y logro percibir tu ardua respiración.

Como coquetea esta fragilidad vestida de arrojo con el desvarío de no volver a verte, así se deslizan mis días, con la misma infinitud abismal que logran acotar apenas proyectadas estas raquíticas palabras uncidas a mi vientre. Yo, yo vine a robarte la soledad a lomos de un triste corcel y el mundo menguó de pena. Yo sólo quería ver discurrir el tiempo como cualquiera, sin sospecharme las canas, pertrechado para la edad con la flor de una zagala y el pecho a punto de asesinato. Yo sólo pedía la lluvia en Enero, un Sol lamiéndonos la arena, el fruto de tu tiempo brindando con mi copa... Pero naufragamos y arribé a las noches tapiadas a golpe de calendario, huyendo del contínuo pretérito ocre que me sacude los sueños.

Como aciaga se desangra la tierra en un campo de amapolas, así diluye esta cordura la voz de tu recuerdo, enjugando para siempre nuestra foto en la acuarela del mar.