RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

jueves, 29 de abril de 2010

AHORA

"Estoy solo y no hay nadie en el espejo".
Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

¿Y qué hago yo ahora con la nieve? Con las manos huérfanas y ciegas deambulando por la casa... ¿Cómo le rehuyo a este vacío cavernoso que se me ha clavado en el iris? Contemplando cómo una vez más se suicida el entusiasmo al esperarla en todas partes.

Cómo besarte soledad si no encuentro compañía conmigo mismo, si la hilaridad murió entre rosas y nada queda ya del todo compartido ¿No ves que apenas recuerdo siquiera ser? No hay nada más hondo que barrer del hombre su fe de sueños, como arrancarle al techo del mundo su luna de siglos, las ansias de hallar culpables para este quebranto de pavesas apiladas en el corazón alado. El vicio de la tristeza me ha partido la calma y sólo albergo estas paredes repintadas de nostalgia, apenas sí adivino un desconchón de lucidez presente cuando alguien pronuncia su nombre. Salió de mí con el destierro de mis versos, con la llama de estos ojos en una cajita sucia.

Los hombres vienen solos a este mundo y solos lo acaban por abandonar, pero fui un ángel en sus alas hasta olvidar la condena que acabaría por cumplir. La lloré fusilando sin piedad las alondras en la almohada y yo... Que vi alejarse su estela como dócil se confina el perro a la alfombra del recibidor. Yo, que por tener que nacer tardé algo más en quererla, que me ofrecía tan poeta a sus noches de luna y candil, dejé por siempre de amar a la vida... Y apareciste tú.

lunes, 26 de abril de 2010

PRINCESA DE LOS TIEMPOS

"Lo que sucede hoy acaeció otras veces. Lo que se dice, sigue diciéndose y se dirá más adelante; lo que ha de ser, ya fue un día".
Antonio Francesco Doni (1513-1574) Escritor italiano.


Aprovéchame, quizás mañana ya sea tarde y me haya ido para siempre, vida.

Mójate de mí, como la arena besó la infancia de quien osa pretenderte. Dame de beber ahora, justo ahora, un trago del viento como si del último predicador se tratase, ese que desata invisibles las pasiones de los hombres de uno a otro confín. Dame un sorbo de tu tiempo, esa inmemorial savia que te recorre las entrañas, la que torna este mundo más y más viejo mientras vuelven a llover niños que poco a poco también menguarán más y más viejos. Déjame ser duende de las llamas, el que azote las candelas pero evite su expansión al infinito; hechicero que cauto albergue el secreto ancestral de tu danza del fuego. Necesito sentirme fugaz cruce de miradas que en su milimétrica fijación haga temblar los cimientos del cielo.

Aprovéchame princesa de los tiempos, sin dioses que juzguen ni pecados que desaprovechar. El prado que hoy floreces será tan yermo mañana como baldío fue ayer su retoñal reverdecer. Nada amanece, nada envejece. Estos versos ya lamieron otros mil labios con solera antes de nacer en mí, pero en este preciso instante soy el grano señalado del vasto desierto. Porque oigo el llanto del mundo en un ramo de flores y me enamoro del soplo que es vivir, pero es imposible cantarte vida un solo acorde sonoro por inventar, pues toda sutil melodía fue ya una vez parida tiempo atrás. Todo en ti germina tan remotamente... En senderos que hoy asfaltados fueron pasto de carruajes o en añejos corazónes que antaño como yo sedujeron a esta misma luna. Pero soy yo ahora quien los late, quien te los regala, quien te los ofrece con el ímpetu de las raíces del desierto, con el alma carcomida por las ansias de desnudar del pasado esa esencia de perpetuidad que te engalana.

La existencia no es más que el motivo de ser feliz, búscame en la razón de enamorarte sin pretextos, en el peligro de perdurar hasta mañana sin morir en el intento. Cada poema ya estaba escrito en el aire y viaja de nube en nube resbalando hasta una boca que lo quiera cobijar de nuevo, es sólo eso, el poeta y su obligación de volver a serlo. Yo sólo me obligo a mimar la eternidad del sentimiento sin contar mis años de vida; sólo la vida de los años.

martes, 20 de abril de 2010

DESPUES DE TI

"El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre".
William Blake (1757-1827) Poeta y pintor inglés.


Hoy te he visto y creo que ya no duele. No duele o al menos daña tu figura de un modo distinto, más pausado, como arañan las cartas desenterradas por descuido del cajón... Pero creo amor que ya no dueles.

Y quizá te quiera ahora más incluso que antes, por este querer recién nacido del cariño profesado, el que acuna tu bagaje a mi presente. Pero ya no mata la gloria de tu talle, apenas sí me seguirá encantando de por vida, como adoro la textura de un nube. Y decir esto es demasiado, una vaga certeza navegando un mar de dudas en su cáscara de nuez, pero al menos es algo y ese algo, demasiado más que nada. Un primer paso dubitativo, mentirosamente piadoso para conmigo mismo... Te vi doblar la esquina en un sueño cavernoso, hondo, anestésico y, con el alma en vena, me refugié en mi falsa seguridad para gritarte desde mi trinchera esta vacua afrenta al eterno vaivén de mi vida, ese en el que se funden los paseos de domingo con lirios de despedida.

Lo supe cuando en brazos de Morfeo rió tu boca de almíbar bajo el cielo de la luna, y la llaga tardó en doler más de la cuenta. Lo advertí en calma al ver posarse golondrinas a mi lado. Trinaban sobre cestillos de esparto y cipreses que han seguido creciendo en nuestra ausencia, sobre la ropa recién tendida. Rezumaban ese olor a ladera caminada, a plata de anillo y astillas en el corazón podrido de horas prorrogadas... Pero sus alas ya no eran nuestras. Lo adiviné en la caricia del aire, cuando te mesó el cabello y no te corrí esta vez impetuoso al rescate.

Cuando acurrucado entre nenúfares sorprendí al barquero cobrando a la niña bonita, apagué torpemente el cigarro y me perdí en estos versos, sosegado, vacío de prejuicios e indolente ante la negligencia de habernos dado al abandono.

jueves, 15 de abril de 2010

OJOS PARA ELLA


"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".
Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.




Sólo tengo ojos para ella, por eso arribó ya en Abril todo un verano a mi puerto, las flores a su estallido de color y su perfume a cada hora de ausencia envenenada, doliéndose mi entereza feliz de saberse un verso en llamas para su oído. Por eso ya nada es en vano, todo cuadra y se desprende de un por qué. Por fin la libertad apetecible del vínculo inherente, el que amarra el planeta a la luna para mecer juntos el vals del oleaje; tan intangible como plácido duerme ahora el cariño en la punta de mis dedos. Y los bares se desolan de soledades encontradas, y los peces ya no anhelan mudarse de pecera, y esta almohada ya no alberga más puntos suspensivos...

Yo también dulce le susurro nanas a una estrella. Por eso tuve que venir a ella, para sanar de amor. Para bordar nuevos pañuelos y limpiar de polvo el rincón de la rutina, hastiado de esa impersonalidad caduca, borracha de nubes de paso. Porque al fin sonríe en mí ese yo tan audaz; el que ahora me detiene sobrecogido a contemplar un ramo de petunias nacidas tras la escarcha. Porque me nacen de nuevo canciones en la cabeza y no he parado de soñarla desde el primer beso, yo sólo tengo ojos para ella. Y por eso lo escribo, y por eso lo canto. Y por eso la aguardo a todas horas en cualquier confín del universo, anhelando su mirada para verme crecer por dentro, como zagal de última fila en un cine de verano. Fresco en el batir de los mares por surcar, ufano ante el destino que tenga que llegar; el que ya no importa porque se ha desvanecido su poder de convicción.

Yo sólo tengo ojos para ella y su andar tierno de tacones ingenuos, por eso ya no remiendo los labios del amor venidero; en sus suaves manos juego a despistarlos. Y escribo a todas horas, y se me atraganta el sueño; y me desvivo por vivir como en la vida había vivido. Por eso sonrío tanto y me parece algo mejor la vida, y me descubro sin lograr mirarme olvidando su reflejo. Y vuelvo a perfilarme la barba, y me preocupo fascinado por el color de las cortinas, y el de tantas sábanas heridas... Una epidemia de besos anda barriendo los parques y yo, sólo tengo ojos para ella.

lunes, 12 de abril de 2010

LA SOMBRA DEL AMANTE

"No existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados".
Achile Tournier (1847-1906) Escritor francés


¿Y de qué nos valdría ser amantes reconocidos? Lo nuestro es mucho más que nacer o morir como hace el resto del mundo. Observa el fulgor de aquella estrella ¿Dirías que murió hace milenios? Pues sí, murió pero... ¿Qué más da, si aún nos ensancha el alma su resplandor?

¿Reconocidos? ¿Y por quién? ¿Y para quién...? Los amantes sólo son amantes de si mismos ¿Acaso el mundo tiene algo que objetarle a la infinidad del verbo amar? Verás. Yo no quiero un amor políticamente correcto, estipulado por pactos o acuerdos globales en base a lo que otros hayan convenido sentir en sus insulsos corazones ¿sabes? Sí, bueno... Espero no mostrarme demasiado torpe. Quiero decir, uno de esos etiquetado, acotado a que asienta complacido nuestro entorno al vernos pasear por primera vez de la mano. Niña, yo sólo puedo decirte que disfruté ensimismado con la gravedad de tu voz, ese aplomo ficticio delatado por tu compulsiva danza de cigarros; las pupilas que rehuían confrontarnos las miradas... Me enamoré de tu don, esa sabiduría inerme que te otorga el peso almidonado de los años que nunca alcanzaste a vivir, siquiera a cumplir vagamente. El arañazo de días gastados a la espera de todo, al cobijo de nada; con el miedo a la resta de días que inexorable y feroz galopa hacia ti.

Adoro creer en el valor de tus palabras al soltarse de tu boca por primera vez, como retoños recién arribados a este descorazonador mundo de competencias y sortilegios. Podría incluso llegar a quererte por tu condición de hechicera, por el hecho de olvidar tu cuerpo y no desear más que palabras con el mismo anhelo pasional que del sudor compartido se desprende.

Créeme, quisiera acunarlas en mí. De hecho ya lo hice al divisar tu primer paraje de ensueño, allí donde me invitaste a escapar de mi condición de mero peatón para tornarme prestidigitador de bellos versos; razonablemente dolientes... Pero el exotismo se me torna herida al volver a casa y encontrarla allí arropada, en silencio; con mis prendas recién colgadas y los sueños dormitando, alejados del sutil engaño que nuestros labios anhelarán por siempre consumar. Y no se le acerca siquiera a la pena este sentir que se me prende ahora a la garganta, lo confieso desnudo de halagos... Lo más grande de esta vida es mirarla feliz porque te siente enteramente suyo, plenamente imprescindible y necesario. Con su cepillo de dientes abrazado al mío y el defecto más bello mordiéndole la silueta. Al misterio de su boca de pétalos codiciando mi persona le sobra con ese yo que nadie más alcanzará nunca a querer.

viernes, 9 de abril de 2010

TRES CORAZONES

"La intención de no engañar nunca, nos expone a ser engañados muchas veces".
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.


Tal vez incluso llegue a conocerme algún día ¿Imaginas? Ese día me desnudaría no sólo la coraza de cuero que ahora desvisto retraido ante ti, sino la afrenta de adivinarte unicamente en el reflejo del agua; ese en el que por fin me revelas mi cara más oculta. Hasta tan denigrante precipicio ha arribado tu velero de lágrimas negras, silencioso en su deslizar de aguas revueltas para atracar por fin pernicioso aquí, justo a la derecha de mi coherencia grata para envenenarme hasta los suspiros que del alma broten. Sin embargo, no podré esconderme toda una vida de mí porque la vereda lejos de ensanchar al galope de años, va ciñendo su recodo con aprecio a uno mismo, con carencias y virtudes al unísono, huyendo del matiz del voto ajeno.

No eres más, querido yo, que mi juguete roto, vacío e incoherente. El que malvive rebosante de miedo y me abandona de nuevo dejándome tan sucios los rincones del alma... Al amparo de nada, no hay mayor espanto que el saberse obligatoriamente vivo. Sólo das la cara ante el espejo, maldito lobo cobarde a la caza del aire, y te mueres iracundo por mostrarme esos colmillos que te relamió mi luna, la misma ramera que luego me revuela de versos la pluma al atardecer del nuevo día.

Tal vez... Tal vez las aceras se me llenen de recuerdos a tu paso y los portales de aquellos besos tiernos dados a precio de nada. Pero ahí, agazapado tras un reflejo, eres un mero vencedor vencido. No depondrán mi trono tus tempestades de nostalgia por más fotos grises que desempolves, ni tu obsesión por derrocarme fuera de mí a golpes de llanto, de un modo tan ruín, como cobarde es ahondar en la llaga de un recuerdo enterrado, como a la noche le grito cuán ciego y oscuro me tornaste el universo; sólo camina el hombre en su huida del hambre...

Tal vez la juventud caduca me robe de nuevo el presente en tus labios, con tu perfume inmortal de tacones y sábanas en llamas; de cuerpos en los que volver a florecer para hallar el pasado que jamás alcancé... Pero nadie sobrevive con tres corazones querido enemigo; demasiados latidos para tan vaga certeza.

domingo, 4 de abril de 2010

ME FUI

"No tenía miedo a las dificultades, lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros..."
Paulo Coelho. Escritor brasileño.



Nunca debió nacer esta carta ni tu pupila morir en su cuna, pero hoy te abandoné porque eras tan perfecta que necesitaba hacerte olvidar quererme.

Marché lejos mientras doblabas mi ropa. Me fuí para palpar de nuevo celos acurrucados en el baúl de la memoria. Para fusilar la demagogia que escondía el amarnos tan bien, esa orden de adorarnos, la simetría tan exacta de tus huellas en la arena... Necesitaba desempolvar de excelencia mi desánimo, sentirme huérfano de besos una noche para ver escapar la vida de nuevo; para temer este aplomo por fin en el guiño de cualquiera. Precisaba tu enojo de manos inquietas al hablarte de otra, que me obligases a huir de mi en cualquiera de mis torpes manías; ya no me mirabas cuando no te miraba, y no dejaste elección a mi partida. Me urgió dolerme un poco para ver si realmente soñaba. Uno es siempre tan imbécil...

Sólo quería unas manos torpes que se acobardasen al llegar a mi ombligo, unos dedos que tímidos enjaulasen de nuevo los pájaros de mi cabeza. Quería que rieses porque te estallara la boca, no la sonrisa poblada de nácar. No quería tu cintura de cielo, ni ese verso tan certero, ni el perfume próspero de un futuro concertado tan sujeto al presente, tan protocolariamente estipulado.

Jamás lo entenderás, no podría pretenderlo. Es algo que nace dentro y aprieta aquí, justo bajo el corazón. Tenía que volver a peligrar ante el fracaso querida; perder a la mujer de mi vida de este modo tan despiadadamente egoísta... Vine al mundo a serme fiel, fue un pacto de principios y hoy obvié la pena. Ódiame por siempre, pero el latido lo necesitaba amplio, vertiginósamente vivaz, tan descorazonadoramente verdadero que arrasó con tu mitad.

Quería ver girar el mundo desde mi balcón, sentirme solo ante el mañana en mi cabaña de escombros, desnudo ante la brutal embestida del tiempo. Tuve todo y me pudo la tentación de perderlo sin motivo alguno. Lo vi aquella mañana en una bandada de gaviotas amor, y se suicidó la duda.