RÁFAGA DIURNA

"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única".

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

martes, 30 de marzo de 2010

LA EDAD DEL CORAZÓN

"La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven".
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.


Yo por este entonces ya ves, aún sigo vivo de milagro, a pesar de los mil años ajados a mi frente ¿Y cómo demonios iba pues a cortejarte? Amarte es empeño de jóvenes altivos; campaña para esos azarosos engreídos que empeñan su vida agasajando a la diosa juventud. Ella y sus piernas de antílope dorado sesgarán pronto de cuajo éste parsimonioso andar mío, y su deambulante paseo final por la cola de la vida la sumirá por fin, como a tantos otros, en el olvido más denso y desolador.

Necesito tus ojos para comprobar certero que aún les caben los míos, en el reposo que nos ofreciera el ámbar de un semáforo, apenas en la fracción de tu saludo; no más crúzame la acera para anudarme al menos por ese instante a tu brazo. Déjame paladearte el desvanecer de aire fresco en la hoguera de los años, en la quema de momentos ingrávidos; aquellos en que todo era por algo y tan absurdo, tan estúpido cavilar... Aquellos en que muerte no sonaba ni a horizonte, ni contaba otro día, ni llegaste a este mundo a esperar que te hallara. Ya ves, se me ha ido la vida planeando vivirla, en un ratito aquí, con mis veinte años arrugados entre esparto y aguaderas.

Cásate conmigo amor. Lo maravilloso de ser viejo es que por más que ahora te empeñases, no podrías serlo. Mi bastón sabe tanto del mundo que te queda por caminar como de estrellas la luna ¿No es asombroso llegar a este puerto queriendo querer tanto? Ya adolecen de vigor mis brazos, la voz se me timbró otoñal con cada navidad y la lengua estalla a veces en rebeldía cuando el corazón me grita que te adore un poco menos; pero cada día te seguiré aguardando en el parque querida, en mi banco quejumbroso y harapiento de astillas, a la espera de que me abanique el día una sóla de tus pestañas ¿Cómo va uno a morirse dejando un propósito tan firme en el aire?

Podrás amarme o no, pero nunca me llevarán a un depósito de ancianos como castigo por haberme dejado envejecer.

viernes, 26 de marzo de 2010

LENGUAS DE BARRO

"Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero".
Marco Tulio Cicerón (106-43 AC) Escritor, orador y político romano.




Aún recuerdo los cuerpos vacíos de sobras. Ingrávidos, extenuados, celestiales tras el fragor de la guerra de pieles. Con el aliento a la deriva el cansancio se nos tornaba desplome bajo sábanas de olas. Y tú me acariciábas el pelo con el mimo de las petunias, y el alma pausada, confortablemente limpia, abría de par en par los balcones del universo. Y nos abandonábamos al sueño reparador de los bebés tras los arañazos salvajes, acomodando tu vida a la mía en el abrazo de las noches de invierno, descalzos, arropados hasta la boca. Con el deseo agazapado tras los dientes, a sabiendas del voraz despertar que nos heredaría la luna.

Como volara el amor dentro de tu pequeño vestido, por poblar de siglos la memoria de cielos coronados, así desgarro mis mañanas quejumbroso, abotargado del hastío insolente que me escupe tu ausencia. Como te cazara con las manos sorprendidas, los gestos precavidos y el amor desnudándonos los días, así me abro el pecho en busca de tu latido, cada vez menos distante y difuso, acompasando la prudente urgencia de olvidarte.

Cuerpos de saliva que desatara el recuerdo a esta raída soledad. Boca fértil la tuya, que al pasado arrebatara su pasada dicha eterna; desterrándolo entre lunares y salitre a la periferia del presente más vivaz. Lenguas de barro que volaran de nuevo a lomos del viento, con el capricho animal desenfrenándote la nuca; restallándome a mordiscos el ansia de pecarte la inocencia.

domingo, 21 de marzo de 2010

NIÑA DEL AIRE

"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso... ¡Qué soledad errante hasta tu compañía!"
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.



Hoy quiero mesarte esa sonrisa niña del aire. Rescatarte del mundanal ruido anclándote a mi pecho y rodar como animales por la escalera, ahora que el ojo de mi huracán le ha guiñado a tu sonrojado barquito de papel. Hoy quiero ofrecerle al universo tu huella de juventud embelesada, la altiva talla de tu alma, esa que perfumó de locura anoche mi almohada. Y quiero avistar el cielo recien pintado de otra mañana en tu regazo, ese suave edredón de nube nacarada que te envuelve los latidos. Y quiero llevarte presuroso a mi playa calma, a la harina que lame su orilla, como sólo un hijo ansía mostrar las sencillas proezas, titánicas en labios de su fantasía. Y quiero anudarte a los vientos para que azoten el henchir de tu pareo y desmelenen tu blanca blusa con la furia de los siete mares, aquellos que me acunaron el crecer.

Hoy quiero deslizarme a tu sendero y olvidar al olvido en cualquier estrella fugaz que nos sobrevuele. Y desbordarle de cariño al universo el amor por las pequeñas cosas, con la sutil perfección armónica de un piano; llorar cada lágrima encajada en tu pupila con el dolor que te duela. Despedir a mi mismo dueño para sentirte plenamente fresca y danzarina en alas de mi voz, para abandonarnos río abajo a su corriente con el equipaje rebosando miedo a nada; para desprenderme de las miguitas de quicio que me impide albergar tu boca de besos. Hoy quiero temblarle a tu llegada, como el chiquillo que me renace dentro al amanecer de enero, con las manos ansiosas de deseo y el corazón encabritado; con la noche volcada, su luna derrapándote la espalda y el eco de otra vida en gritos de ésta ya gastada.

Y, al mirarnos dentro, pediré que te abandones al horizonte, allá donde bergantines libraron mil batallas y corsarios lloraron botines arrojados a las babas del mar. Porque a esa cuna de las estrellas lancé antaño mi botella y hoy, sin saberlo, susurraste a mi oído su mensaje.

miércoles, 17 de marzo de 2010

CUANDO VUELVE EL AMOR

"A fuerza de hablar de amor, uno llega a enamorarse. Nada tan fácil. Esta es la pasión más natural del hombre".
Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.


¡Rápido, huyamos hacia el pasado presente que apacible descontaba días, que robaba labios caprichosos; que coleccionaba corazones de alquiler! ¡A prisa, se desboca la mente, zozobra la confortable rutina de ver pasar la vida en los ojos del mundo! ¡Vamos! ¡A las trincheras! ¡Se avecina el amor en estampida...!

Se le agotan los plazos de espera eterna a mis amantes aún encadenadas, respiran por fin sus hombres en casa. Tanto tiempo a oscuras, tanta ensoñación; tanto vaticinio tornado equívoco y aún no lo atisbo, pero lo sé. Lo sé porque anoche me tembló el pecho, porque me asoman los dientes en el espejo; porque Abril ya ni siquiera me asusta. El alma errante no se engalana, pero se ve guapa de nuevo y los parques se le llenan con los mismos niños que estaban, pero no veía. Sé que de golpe va a llegar galopando frenética la ola engulléndome la vida, destrozándome las penas, ahogándome las dudas que hasta ayer me atormentaban... Y no sé cómo pararla. De pronto, esta mañana no quería más lienzos que pintar, me sobraban los colores que se derraman y huelen a jazmín. Y noté ese amor, noté que se impregnó el aire a sabiendas de la eterna duda que alberga la certeza absoluta, pero ya no comparé porque me latió un bolero y quise por fin cantárselo a mi oído.

¿Sabe uno cuándo vuelve el amor? ¿Viene de golpe el aleteo de mariposas? ¿Y acaso importa...? Sálvese quien pueda. Nadie lo escucha, nada lo intuye, pero yo oteo en el horizonte el ensordecedor avanzar del cosmos hacia mi cuarto. Sé que llegará devorándome el ocre repaso de cartas marchitas, el perenne plomizo cielo de mi ventana. Ya no temo equivocarme porque no está en mí. No soy yo, es mi boca la que muerde felicidad y mis manos las que no paran ya quietas... Sé que llega, sé que estoy perdido porque cada vez la olvido menos... Y la olvido más.

domingo, 14 de marzo de 2010

SOÑAR EN VOZ ALTA

"Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista".
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.



Por soñar, una mañana soñé limpiar de polvo los rincones de la memoria, aquellos en que acumulaba peceras vacías y domadores de fieras aladas. Soñar es la obligación del ser humano. Escapar más allá del firmamento que nos cubre para oler los melocotones maduros, las virutas que murieron de pena en el pupitre.

Por soñar, yo avisté Alejandría desde el balcón de mi cuarto, vi en el talle de aquel cuerpo el vértigo de asomarme al universo y contemplé soberbio Minneapolis en este simple hormiguero. Yo vi la sonrisa de la vida balanceada en un columpio rojo, arder amantes en la quema de pecados y llorar a la luna en mi barquita de madera. Yo vi campanas en un mero rumor de cascabeles, la muerte en un abrazo vacío y a mis ojos, no les quedó más remedio que derramarse hasta las manos para contar en arañazos de tinta todo cuanto callaba el mundo.

Y así, soñando soñar me hice novio del poema; del paraje al que arriban sus alas las aves de paso. Y crecí de la mano del hermano mayor que nunca tuve, ese que en su Locura Ordinaria tejió prologando con mesura los patucos de mi niño, éste que tras los benditos malditos dolores del parto acaba por fin de llegar al mundo de los mortales, con la única ambición de posarse en ojos amigos. Ojos que lo mimen, que valoren el empeño de latir en las pupilas; que besen y expriman de la melaza a la taciturna tristeza las hojas de su corteza y ramaje.

Por soñar, esta mañana no sólo soñé desempolvar el retrato de la memoria... Cumplí mi sueño.

miércoles, 10 de marzo de 2010

EL ENIGMA DE TU BOCA

"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió"
Joaquín Sabina. Maestro de maestros

Salta a tiempo, no huyas hoy de mí por dios, al menos no en este mero instante en que te pienso... Comparte corazón y aliento aunque ya ni lo merezca, aunque ya ames con locura y no recuerdes ni mi nombre. Auxíliame del recuerdo juvenil, ese que mata. Sálvame por este segundo en que atravieso fugaz la estela del reloj que un día hizo del pasado pasado. Ríe de nuevo conmigo a pesar de reprobártelo, tiembla en mi hombro mientras maldices serme grata; pero deja que me siente un segundo a tu lado en nuestra escalera; aquel sucio confín donde la noche invernal tornamos primavera.

Vuela, vuela hasta mí en este momento cobarde en que te he vuelto a echar de menos. Ven deprisa y sin remedio, desde cualquier lugar en el mundo en que te halles. Quema tu trabajo, déjate enmarañado el pelo y ven aprisa porque el velero es melancólico pero no entiende de zozobras; mantiene firme la vela a pesar del odio compartido amor. Sí, nunca supe mentirte, mato las horas sin recordarte siquiera. Beso templanzas en ojos de mujer, acumulo semanas enteras en brazos de cualquiera sí, pero lloro cuando veo enamorarse al nuevo mundo en los parques. Lloro en silencio, en cualquier iris almendrado de mejillas sonrojadas. Lloro en las pupilas del muchacho que aun llevo dentro, con la estupidez macabra de añorar todo cuanto jamás sucedió entre nosotros. Y pienso en tí como lo llevo haciendo esta media vida sin que tú siquiera lo intuyas, a la espera de olvidarte para siempre jamás; y cuando lo hago, se me hace tan vieja la casa... Vamos, hazlo por mí, por un detalle que antaño valorases de mi alma de caramelo, por la inocencia de aquel beso de zagales; por lo que más quieras. Salta.

Necesito olvidarte tanto que me asusta pensar pensarte hasta el otoño de mi vida. Me urge descifrar el enigma de tu boca; ese de labios comunes y lengua ordinaria. Si al menos fuese una boca de ángel hace tiempo que hubiese vislumbrado un retiro para este latido, pero fue lo corriente de tus pómulos, tu nariz de cualquiera... Esa sonrisa tan universal la que me desconcertó para siempre por vivir condenado a encontrarla en todas partes, y en ninguna.

lunes, 8 de marzo de 2010

LA VOZ DEL DESIERTO

"La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez".
Winston Churchill (1874-1965) Político británico.




El pequeño Iyad supo aquella tarde que hay rincones del universo a los que nunca vienen a morir los años. Su abuela Keira por fortuna fue una grata excepción, estaba muriendo bien, rodeada de los suyos, con el único modo de paz posible, la que mandaba en velero hacia las aguas del Bahr Al Mil ese longevo sueño en su Karbala natal; la paz consigo misma. Por suerte, se abandonó a la inconsciencia justo a tiempo para que sus pupilas no alcanzaran a ver saltar por los aires la casa de su infancia.

Su tío Hassan, aquel cincuentón parado, le hizo jurar aquel año que lucharía por la libertad y la democracia en su tierra, la última frontera hacia la hipócrita cordura entre hermanos de piel y sangre. Un mes antes de las ansiadas elecciones apenas ardieron los rastrojos de su débil corazón y el pequeño Iyad contempló en primera persona cómo desde el borde de la cama se le iba el único anclaje que aun lo sujetaba a la vida. Su pobre tío no supo morir. Llevaba una semana muriendo mal de neumonía, como un perro. Tantos años pisando las calles sin saber si regresaría a casa, y a última hora no supo fallecer del modo ejemplar que siempre soñó mostrarle a su sobrino. Murió entre lágrimas, desquiciado y malherido de pena. El aroma de la pálida inundó cada recoveco de la estancia y a la mañana siguiente sonaron de nuevo las sirenas en Bagdad.

Aquella tarde murió elegante, despacio, tan sutil que apenas pudo Iyad percatarse del manto de luciérnagas que en cuestión de minutos lo cubríó por completo. Le inundó el recuerdo de antaño, el de siempre, sus padres y aquel mercado. El suelo poblado de cáscaras, astillas y un diario con la guerra preventiva en llamas. Aquella tarde anunciaron un 62% de participación, esta vez los suníes obviaron el boicot para sumergirse en los comicios, y comentaban las ondas que el terror había sido por fin vencido. Pero Iyad ya había aprendido a huir de las falacias, la libertad nunca se posaría en su barrio y esta vez, no tembló al cruzar frente al convoy.

Al pequeño Iyad nunca le preocupó la muerte, porque cuando estuviera, él ya no estaría. Aprendió a vivir atado, zozobrando entre la arena pero por fortuna, cayó feliz de cumplir su promesa a Hassan; el suicidio siempre fue una muerte libre.

jueves, 4 de marzo de 2010

A LA MEDIA LUZ

Y no eres sólo la paz de tu alcoba, las zapatillas dormidas bajo el edredón; una factura friccionando la puerta... No eres tú la tristeza pendiendo del techo, porque sólo has aprendido a convivir con los miedos que te azotan en la cama. Cada cierto tiempo te convences de volver a sentirte dichosa por tenerle a tu lado, tan varonil en su condición de hombre de tu casa, con todos los buenos recuerdos que te has obligado a etiquetar como imborrables. Quién sabe, incluso hubo mañanas de ramos de flores, algún beso disfrazado de ternura en navidad, caricias en la ducha y el hombro que aquella tarde cobijándote la lluvia logró poner a prueba tu cordura; pero el reloj no deja de marcar las horas querida. Cada minuto siempre te ha durado sesenta segundos y es tan triste, tú lo sabes. Con lágrimas en el estómago vuelves a perderte agachándole la cabeza a un corazón marchito de latir. Llevas queriendo que vuelen media vida y sin embargo, ahí siguen los malditos segundos al compás de siempre, el del inconformismo perpetuo. No lo niegues, palpas la urgencia de gritar desde tu ventana y debes hacer algo antes de que llegue el día en que te asesine el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.

Y claro que lo quieres. Es inocente por no hablar tu mismo idioma, culpable de los malos humores pasajeros sí, pero esos se diluyen, ya lo sabes. Él es bueno, no tiene la culpa de mirar la noche sin reparar en las estrellas. Él no vendrá nunca a invitarte al silencio de oírte respirar, pero no puedes culparlo de nada, lo quieres a tu modo, o más bien, eso quieres creer. Y lo quieres creer, porque necesitas creerlo; porque la maleta rebosa de años cumplidos de la mano y sería una estupidez buscar la felicidad en otros mundos.

Antaño fuiste joven, ya no sirves para eso ¿O acaso sí? Sí, eso es lo peor… Saberlo con la más absoluta certeza es terriblemente desolador. Plantearte la pregunta es disecar la mariposa que os quedaba. Cerciorarte de que no es este el querer que llevas pretendiendo toda una maldita vida es admitir el aprobado raso ¿Para qué vivir entonces sino para jugarse el suspenso a cambio de una matrícula de honor?, ¿Acaso hay dignidad en contemplar la vida sin el ansia de devorarla? Tú no necesitas querer, tú necesitas palpar que adoras. Necesitas olvidar que admites en la madrugada llorar si el amor te faltara tan sólo un minuto; y te remuerdes cada palmo de piel buscando a tientas la salida. Pero no hay más, la salida no se busca, está ahí, frente a ti, esperando que la cruces para que la luz te ciegue de nuevo. Para abanicarte de nuevo con los peligros del mundo, con sus brutales caídas y sus trepidantes recompensas. No naciste para cambiar el mando de lugar y acicalarte en nochevieja.

La cobardía es el disfraz de la mentira y para vivir una mentira, sólo hace falta creerla.

lunes, 1 de marzo de 2010

VIVIR CONMIGO

"La poesía se escribe cuando ella quiere".
José Hierro (1922-2002) Poeta español.


Dios descuidó quitarnos la codicia de las manos y trepamos hasta el cielo para sentir la tristeza de tenerlo todo.

Por descuidar ofrecerme la voz del mundo, ya no pude dejar de oírla en todas partes. Olvidó demoler las estaciones, las cartas que lloran en los cajones; descarrilar aquel tren que antaño trajo la paz a mi vida. Olvidó llenarme la cartera para recordar que fui el pobre más feliz del reino, descolgar del cielo la luna para abandonar a tientas la esperanza de recuperar cada beso perdido en el camino. Olvidó enseñarme a vivir conmigo.

Olvidó olvidarme la infancia para siempre tener presente echarla de menos. Por descuidar imponerme un casamiento o mil amores que fugaces me encanasen los cabellos del alma, muero y nazco cada día al discernir en la contienda. Descuidó esquivarme la belleza más perecedera, atrapar al vuelo las maravillas que cada día despliega en estruendo la vida. Descuidó hacerme esperar siempre algo de todo para sufrir sólo justo lo necesario. No me hizo más opaco al dolor ajeno, más extraño al universo de las pequeñas cosas, menos soñador para lograr pasar sin dejar huella… Olvidó colgar mi antiguo retrato del espejo, desanudarme el pasado del presente y el presente del futuro para por una vez poder pisar en firme. Descuidó cubrirme de ignorancia para no temer al paso de los años y anestesiar al que hilvana mis letras para hacerle parir versos mundanos.

Sin embargo, susurrando, me hizo aprovechar la danza del viento para oír a las nubes y la raíz de aquel árbol para anclarme a la vida. Hoy también desgarraré el corazón de varas de mi paraguas para bailar bajo la lluvia, porque por suerte, seguimos jugando.